Nota editorial: Este artículo pertenece a una serie titulada Proyecto Reforma, 31 publicaciones de personajes que fueron instrumentos de Dios durante la Reforma Protestante. Puedes leer todos los artículos aquí


“¿Cómo es Dios? ¿A quién debemos seguir?” Mucha gente tuvo que haberse hecho estas preguntas durante los turbulentos tiempos que ahora celebramos como la Reforma Protestante. Reformadores, contrarreformadores, humanistas y anabaptistas discutieron (y a veces lucharon) para definir nuestra comprensión de Dios y de su evangelio. Nada podría tener mayor importancia. 

Muchas de las personas que lucharon juntas (o en contra de sí mismas) durante la Reforma Protestante son muy conocidas en el siglo XXI. Sin embargo, el trabajo que Dios hizo a través de la Reforma incluyó un grupo de cientos, e incluso miles, desconocidos para muchos de nosotros el día de hoy. Entre este grupo, se encuentra Wolfgang Capito (1478-1541), un reformador que deseaba más de Dios y predicaba el evangelio mientras promovía la paz. Por esa razón, tenía problemas constantemente con sus amigos reformadores. 

Inicios humanistas

Wolfgang Capito nació en Francia en 1478. Hans, el padre de Wolfgang, era un herrero pobre y austero que valoraba la educación y envió a su hijo a una escuela de latín y luego a estudiar medicina. Cuando Hans murió en 1500, sus últimas palabras fueron una orden que advertía a Wolfgang a no convertirse en sacerdote precipitadamente. 

Precipitadamente o no, Capito se estaba encaminando hacia esa dirección. Habiendo abandonando la medicina, estudió teología. Específicamente, se formó como humanista cristiano, convirtiéndose en un estudiante y un amigo cercano de Erasmo. Como humanista, amaba los textos e idiomas de la Biblia, deseaba la reforma del cristianismo (particularmente la moral de sus líderes y sacerdotes), y anhelaba la paz. Pronto fue ordenado para el servicio en la Iglesia Católica. 

Capito fue enviado a Basilea en 1515. Allí, en la catedral de esta ciudad, fue lentamente expulsado tanto del catolicismo y del mero humanismo hacia la Reforma. Mientras estaba en Basilea se hizo amigo de Zuinglio y fue corresponsal de Lutero. Durante este tiempo, la teología de Lutero lo confundió. Al principio, le rogó a Lutero que fuera menos ofensivo, especialmente hacia el Papa, pero ¡Lutero no le hizo caso! 

A pesar de esto, Capito publicó con entusiasmo las obras de Lutero en el norte de Europa en 1518. Sin embargo, siendo aún un humanista, Capito no lo comprendió, así que, continuó en cambio dialogando con Lutero, y luego, en 1522 visitó Wittenberg. Aunque se sintió perturbado por el trágico pecado que observó ahí, también descubrió el corazón de la Reforma en el evangelio. Dios había encontrado su corazón. 

Un llamado a la paz

Cuando Dios lo transformó de ser un humanista a un reformador teológico, Capito lo explicó de esta manera: “Me he puesto del lado de los piadosos papistas y luteranos que sólo buscan la salvación del alma y nada temporal; y los exhorto a la unidad cristiana, en tanto Dios me da la gracia” (Wolfgang Capito, 94). Su corazón ahora era de Dios. Sin embargo, su formación humanista resonaba profundamente con el llamado bíblico de la paz. 

Durante su vida, Capito escribió tres himnos. Uno de ellos se mantuvo en los himnarios alemanes durante siglos y se titula:  “Danos paz”: 

Danos esa paz que nos falta, 

A través de la incredulidad, y la vida dura. 

Tu Palabra ofreces completamente, 

A la cual cruelmente nos resistimos. 

Con fuego y espada, esta saludable Palabra 

Algunos persiguen y oprimen. 

Algunos con la boca confiesan la verdad, 

Pero sin sincera piedad. 

Aunque la palabra de Dios se predicaba poderosamente en toda Alemania, Francia y otros países, hubo persecución y opresión dentro de la Reforma que cansó a Capito y lo llevó a orar de rodillas- y a escribir. Continuó llamando a Lutero y Zwinglio para ponerse de acuerdo en la teología de la Cena del Señor y pidió también que mostraran misericordia a los anabaptistas. 

A lo largo de su vida como Reformador, muchos interpretaron su llamado a la misericordia con sus oponentes teológicos en tanto que estaba de acuerdo con ellos en ciertos aspectos. Sin embargo, la misericordia no es un acuerdo. Su condena de la violencia, la sumisión e incluso el lenguaje ofensivo fue un llamado al pueblo de Dios para que no interfiriera en el trabajo del Espíritu Santo a fin de disciplinar a aquellos que se oponen.  

El siervo del Señor

“¿Cómo es Dios? ¿A quién debemos seguir?” Estas preguntas aún desafían al mundo actual. Mientras buscamos llamar a muchos a deleitarse en el Dios de Lutero y Calvino, haríamos bien en seguir el ejemplo de Capito y el mandato de Dios: “Y el siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido, corrigiendo tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad”(2 Timoteo 2:24-25):  

Somos llamados a un compromiso de gentileza y paz incluso a riesgo de ser malinterpretados.