Las revistas y periódicos utilizan imágenes en sus portadas por una razón y la publicidad utiliza imágenes para vender productos por una razón. Las imágenes tienen un poder extraordinario y no me refiero solo a las imágenes indecentes. Por esta razón, el Premio Pulitzer tiene varias categorías para fotografía. En 2016, el equipo de Reuters ganó el Premio Pulitzer de fotografía de reportaje tras capturar las dificultades de los refugiados sirios.[1] En una imagen, una familia de cinco se arrastra bajo rollos de cable de púas para cruzar la frontera hacia Hungría. El padre intenta colocar frenéticamente cobijas sobre su esposa mientras se arrastra bajo la malla con un bebé en sus brazos. Una hija pequeña se inclina mientras se aferra a su madre con miedo en su mirada.

Las imágenes nos mueven, nos llaman, nos atraen. Nos seducen. Nos cuentan una historia. La historia que nos cuentan puede llevarnos hacia el pecado o alejarnos de él. Cuando la revisa Sports Illustrated saca su famosa edición de trajes de baño, la portada nos cuenta una historia; la historia es que tú eres poderoso y que ella está lista para que vengas por ella. Tonterías, por supuesto, pero esta es la historia que venden.

Pero estas historias no tienen por qué llevarnos a pecar. Los profetas del Antiguo Testamento, los autores de Proverbios y Jesús pintaban constantemente imágenes con sus palabras para alumbrar el camino de la justicia.

Estos versículos del Sermón del Monte son típicos de la predicación de Jesús:

Por tanto, cualquiera que oye estas palabras Mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca (Mt 7:24–25).

Roca y lluvia. Torrentes y derrumbes. Soplaron y azotaron vientos. En Proverbios leemos: “Ve, mira la hormiga, perezoso, observa sus caminos, y sé sabio. La cual, sin tener jefe, ni oficial ni señor, prepara en el verano su alimento y recoge en la cosecha su sustento” (Pr 6:6–8). Estos textos nos pintan imágenes con palabras y están diseñados para movernos a la acción.

Así que, encuentra imágenes estratégicas (imágenes de Cristo en la cruz o de tu esposa e hijos o de tu boda) y colócalas en lugares donde te sirvan como “sales aromáticas” visuales para despertarte del estupor sexual. Deja que sean una descarga eléctrica en tu sistema nervioso, como las paletas del desfibrilador que el doctor utiliza en el paciente con paro cardiaco. Deja que funcionen como los vibradores que colocan en las carreteras para evitar que el conductor choque con un riel de contención o se salga del camino.

Pega imágenes en la orilla de tu laptop para que estén mirándote mientras miras tu pantalla. Colócalas en tu Biblia para que las veas durante tu devocional. Hazlas tu fondo de pantalla en el teléfono para mantener fría la cabeza mientras navegas. Cuélgalas en el baño para impedirte abusar de tu privacidad. Haz lo que tengas que hacer.

Sales aromáticas. Desfibriladores. Vibradores en la carretera. Son desagradables, pero existen porque las alternativas son peores.

Preguntas de diagnóstico

  1. ¿Por qué piensas que las imágenes tienen tanto poder? ¿Es necesariamente malo este poder? Si no lo es, ¿cuál puede ser la intención de Dios para las imágenes y cómo podemos cooperar con ese propósito?
  2. ¿Qué imágenes puedes usar para alejarte del pecado sexual? ¿En dónde debes colocarlas?

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[1] Pulitzer.org/winners/photography-staff-thomson-reuters.