Hace unas pocas semanas vimos la ciudad y las casas vestidas de rojo por Navidad. Ahora, en cambio, el rojo vuelve a lucirse por el día de San Valentín, donde en teoría, se celebra el amor en forma de chocolates, rosas, tarjetas y mensajes que tanto tú como yo, al ser mujeres solteras, queremos recibir.  

Amor, una palabra que escuchamos y pronunciamos con demasiada facilidad. Desde la ropa nueva y el postre favorito hasta los votos matrimoniales. Sin embargo, ¿alguna vez te has detenido a pensar en el significado de esta palabra?  

Al buscarla en el diccionario, encontré dieciséis definiciones. Sin duda, todas ellas están sujetas a cambios dado lo cambiante e inestable que es el mundo en donde vivimos. Por la bondad de Dios, Él no nos ha dejado a nuestro propio juicio el significado del amor, sino que en Su Palabra lo ha dejado claramente establecido.  

En los idiomas originales de las Escrituras, hay una palabra que se repite 259 veces para referirse al amor. Si Dios, siendo perfecto y sabio, menciona algo 259 veces, es porque necesitamos prestarle atención. Esta palabra se llama: ágape 

Ágape significa autosacrificio; no tarjetas, rosas o chocolates. Autosacrificio. Impactante, ¿verdad? No es lo que ves en San Valentín ni en los matrimonios que terminaron en divorcio, ¿sabes por qué? Porque el autosacrificio va en contra del corazón pecaminoso con el que tú y yo hemos nacido: Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis (Gálatas 5:17)  

Con esto no pretendo decirte que el romance sea malo. Todo lo contrario, Dios mismo ha dejado claramente en las Escrituras que hace parte de su diseño divino. No es malo ni vergonzoso, pero cuando se experimenta bajo nuestro entendimiento y egoísmo, las cosas terminan mal.   

Dios diseñó el romance para ser experimentado entre un hombre y una mujer dentro del matrimonio como una bendición adicional a su propósito principal, ya que este es representar visiblemente la unión de Cristo con su iglesia.  

El marido representa a Cristo y la esposa a la iglesia. Una imagen visible de algo mucho más grande, específicamente, del evangelio y de la necesidad máxima que tiene cualquier persona: nacer de nuevo y reconciliarse con Dios.   

Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia (Efe. 5:31-32). 

Es por esto que el matrimonio y el romance no existen para hacerte feliz o plena, aunque cada día de San Valentín, especialmente si estás soltera, te lleve a pensar que la felicidad se encuentra en una relación amorosa. Tal cosa no existe.   

El único capaz de amar incondicionalmente es Dios, así que buscar en un novio o esposo el amor que solo Dios puede darte es como buscar agua dulce en el mar. Un novio o esposo no pueden darte tal tipo de amor – y tú tampoco a él- ya que todos hemos pecado, y aún después de haber nacido de nuevo, seguimos siendo afectados por el pecado. No podemos amar perfectamente porque no somos perfectos, solo Dios. 

A pesar de esto, te tengo buenas noticias. Precisamente, ya que Dios es el único perfecto y soberano sobre la tierra, podemos seguir creyendo en el amor. Podemos creer en que, si es la voluntad de Dios llevarnos al matrimonio, bajo la comprensión bíblica, y experimentar ahí el romance como Él lo diseñó, en algún momento lo traerá.  

Kristen Clark, coautora del libro Amor Definido lo explica así: Dios creó el matrimonio para ser ese lugar especial donde tus emociones, sentimientos, pensamientos, anhelos físicos y deseos sexuales puedan ser libremente liberados y vertidos dentro de un ambiente seguro y admirable. Es puro, sagrado y honra a Dios. Ten paciencia. Confía en Dios. Haz las cosas a su manera.  

Mientras tanto, una vez creíste en Cristo como tu Señor y Salvador, se te ha dado una misión: glorificar a Dios a donde Él te lleve. Sea que estés casada o soltera u ocupes cualquier otro rol, Dios sigue siendo el mismo y Su Palabra suficiente y necesaria para darle gloria. Hay demasiado valor en ti gracias a Cristo. No desperdicies tu vida. Vive con los ojos puestos en la eternidad.  

Para aterrizar esto un poco a la vida práctica, quiero mencionarte cuatro verdades que las mujeres solteras necesitamos recordar. Clama a Dios con todo tu corazón que den fruto en tu vida.  

Paciencia  

Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios” (Efe4:6). 

Perseverancia  

Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,  puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios (He12:1-2). 

Pureza  

Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; es decir, que os abstengáis de inmoralidad sexual; que cada uno de vosotros sepa cómo poseer[b] su propio vaso en santificación y honor, no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios (1 Tes4:3-5). 

Gratitud  

dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús (1 Tes5:18). 

Recuerda que es necesario que Él crezca para que tú y yo disminuyamos.