La gratitud se ha vuelto un fruto que solemos promover con el famoso: “tú confía en Dios, estás mejor que muchas otras personas; agradece y ten gozo” o también: “todo va a estar bien, todo pasa por algo”. Invalidamos todo lo que se vea negativo, malo o no acorde a lo que pensamos que debería ser nuestra realidad, con tal de poder confiar más en Dios y así ser agradecidos. Sentimos la necesidad de defender a Dios siendo positivos. ¿Ser positivos es el sinónimo de la gratitud y el gozo en nuestro caminar cristiano? 

Para comenzar a entender, empezaremos con: ¿Qué es la gratitud? Hendriksen, en su libro: “Enseñando para cambiar vidas” responde a esa pregunta: “La gratitud es lo que completa el ciclo por medio del cual las bendiciones derramadas en los corazones y vidas de los creyentes vuelven al Dador en forma de adoración continua, amorosa y espontánea”. 

No logramos entender cómo hay personas con tanto dolor en sus vidas y aun así logran mantener un gozo y contentamiento genuino y constante. Y esto no se basa en un optimismo humano, sino en dónde pone esa persona su esperanza. El agradecimiento y gozo nace de un corazón que entiende que lo mejor que le pudo pasar, ya le pasó: ser salvo y ser adoptado por el Padre. (2 Tim 1:9)

La gratitud fluye, no es algo que nos debamos obligar a decir o sentir en el momento, fluye de una teología enraizada a la obra de Cristo. No es una experiencia de buen humor o satisfacción porque todo salió como queríamos. No se basa en nuestro alrededor ni en cómo otros se comportan. Pablo menciona que la llenura del Espíritu en el creyente, es la gratitud (Ef. 5:20). Cuando la Palabra de Dios gobierna nuestro corazón y permea nuestros pensamientos, seremos capaces de tener una perspectiva correcta de las cosas y seremos movidos a dar gracias.

En otras palabras, un creyente lleno del Espíritu no se queja por todo, al contrario, siempre tiene motivos para dar gracias a Dios. Pablo señala el motivo. ¿Por qué da gracias este hombre? Por todo: “Dando siempre gracias por todo”. Por las bendiciones materiales y por las espirituales, por las ordinarias y las extraordinarias; por las pasadas y por las presentes, y aun por las bendiciones que con toda seguridad obtendremos en el futuro porque Dios lo ha prometido.

Cuando experimentamos dolor, recordamos la manera en que Jesús tomó de la copa de la ira de Dios en nuestro lugar. El oró (Lc.  22:42), y luego fue “herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades” (Is.  53:5).

Esto quiere decir que puedo tener gozo a pesar de que mi vida a mis ojos sea imperfecta, porque reconozco que este no es mi cielo (Stg. 1:2-4), que lo mejor está por venir y en medio de lo que acontece en mi vida Dios sigue siendo fiel.

La gratitud toma fuerza en nuestra oración

A medida que mi relación y conocimiento del Padre crece, logro confiar en Él y descansar aún en la incertidumbre. Dios busca nuestra santidad y que cada vez seamos más como Cristo. Padecer con Cristo ya no se vuelve un castigo sino un honor. Tal vez no podamos ver lo que nuestras pruebas están haciendo, pero están funcionando. Toda aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación”,cuando miramos los que no se ve (2 Co. 4:17-18).

Agradezco cada situación porque en todo sale a relucir la gloria de Dios. Su control perfecto y la soberanía que maneja todo lo que sucede a nuestro alrededor. Cuando tenemos amistades difíciles, encontramos gozo porque Su gracia y amor se vuelven nuestra identidad, ayudándonos a extender lo mismo a los demás. Cuando tenemos hijos que no reaccionan como esperaríamos, podemos agradecer al Padre por la oportunidad de ayudarnos a crecer en santidad y reflejar a Él. ¿Raro verdad? es algo fuera de este mundo, algo que va más allá que el orgullo y ego humano.

Piensa en esto: el pecado ha desfigurado todo que ni siquiera somos capaces de manejar las bendiciones como tal. Rendido ante Él, todo es significativo en el reino de los cielos. Debemos dar gracias, aun cuando nos encontremos en medio de una situación difícil. Cuando Pablo escribió estas palabras estaba preso en Roma, pero aun allí él veía motivos de sobra para dar gracias a Dios. Escribiendo a los Filipenses, Pablo les dice que sus prisiones habían redundado para el bien del evangelio, y él se gozaba en ello y daba gracias a Dios.

