Cuando pienso en Sarah Edwards, el versículo que viene a mi mente es 1 Corintios 1:27-28 que dice: “Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte; y lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para anular lo que es”

¿Por qué este versículo? Porque es como el mundo ve a Sarah, una mujer sin educación formal. Aunque sus padres le dieron educación bíblica y clásica en el hogar, es una mujer que nunca escribió un libro, no predicaba en las iglesias ni daba charlas para las mujeres; sin embargo, vivió el diseño divino y por ende impactó a muchos a través de su vida.

En la época en que ellos vivieron, no hubo las comodidades que tenemos hoy en día y el frio de los inviernos de Nueva Inglaterra eran crueles.  Además de parir 11 hijos, ella era responsable de todo en la casa incluyendo cocinar, limpiar, cuidar los animales, cultivar el huerto para la comida, mantener la casa caliente porque no había calefacción, buscar agua porque no había plomería interna, educar a los hijos, producir el hilo para coser la ropa de la familia entera, hacer que los huéspedes que frecuentaban la casa se sintieran cómodos etc.

No solamente impactó a su familia dejando un increíble legado, sino también a los huéspedes que dejaron plasmado en sus escritos acerca del espíritu de Sarah, ya que este era siempre tierno y sereno además de expresar el impacto que esto tuvo en sus vidas.

Su esposo, Jonathan Edwards, es considerado por muchos de los historiadores y teólogos como uno de los hombres más influyentes del mundo occidental incluyendo ser la persona que impulsó el gran avivamiento; esto debido en gran parte por la mujer que tuvo, quien se encargó de todo en el hogar.

Por su llamado e intelecto, el estudiaba 13 horas diariamente y tenia una reverencia tal por Dios, que él fue inflexible con sus decisiones en la iglesia ya que estaba totalmente comprometido con la voluntad de Dios. Esto trajo muchos problemas con su congregación al punto que perdió su trabajo por insistir en que los no creyentes no podían recibir el pan y vino en la santa cena, por lo cual, la familia pasó casi el resto de su vida trabajando con los indios americanos. A pesar del rechazo que él y su familia recibieron, ellos seguían impactando el hemisferio occidental a pesar de que estaban trabajando en lo que el mundo consideraba un trabajo insignificante.

Ambos obrando en lo que El Señor les asignó, produjeron un legado increíble: Jonathan con los intelectuales dentro de las iglesias y en las instituciones de educación superior, y Sarah a través de una familia piadosa que cambió a Norte América por muchas generaciones.  Esto incluía: 300 clérigos, misioneros y profesores de teología, 100 profesores, 100 abogados, 30 jueces, un decano de una facultad de derecho, 60 médicos, un decano de una facultad de medicina, tres alcaldes de grandes ciudades, 60 autores de grandes clásicos, 14 presidentes de universidades, tres gobernadores del estado, un controlador del tesoro de Estados Unidos (EU) y un vicepresidente de este país.

¡Dios bendice aquellos que son fieles a Él! El trabajo de la mujer en la casa no es insignificante en las manos de un Dios Todopoderoso, sino que más bien, es un jardín donde Él siembra en las mentes y corazones de aquellos a Su alrededor que le creen y le sirven y los resultados impactan no solamente a la familia sino a su cultura. Al morir joven, Sarah nunca vio su legado, pero tampoco fue necesario porque ella creyó en su Dios, ella sirvió a su Dios y confió que su Dios era capaz de honrar la vida sacrificial que ella llevaba y hacer grandes cosas a través de sus acciones.

¡Oh, que nuestra generación tenga mas mujeres como Sarah! mujeres que no necesitan gratificación instantánea, mujeres que no necesitan brillar en público, sino trabajar con gozo y confianza en un Dios, que siempre es fiel a sus siervos.

Bendiciones.

Cathy Scheraldi de Núñez