Si tienes veintitantos como yo o un poco más, es muy seguro que la historia de amor de nuestros abuelos se parezca mucho. El joven que se interesó en la jovencita le pidió permiso a su padre para poder invitarla a salir, pedirle ser su novia y eventualmente casarse con ella. Este era el común denominador de las historias de amor de antes, donde una pareja creía en el amor para toda la vida y el hombre era quien la iniciaba, por lo general. Sé que esta es una generalización, pero ésta, era la costumbre.

Es evidente que este patrón ha cambiado con el paso del tiempo e incluso parece que poco a poco se ha ido borrando. Hoy día vemos como las mujeres somos motivadas, tanto por otras mujeres como por los hombres, a ser quienes demos el primer paso cuando algún hombre nos guste o llame nuestra atención a fin de entablar una relación amorosa.

Si te has hecho alguna vez la pregunta que lleva el título de este artículo, por la gracia de Dios, contamos con una respuesta clara y llena de esperanza. Esa respuesta es sí. Sí importa, y mucho, ya que si das el primer paso o intentas darlo, a luz de las Escrituras, no deberías hacerlo.

Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne (Gen 2:24).
En la Biblia, las relaciones amorosas giran en torno al matrimonio y las responsabilidades que este implica: compromiso, lealtad, fidelidad, amor y servicio para toda la vida. No hay nada dejado al azar o al ir y venir de las circunstancias. Hay bastante intencionalidad y nada para la casualidad. Si el matrimonio es serio, entonces, con la misma seriedad debe verse el noviazgo: el estudio del carácter de alguien del sexo opuesto con el fin de decidir unirse en matrimonio.

Dentro del matrimonio, existen roles diseñados por Dios para que Él sea glorificado y también haya genuino gozo en los cónyuges. Uno de estos es el del liderazgo sacrificial del varón, marcado por comprensión, ternura y entrega al punto de dar su vida por su esposa.

Y vosotros, maridos, igualmente, convivid de manera comprensiva con vuestras mujeres, como con un vaso más frágil, puesto que es mujer, dándole honor como a coheredera de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas (1 Pe. 3:7).

¿A qué llama Dios al hombre, en este liderazgo, en el que debe tratar a su esposa como un vaso más frágil? El pastor Santiago Armel lo explica acertadamente a continuación:

“En el mundo grecorromano, los hombres no estaban llamados a cultivar una relación de compañerismo y ternura con sus esposas. Desde los gobernantes hasta la familia del común, el trato a la mujer era deplorable. Así que, esta era una instrucción revolucionaria para los lectores de Pedro. La idea de dar honor tiene relación con mostrar estima y valor a la mujer. Agradecimiento por la labor que realiza, es la clase de honor que da el esposo y los hijos a su madre en Proverbios 31. Las iglesias que escuchaban esta exhortación de Pedro estaban expuestas a la influencia de la cultura. Las esposas vivían vidas difíciles y había un pensamiento general que enseñaba que las mujeres eran inferiores. Sin embargo, el mandato de Dios es tratar a las mujeres como a vasos delicados y frágiles. La condición de rudeza hacia la mujer es una actitud pagana y altamente pecaminosa. Dios definitivamente no ve con ligereza la manera en que un hombre trata a su esposa o a las mujeres en general. Este no es solo un planteamiento de Pedro, Pablo afirma lo mismo en Colosenses 3:19. Cuando Pedro dice que la mujer es “vaso frágil”, no está diciendo que la mujer es inferior en su carácter, o que es más débil intelectualmente, ni que es inferior al hombre en sentido espiritual u otro aspecto. Simplemente está recordando la realidad de que la mujer físicamente es más frágil y debe ser protegida en todo sentido”.

Hace un buen tiempo leí sobre las cualidades que toda mujer soltera cristiana debería buscar en un hombre que también sea su hermano en la fe. Por buscar en un hombre, a la luz de lo anterior, no me refiero a que seas tú quien de él primer paso, sino a asegurarte que estas cualidades estén presentes en el hombre que se interese en ti y te lo exprese claramente.

