Hay una tendencia que hemos notado en el pueblo de Dios que es preocupante, y donde se hace evidente que las ideas del mundo están invadiendo la iglesia. La meta de las personas en el mundo secular siempre ha sido y sigue siendo resaltarse y promocionar todo lo que hacemos. Ser el mejor en lo que sea, sin embargo, el caminar de los cristianos debe ser lo opuesto.

Filipenses 2:3-4 nos dice como debemos comportarnos: “Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás”. 

El mundo vive inmerso en mentiras, dirigido por el maligno; y, como todos nacemos impíos aprendimos y vivíamos a la manera del mundo antes de venir a Cristo. Por ende, al conocerlo a ÉL necesitamos reemplazar con Su Verdad las mentiras que creíamos. Por eso 2 Corintios 10:5 nos manda a destruir “especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo”. 

¿Gladiadores o soldados?

Cuando queremos brillar sobre nuestras hermanas todavía estamos viviendo en tinieblas reflejando a Satanás y no a nuestro Salvador.  Según el Apóstol Pablo, en 2 Timoteo, somos soldados en servicio activo y entonces trabajamos en comunidad. En contraste, los gladiadores trabajaban solos. Fueron hombres entrenados para luchar con armas en una arena. Ellos eran el espectáculo, sus habilidades brillaban y toda la atención estaba sobre ellos, mientras como cristianas es Dios a quien queremos resaltar no a nosotras.

En un ejército, cada persona tiene un rol y cada uno es importante para hacer el trabajo necesario para ganar la batalla. Un soldado no puede ganar una guerra solo sino es un trabajo en equipo. La realidad es que la guerra espiritual no puede ser ganada por nosotras solas, sino a través de Dios obrando en cada una de nosotras y, entonces, cuando trabajamos solas nos convertimos en el blanco de Satanás y perdemos la protección de nuestro Señor, porque Mateo 23:12 nos enseña: “cualquiera que se ensalce, será humillado, y cualquiera que se humille, será ensalzado”.

Nosotras somos criaturas débiles incapaces de hacer nada separadas de Cristo (Juan 15:5). La autosuficiencia es evidencia de que estamos todavía orgullosas, trabajando separadas de la vid y esto viene directo del maligno. Satanás conoce las Escrituras y sabe que “DIOS RESISTE A LOS SOBERBIOS” (Santiago 4:6), entonces un soldado solitario es un fracaso en camino. Si solamente nos diéramos cuenta, como David, quién escribió en Salmos 8:4: “¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes?” Dios es el grande y nosotras sus siervas.  Esta comprensión ocurrirá cuando reconozcamos que “Grande es nuestro Señor, y muy poderoso; su entendimiento es infinito” (Salmos 147:5), y quiero añadir que el nuestro no lo es.

Espero que este año nos dediquemos a trabajar más como las soldados que somos, resaltando la grandeza de nuestro Señor porque es necesario que Él crezca y que nosotras disminuyamos (Juan 3:30).

Nuestro poder está en nuestra debilidad porque cuando estamos débiles, entonces somos fuerte (2 Cor.12:10).

Cathy Scheraldi