La apertura del Catecismo de Heidelberg (1563) hace una de las afirmaciones de fe más resonantes de toda la historia cristiana: 

P: ¿Cuál es tu único consuelo tanto en la vida como en la muerte? 

R: Que yo, con cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte, no me pertenezco a mí mismo, sino oa mi fiel Salvador Jesucristo. 

El Catecismo de Heidelberg fue el producto de un equipo de autores comisionados por el elector alemán Federico III, un devoto príncipe protestante durante las primeras décadas de la Reforma alemana. El jefe de los autores del catecismo fue el profesor de la Universidad de Heidelberg, Zacharius Ursinus. 

Humilde reformador 

Ursinus fue un estudiante de Philip Melanchthon, quien fue uno de los principales discípulos del gran reformador alemán Martín Lutero. Lutero había muerto en 1546. En su juventud, en la década de 1550, Ursinus viajó a través de muchas de las principales capitales de la Reforma Europea, conociendo a Juan Calvino en Ginebra, entre otros importantes líderes reformados. 

Durante esta época, los reformadores alemanes estaban profundamente divididos sobre cuestiones teológicas como la naturaleza exacta de la Cena del Señor. Cuando el humilde Ursinus fue llamado a ser profesor en Heidelberg en 1561, declaró, “¡Oh, que pudiera permanecer oculto en un rincón!” Pero Dios estaba llamando a Ursinus a Heidelberg para ayudar a asegurar el legado de la Reforma. 

El Consolador de Heidelberg 

El Catecismo de Heidelberg fue publicado anónimamente, pero la mayoría de los expertos hoy en día le dan crédito a Ursinus por haber tomado un papel protagónico en su redacción. Su énfasis en la doctrina calvinista lo convirtió en uno de los catecismos más ampliamente influyentes de la era de la Reforma. 

El Catecismo de Heidelberg fue rápidamente traducido a otros idiomas, incluyendo el inglés en 1572. Sería superado en notoriedad en el mundo de habla inglesa sólo por la Confesión de Fe de Westminster, producida en Inglaterra durante el siguiente siglo. Una de las razones por las que el Catecismo de Heidelberg tuvo tanto éxito es que usaba un lenguaje unificador sobre temas discutidos, como los relacionados con la Cena del Señor. Ursinus no deseaba exacerbar aún más las divisiones entre los Protestantes. 

Sin embargo, como corresponde a las convicciones calvinistas de Ursinus, el catecismo pinta un cuadro sombrío del estado de la humanidad fuera de Cristo. En la pregunta y respuesta (P&R) 5 del catecismo, Ursinus nos dice (basado en una gran cantidad de referencias bíblicas de apoyo) que estamos “inclinados por naturaleza” a odiar a Dios y a nuestro prójimo. La P&R 8 pregunta si somos “tan corruptos que somos totalmente incapaces de hacer ningún bien”. Ursinus responde que sí, que somos tan corruptos, “a menos que seamos regenerados por el Espíritu de Dios”. 

Por el contrario, una vida redimida por Dios es una vida de santidad, satisfacción y alegría indecible en la eternidad. El consuelo contenido en la primera pregunta viene de la comprensión de la gran profundidad de nuestro pecado, el gran rescate que Cristo trae de la “miseria” y la ira que enfrentamos a causa de ese pecado, y la gran gratitud a Dios que trae el conocimiento de nuestra liberación. Ursinus explica que nuestra “nueva naturaleza” en Cristo es alegrarse de todo corazón en Dios por Cristo, y desear vivir conforme a la voluntad de Dios, así como ejercitarse en toda buena obra”. La alegría de nuestra redención, para Ursinus, es el fundamento de la vida santa. 

Legado de gozo 

A pesar de los esfuerzos de Ursinus por unificar las facciones protestantes en pugna, el sucesor de Federico III lo destituyó a él y a otros profesores calvinistas de la facultad de Heidelberg en la década de 1570. Ursinus encontró trabajo en una academia reformada no lejos de Heidelberg. Murió en 1583, a la edad de 48 años. 

A través del Catecismo de Heidelberg, y a través de las extensas disertaciones que publicó defendiendo la teología detrás del catecismo, Ursinus dejó un rico legado de instrucción bíblica para las futuras generaciones de creyentes. Las enseñanzas de Ursinus todavía inspiran mucha alegría hoy en día, no sólo por el gran trabajo que Dios hizo a través de él y toda la multitud de reformadores.