Hay una tendencia en nosotros que resulta nociva en nuestro andar como creyentes: suponer que el Señor es como nosotros, y que, así como muchas veces tratamos a otros, de manera similar el Señor debe tratar con nosotros.

Por ejemplo, cuando nos acercamos a Dios por perdón, usualmente no sentimos que el Señor nos reciba, nuestras emociones son de frustración, culpa y un poco de pensar que el Señor nos mira con amplia decepción. Las buenas noticias de las misericordias abundantes y sin límites de Jesús nos parece que son demasiado buenas como para ser verdad.

Es por eso que recomiendo el libro “Manso y Humilde: El corazón de Cristo para los pecadores y heridos”. Dane Ortlund quiere ayudarnos a que “nuestra imagen mental de quién es Dios sea más precisa” y continúa diciendo “Estoy tratando de ayudar a dejar atrás nuestras intuiciones naturales y erróneas de que Dios es distante y lento, y dar un paso hacia la reconfortante comprensión de que es manso y humilde de corazón”. (p. 129)

El libro tiene la intención de que veamos como es el centro del corazón de Cristo y Su disposición para con nosotros, y lo que hallamos son buenas noticias:

“Lo más natural para Él no es señalar con Su dedo, sino mantener los brazos abiertos en señal de bienvenida”. (p. 21)

Hay muchos buenos libros acerca de la obra de Jesús, pero no hay muchos sobre la persona de Jesús, y esto es importante, Ortlund escribe “No llegamos a un conjunto de doctrinas. No acudimos a una iglesia. Ni siquiera venimos al evangelio. Todo esto es vital, pero lo más importante es que llegamos a una Persona, a Cristo mismo”. (p. 63)

La manera como percibimos el corazón de Cristo hacia nosotros afectara el cómo, el cuándo e incluso si vamos a ir a Él.

Este tema no siempre fue poco tratado, de hecho, Ortlund toma mucho de la obra de los puritanos, en particular de Thomas Goodwin y su libro El Corazón de Cristo, una buena noticia es que el libro de Goodwin está disponible en español. Él toma entonces de estos creyentes del pasado y lo presenta a lectores modernos que quizás no han tenido la oportunidad de leerlos. Destila para nosotros las meditaciones de Goodwin, Owen, Edwards y otros.

El autor comienza con Mateo 11:28-30, es de allí que toma su título, y luego explora las diferentes partes de la Biblia que nos revelan el corazón de Cristo. Llega a diferentes conclusiones de las que usualmente podríamos esperar, especialmente considerando esa pregunta respecto a ¿cuál es la disposición de Cristo hacia nosotros cuando nos acercamos a Él por perdón? Cuando venimos a Dios por perdón especialmente hacia pecados que parecen persistir en nosotros, automáticamente pensamos que el Señor está resentido con nosotros por fallar de nuevo, y quizá solo nos perdona por obligación.

Pero Ortlund nos muestra un retrato diferente de nuestro Salvador:

“No se frustra cuando acudimos a Él con angustia, necesidad y vacío buscando un perdón renovado. Ese es Su propósito. Es lo que vino a hacer. Descendió al horror de la muerte y resucitó para proporcionar un suministro ilimitado de misericordia y gracia a Su pueblo”. (p. 39)

El autor es cuidadoso en enfatizar que el corazón de Cristo es misericordioso hacia Su pueblo quien es pecador y está herido, es decir que pasa por sufrimientos. Por lo general estamos de acuerdo en que Cristo nos acompaña en nuestro sufrimiento, pero tenemos una sensación de que Dios es reacio a darnos gracia cuando se trata de nuestro pecado. No obstante la Biblia enseña que el corazón de Jesús contiene infinitas corrientes de misericordia. Su primera y natural reacción a nuestro pecado es misericordia y bondad.

Nos muestra desde los evangelios la amorosa compasión de Jesús y su cercanía para los pecadores y heridos.

¿Y qué hizo cuando vio a los impuros? ¿Cuál fue Su primer impulso cuando se encontró con prostitutas y leprosos? Se dirigió hacia ellos. La piedad inundó Su corazón, surgió el anhelo de la verdadera compasión. Pasó tiempo con ellos. Los tocó. (p. 32)

Al mismo tiempo, Ortlund no ve esto como una razón para ser permisivo y frívolo con el pecado. Se toma en serio el arrepentimiento:

Cuando peques, arrepiéntete por completo. Vuelve a odiar el pecado. Conságrate de nuevo al Espíritu Santo y Sus caminos puros. Pero rechaza el susurro del diablo de que el corazón tierno de Dios por ti se ha vuelto un poco más frío, un poco más rígido. Él no se inquieta por tu pecaminosidad, sino que Su mayor decepción son tus tibios pensamientos sobre Su corazón» (pp. 196-197)

Básicamente tomemos en serio el pecado, muy en serio, sin embargo, no dejemos de acudir a nuestro Señor, el alejarnos muestra que no hemos comprendido Su corazón.

En otro lugar hablando acerca de ese contraste entre su juicio para con quienes lo desprecian y su misericordia para quienes acuden a Cristo escribe:

Cualquiera sea nuestra ofensa, Él nos trata con paciencia. Si nunca nos acercamos a Él, experimentaremos un juicio tan feroz que será como una espada de doble filo que sale de Su boca… Pero si acudimos a Él, aunque Su juicio habría sido tan feroz como un león contra nosotros, Él será tan tierno como un cordero… (p. 56)

También responde a cuestiones importantes respecto a la ira de Dios, y nos muestra estas cualidades del corazón de Jesús en el contexto más amplio de la Trinidad. Por ejemplo, en el capítulo 14 titulado “Padre de Misericordias”, nos muestra que el Padre es también lleno de gracia, que no se trata de que solo el hijo es Manso y Humilde.

Este es un libro que, aunque teológico, es especialmente devocional, muchas veces al leer me sentí abrumado por la gracia gloriosa del corazón de Cristo, naturalmente llevado a la oración, fue de un estímulo especial en días de cansancio o desanimo. Otras veces donde mi alma necesitaba recordar con urgencia Su perdón fue de bálsamo especial. Por eso me he visto regresando a diversos capítulos para deleitarme una vez más en el amor y la gracia del Señor.

Manso y Humilde está diseñado para ser leído y meditado con calma, para dejar que esas gloriosas verdades acerca de Cristo queden impregnadas en tu mente y en tu corazón, y muevan tus afectos hacia nuestro Salvador.

Ortlund comentó alguna vez el día que el libro fue lanzado originalmente, que le tomó 7 años escribirlo, pero que le tomaría una vida creerlo y que “requerirá nada menos que una eternidad para sumergirme en él, cada vez más profundo, sin que nunca llegue al fondo, con nuevos descubrimientos a cada paso”.

No podemos agotar la gracia de Cristo y nuestra alma necesita contemplar el corazón de Cristo como realmente es, quitar esa imagen desbalanceada de Dios que podamos tener en nuestra mente y tomar en serio cada de uno de esos pasajes que nos muestran el corazón de Cristo, recomiendo encarecidamente la lectura de este libro, estoy convencido que se convertirá en un clásico.