De acuerdo con Bethany Beal en su libro Amor Definido, las mujeres solteras debemos buscar que un hombre tenga visión, pasión y propósito.

Visión

Recuerdo como si fuera ayer una conversación que tuve con unos hermanos que recién se habían mudado de país y habían empezado a asistir a mi iglesia actual. No llevaban mucho tiempo casados y tenían un hijo pequeño. Al preguntarles qué les había motivado a cambiar de residencia, él me respondió con seguridad: “Aranza, allá no teníamos una iglesia de sana doctrina a dónde asistir. Dios me ha llamado a ser el líder de mi hogar, y si no estamos plantados en una iglesia, no podré guiar a mi esposa y a mis hijos en los caminos del Señor”.

Ahí tenemos un claro ejemplo de la visión espiritual. Para el hermano que te menciono, tiene claro que al estar plantado en una iglesia local y estudiar activamente la Biblia en los espacios organizados por la iglesia son los medios de instrucción doctrinal para guiar a su familia. La Biblia nos enseña que Dios ha asignado al esposo el liderazgo espiritual de sus hijos y de su esposa.

Piensa conmigo en un momento, ¿cómo podría un hombre liderarte de forma correcta si no tiene una visión o un panorama claro de cómo ser instruido y discipulado para darse a su familia? Ten en cuenta cómo, el hombre que se interese en ti, piensa reflejar el evangelio en la vida y años que Dios ha determinado darle.

Pasión

Al despertar cada mañana ¿qué le motiva a ponerse de pie? Esta es una pregunta crucial que debes responder al analizar su comportamiento y testimonio de vida. Sin duda alguna, si un hombre se dice llamar cristiano debe tener una pasión radical por Cristo. ¿Por qué no le apasionaría levantarse cada día al saber que su vida está en las manos de Dios después de haber sido perdonado y rescatado de la eternidad en el infierno? Si su pasión en la vida es algo o alguien que no es Cristo, claramente la Biblia nos enseña que nadie puede servir a dos señores, porque amará a uno y despreciará a otro. Asegúrate de saber que Cristo sea su pasión y prioridad.

Propósito

¿Hacia dónde camina? ¿Sabe qué dirección están tomando sus pasos? ¿Cuáles son sus planes? Mujer, si quieres estar casada con alguien que ama realmente a Dios, él debe tener una idea clara de qué va a hacer cada día y de que su confianza esté puesta en Dios. No me refiero a que deba tener una vida planeada por los siguientes cincuenta años, pero si una dirección: ¿Cómo piensa usar sus talentos y aptitudes? ¿De qué formas prácticas cree que Dios le ha encomendado predicar el evangelio? ¿Cómo piensa trabajar honradamente para sostener su hogar y aportar para el sostenimiento de una iglesia local?

Mujer, piensa en un momento en el futuro si eres tú quien decide dar el primer paso. ¿Qué clase de matrimonio querrás tener? ¿Quisieras tener un matrimonio marcado por la pasividad de tu esposo? ¿Quieres ser tú quien esté todo el tiempo incentivando expresamente su actuar? La mejor forma en que puedes favorecer la masculinidad bíblica es practicando la feminidad bíblica. Piensa un poco cómo tus acciones presentes pueden contribuir a un futuro en el que el liderazgo masculino traiga protección, cuidado y, sobre todo, honra a Dios.

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Aranza Erazo, es una joven mexicana que vive en Colombia desde temprana edad. Estudió Licenciatura en Lenguas Extranjeras y labora como docente de inglés de bachillerato. En el momento cursa el Certificado de Estudios para Mujeres en el Southeastern Baptist Theological Seminary y sirve también como traductora para Soldados de Jesucristo. Siempre está dispuesta a leer el siguiente libro, conversar junto a un buen café y apreciar la creación de Dios.