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Nota editorial: Este artículo pertenece a una serie titulada Proyecto Reforma, 31 publicaciones de personajes que fueron instrumentos de Dios durante la Reforma Protestante. Puedes leer todos los artículos aquí


La carrera de Ulrico Zuinglio como reformador fue relativamente breve; sin embargo, su liderazgo energético y multifacético fue crucial en los primeros días del movimiento de la Reforma protestante.

Ulrico nació en 1484, hijo de un magistrado local de una pequeña aldea alpina llamada Wildhaus. Asistió a la universidad de Viena y Basel antes de servir como sacerdote de 1506 a 1516 en la ciudad suiza de Glaris. Durante el tiempo que fue sacerdote en la ciudad de Einsiedeln (1517-1518), Zuinglio rompió con la tradición católica romana predicando de forma clara en el idioma vernáculo alemán. Tal predicación le valió una posición en la ciudad libre o cantonesa de Zúrich en 1519.

En Einsiedeln, Zuinglio había sido un estudiante apasionado del Nuevo Testamento griego que recientemente había compilado Erasmo de Rotterdam. Ahora en Zúrich, Zuinglio duró seis años predicando directamente desde el Nuevo Testamento, mezclándose con las personas de su parroquia, escribiendo en contra del dogma y de las prácticas católicas que no eran conforme a las Escrituras; además debatía públicamente con las autoridades católicas frente a los líderes del pueblo. Durante esa época, los municipios de los pueblos tanto de Zúrich como de pueblos vecinos, votaron por adoptar el Protestantismo.

Los sesenta y siete artículos

Al inicio del año 1523, para sus debates públicos con las autoridades católicas, Zuinglio escribió «Los sesenta y siete artículos». La breve introducción y conclusión del documento revelan el profundo respeto de Zuinglio por la autoridad de la Palabra de Dios y su firme creencia del estatus único de la Biblia como la sola revelación de las buenas noticias de salvación en Jesucristo y de la voluntad de Dios para el pueblo cristiano. La introducción dice:

Acerca de los artículos y opiniones que siguen, yo, Ulrico Zuinglio, confieso haber predicado en la digna ciudad de Zúrich basado en las Escrituras las cuales son inspiradas por Dios… y en aquello que no he entendido correctamente las Escrituras, estoy dispuesto a ser mejor enseñado, pero únicamente por dichas Escrituras.

Zuinglio ampliaría sobre estos temas en un extenso tratado de 1525 titulado «La religión verdadera y la falsa». En 1526 compuso «Las diez tesis» para Berna, las cuales sirvieron como un breve resumen de su perspectiva respecto a la Reforma.

Lejos de la pompa

A Zuinglio, el gigante suizo de la Reforma, le molestaba particularmente la pompa, la hipocresía y la idolatría de la religión del hombre. Sus labores para la Reforma de Zúrich y de otros cantones suizos se pueden concebir mejor como un esfuerzo por liberar a las personas de las cargas impuestas por los sistemas religiosos inventados por el hombre, los cuales no pueden cumplir su promesa de vida eterna.

El artículo siete de «Los sesenta y siete artículos» afirma que Cristo «es la salvación eterna y la cabeza de todos los creyentes, quienes son su cuerpo, pero quienes están muertos y no pueden hacer nada sin Él». Asistir a misa, participar de los malos llamados sacramentos del catolicismo romano, o incluso ser ordenado como sacerdote no hacen de alguien un miembro espiritualmente vivo de la verdadera «ecclesia catholica» (la iglesia universal). Esto únicamente sucede por el Evangelio y el Espíritu.

Cómete una salchicha, busca una esposa

Zuinglio fue un activista que no solamente se esforzó por enseñar y aplicar únicamente la Biblia, sino que también presionó tanto a la iglesia y a las autoridades civiles para alinear sus leyes y sus políticas con la Palabra de Dios. Durante la Cuaresma de 1522, Zuinglio dio su consentimiento tácito en la casa de un feligrés, el impresor Christoph Froschauer, para que él y sus huéspedes comieran salchicha, un plato local tradicional que estaba prohibido por la Iglesia Católica Romana durante la Cuaresma. Con éxito, Zuinglio presionó a las autoridades de Zúrich para que liberaran a estos hombres de la cárcel, a la cual habían sido llevados por romper el ayuno de la Cuaresma.

Tomando ventaja de la indulgencia del ayuntamiento de la ciudad, Zuinglio y otros diez sacerdotes escribieron al Arzobispo de Constanza pidiéndoles el derecho de que los sacerdotes pudieran casarse, ya que el requerimiento de celibato era poco sabio y no escritural. El mismo Zuinglio ya estaba viviendo con una viuda, Anna Reinhart, con quien se había casado poco tiempo después de que Zúrich se volviera un cantón protestante, libre de la autoridad del arzobispo.

Zuinglio también sentía un profundo respeto por las mujeres y anhelaba que ellas experimentaran el auténtico discipulado cristiano. En 1522, visitó un convento para exponer una serie de charlas tituladas «Acerca de la claridad y certeza de la Palabra de Dios», lecciones teológicas sobre la doctrina de la revelación y la interpretación de la Biblia.

Doce años de Reforma

El 11 de octubre de 1531 a la edad de 47 años, Zuinglio murió desarmado en un campo de batalla cerca de Kappel, Suiza, mientras servía como capellán para las tropas protestantes, llevando únicamente una bandera y una Biblia.

Para el tiempo de su muerte, hacía apenas doce años que Zuinglio había dejado su vida como sacerdote en Einsiedeln—una carrera corta comparada con las décadas de reforma de Lutero y de Calvino. Sin embargo, hay una razón por la que a menudo Zuinglio es el tercer nombre que se menciona cuando se recuerda la Reforma. Por la gracia de Dios, los doce dinámicos años de este Reformador llevaron a incontables hombres y mujeres suizos lejos de una ceremonia muerta y de regreso a Jesucristo.

Heinrich Bullinger heredó el puesto de pastor de Zuinglio en la iglesia Gross Münster en Zúrich y fue la cabeza de «La Escuela de Profetas» de esta misma ciudad, la cual entrenó a hombres en los idiomas bíblicios, en la exégesis y en la predicación. En 1506, Bullinger fue el autor principal de la Segunda Confesión Helvética, la cual fue prontamente adoptada por las iglesias reformadas de Suiza, Escocia, Hungría, Francia y Polonia. Al día de hoy permanece como la más influyente y apreciada declaración doctrinal en varias denominaciones reformadas en todo el mundo.