“Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt. 5:14-16).

He escuchado en más ocasiones de las que hubiese querido, algo como: la iglesia cristiana trata a las mujeres como ciudadanas de segunda clase. Me da mucha pena porque están hablando desde una perspectiva secular sin entender el significado verdadero del rol de la mujer. La única forma de llegar a esta conclusión es sacar un texto fuera de contexto para tener un pretexto.

Desde el principio vemos que el hombre y la mujer fueron creados a la imagen de Dios y, ante los ojos de Dios tienen el mismo valor; sin embargo, con la entrada del pecado, y la naturaleza pecaminosa, el hombre comenzó a desestimar a la mujer pecaminosamente y Jesús vino para restaurarla a su posición original.

Al conocer al Señor y tener la morada del Espíritu Santo en nosotras, Él abre nuestros ojos para que podamos entender Su Palabra, porque sin esta guía, las palabras parecerían necias a nosotras. El problema radica en que nuestra naturaleza pecaminosa no se desaparece con la conversión, sino progresivamente con la transformación de nuestra mente a través de estudiar las Escrituras (Ro. 12:2).

La mujer cristiana tiene un rol dado por Dios, que es diferente al del hombre; sin embargo, en términos del impacto para el reino no es menos poderoso que el del hombre. A través de estudiar a las mujeres bíblicas podemos ver claramente el poder de un rol bien vivido.

Elegí una mujer del Nuevo Testamento: Tabita y otra del Antiguo Testamento: Abigail para demostrar lo que Dios hace a través de una mujer entregada a Él. Comenzando con Tabita leemos en Hechos 9:36 que “era rica en obras buenas y de caridad que hacía continuamente”.  El pueblo entero la conocía y vio la generosidad de nuestro Dios a través de su vida. Ella murió y la pérdida fue tal, que todas las viudas la rodearon llorando (v. 39). El amor que ella demostró en su vida causó que los discípulos mandaran a buscar a Pedro “rogándole: No tardes en venir” (v.38).

Al llegar Pedro, El Espíritu Santo obró grandemente a través de la oración de este y ella resucitó. Y leemos en el versículo 42: “Y esto se supo en todo Jope, y muchos creyeron en el Señor.” Una vida bien vivida impacta a aquellos alrededor y uno nunca sabe cómo El Señor utilizará esto para Su gloria. Ella no estaba predicando en la iglesia, sino predicando con su vida. Sus acciones demostraron que lo que los discípulos estaban predicando era verdad.

La segunda mujer es Abigail y leemos sobre su vida en 1 Samuel 25. El versículo 3 nos dice que ella “era inteligente y de hermosa apariencia, pero su esposo Nabal era áspero y malo en sus tratos” Desde el principio de la historia sabemos que la vida matrimonial de Abigail no fue idea; sin embargo, esto no le impidió vivir una vida ejemplar. La historia continua y Nabal no solamente se negó a pagar a David por el trabajo que había hecho, sino que lo insultó con una indirecta insinuando que David era culpable de maldad y por eso huía de Saúl (v.10).

David decide llegar para matar a todos y ¿a quién va el mozo para avisarle? ¿A Nabal, el líder de la casa? No, va donde Abigail, ¿por qué? Porque con su trato, ella había influenciado en las personas de su casa y ganó su confianza. Aunque Abigail probablemente no era respetada por su esposo, ella hizo lo que debía hacer y preparó una ofrenda y salió para presentarse a David sin el conocimiento de su esposo. Ella pide perdón por su esposo y le aconseja no derramar sangre sin causa y escuchamos las palabras de David para ella: “Bendito sea el SEÑOR, Dios de Israel, que te envió hoy a encontrarme, bendito sea tu razonamiento, y bendita seas tú, que me has impedido hoy derramar sangre y vengarme por mi propia mano.” (vv.32-33).

Abigail es una mujer que vivió su rol con dignidad y, por ende, tuvo influencia en aquellos a su alrededor incluyendo al futuro rey. Era una mujer que abría su boca con sabiduría y enseñanza de bondad (Prov. 31:26) y vimos que por sus obras la alabarían en las puertas (Prov. 31:31). El rol de la mujer desde el principio ha sido influenciar y cuando la mujer cristiana está influenciando a otros por Cristo, Él es glorificado y nosotras satisfechas.

Después que enseña las bienaventuranzas, Cristo termina con decirnos que somos la sal y la luz de la tierra.  La sal es lo que da sabor a la comida, pero en tiempos antiguos fue utilizada también para preservar la comida. Cuando las mujeres están completando su rol como influenciadoras, la familia es preservada, y la familia afecta a su ciudad, luego al pueblo, y hasta hacer cambios en su país.   Cristo luego se presenta como la luz que significa la verdad. Cuando estamos brillando Su luz como mujeres, estamos demostrando a un mundo que camina en las tinieblas la verdad de Cristo. Esta es la razón por la cual, como seguidores de Jesús, necesitamos vivir vidas diferentes de nuestros vecinos. Vidas sacrificiales, vidas donde estamos invirtiéndonos en otros, vidas donde el amor y la luz de Cristo llegan donde ellos.

William Ross Wallace escribió un poema: “La mano que mece la cuna es la mano que gobierna el mundo”. La influencia de una mujer es poderosa; sin embargo, puede ser utilizada para reflejar las creencias de un mundo guiado por Satanás o reflejar las creencias de Cristo que impactan y cambian al mundo. La decisión es nuestra.

Bendiciones