Las pruebas comprueban la autenticidad de nuestra fe, la cual llena nuestros corazones de la gozosa garantía de nuestra salvación, y resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo” (1 Pe 1:7). Este fortalecimiento de nuestra fe nos motiva a despojarnos “también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve”, y a correr “con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús… quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz” (Hch. 12:1-2).

¿Significa esto que  los cristianos debemos ser masoquistas o insensibles y darle gracias a Dios por los problemas que llegan a nuestras vidas como si eso no nos afectara en lo más mínimo? ¿Debemos dejar de distinguir entre lo bueno y lo malo y darle gracias por los pecados que otros cometen, y que muchas veces nos dañan a nosotros? Absolutamente no. Pero los cristianos sí podemos y debemos someternos humildemente a la soberana mano de Dios en medio de las aflicciones, reconociendo que todas las cosas obran para el bien de aquellos que le aman (Ro. 8:28).

Podemos y debemos darle gracias por la obra que Él está haciendo en nosotros, en nuestro carácter a través de esas aflicciones. El cristiano lleno de la Palabra de Dios será gobernado por esta perspectiva y no tendrá problema alguno en dar gracias por todo. La llenura del Espíritu produce esa actitud en los creyentes (1 Tes. 5:18).

Pablo nos dice cuál es el foco de nuestras acciones de gracias, a quién van dirigidas: Dando siempre gracias por todo al Dios y Padre”. De Él, por Él, y para Él son todas las cosas, y, por lo tanto, Él merece la gloria y nuestra gratitud por todas las cosas (Ro. 11:36). 

Él es la causa principal de todas las bendiciones que recibimos diariamente. Cuando pensamos que podemos “arreglarnos” con ser positivos, pensar más en “lo merezco”, estoy buscando tener gozo y ser agradecida de mis propias fuerzas, por mis propios méritos. ¡Comienzo a olvidar hacia quién está dirigido mi gozo y gratitud!

Qué agradecida estoy por el evangelio de Su gracia, que, a pesar de mi desesperación y autocompasión, cuando vienen las pruebas Él me atrae hacia Sí mismo y me recuerda que hay mucho más (2 Cor 4:17-18). El cristiano lleno del Espíritu da gracias al Padre con la consciencia de que, si no fuese por Cristo, no estaría disfrutando ninguna de esas cosas por las que está dando gracias. Él da gracias consciente de que Cristo es todo para él, y al hacerlo ensancha cada día su amor, su devoción, su deseo de servirle y vivir para Él.

El pecado cambia cómo vemos todo. Y es por eso que crecer en Su palabra y depender en oración al Padre, nos ayuda a ver todo por medio de los lentes del evangelio y no nuestros propios lentes en donde ponemos nuestros estándares.

No obtener todo lo que queremos y deseamos deja de ser castigo o regaño de parte de Dios y se vuelve una bendición. Nuestra perspectiva cambia, nuestras prioridades, nuestros hábitos, nuestro hablar, nuestro pensar y comenzamos a vivir una vida en paz. No porque no nos preocupemos, no porque no tengamos días tristes, pero porque eso no define ni cambia nuestra perspectiva de Dios y Su bondad. No seremos gobernados por el momento, las emociones o pensamientos que puedan agobiarnos en el momento. 

Tenemos una esperanza eterna (Ap. 21:1-4) Dios tiene gozo infinito en Sí mismo. Y nosotros fuimos creados para compartir ese gozo. Fuimos creados para glorificarle y participar de esa gloria y de ese gozo. Pero ninguno de nosotros, aun el cristiano más firme que pueda existir, ha experimentado ese gozo perfecto, cósmico, infinito y que crece infinitamente porque todos adoramos otras cosas.

Algún día seremos liberados del pecado, y entonces conoceremos y experimentaremos esa gloria y ese gozo. Disfrutaremos a Dios por siempre. Quiere decir que nuestros anhelos más profundos serán saciados. Todas nuestras penas serán quitadas. ¿Qué puede ser mejor que eso? Y eso es lo que obtendremos.

Nada menos que eso. El gozo y gratitud nos llevan a adorar. Glorificar al Padre por está tan buena noticia. Así que te invito a poder meditar en estas verdades, corre a la Biblia, sumérgete en la seguridad que tenemos en Cristo y gózate del plan perfecto del Padre que en gracia y amor podemos disfrutar.

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Susi Cano
Susi Cano, Licenciada en Diseño Gráfico, parte de Iglesia Reforma en donde es maestra de la escuela dominical. Trabaja junto con su familia en la proclamación del evangelio por medio de estudios bíblicos. La puedes encontrar en Twitter: @su_4398, Instagram: @susi4398 y en su blog www.ellahablaverdad.com