Vivimos una era definida por el humanismo. El hombre moderno se cree el centro del universo. Desde esta perspectiva, hablar de Jesús como un Súper Hombre puede sonar atractivo para la mayoría de las personas: Jesús el Sanador; Jesús el Profeta; Jesús el Maestro; Jesús el Hacedor de milagros. Anunciar que Él es verdadero hombre puede que no fascine al oyente moderno, ¿por qué? Porque ellos no creen que Él es verdadero Dios.

Entonces, afirmamos al mundo que Jesús es verdadero hombre. Pero ¿por qué el cristiano ama tanto a Jesús? ¿Por qué le adora? ¿Por qué se refugia en Él en tiempos de aflicción? ¿Por qué sufre penalidades, menosprecios, cárceles y hasta la misma muerte por Él? ¿Cómo es posible que Jesús sea el objeto de sus deleites, el centro de sus pensamientos y la esperanza de su corazón? ¿Por qué la Iglesia es un pueblo agraciado y favorecido? ¿Por qué escribimos tanto sobre Jesús, hacemos canciones sobre Jesús, hablamos de Jesús, oramos a Jesús, predicamos de Jesús y nos aferramos a Jesús para ir al cielo? Para encontrar respuesta a todas estas preguntas —y muchas más—, debemos hacer una interrogante fundamental: ¿Es Jesús realmente Dios?

Con calidez pastoral y solidez bíblica, Greg Lanier se esfuerza por explicarnos en su libro cómo la Biblia enseña la divinidad de Jesucristo. Lo hace en un lenguaje sencillo, pero solventado con argumentaciones profundas. El autor desarrolla lo que significa que Jesús era preexistente antes de Su nacimiento humano. También expone sobre la relación única del Hijo con el Padre celestial. Escribe sobre cómo se aplicaba el término Señor (en griego kyrios) en una forma que adopta el enfoque judío de YHWH. Trata los pasajes donde Jesús recibe adoración religiosa. Explica la compleja relación trinitaria con el Padre y el Espíritu Santo. Finalmente demuestra cómo se aplica el termino Dios (en griego theos) a Jesucristo en diferentes porciones del Nuevo Testamento. El lector encontrará que al final de cada capítulo el escritor hace una aplicación pastoral a su alma para obtener más provecho del tema reflexionado.

Por lo tanto, ¿quiénes deberían leer este libro? El ministro necesitará leerlo si desea ofrecer una predicación expositiva del Antiguo Testamento centrada en el eterno Hijo de Dios, así mismo, todo cristiano necesita navegar sus páginas si desean encallar con profundidad el ancla de su adoración en las glorias de su Señor y Salvador. De igual modo, la persona que aún divaga sobre la fe; aquella alma errante que ha saboreado un poco del evangelio en el desierto de su vida, pero aún tiene reticencia sobre la persona de Jesucristo; tal lector desespera por un libro como este. En fin, todo hombre y mujer que sea sensato de mente y sobrio de espíritu leerá este libro (y muchos más sobre el mismo tema). Debemos venir a masticar estos pastos verdes si queremos nutrir el corazón con verdades redentoras, hasta saciarnos de la gracia divina. Nadie puede prescindir nunca de un estudio serio y piadoso sobre la persona y obra de nuestro bendito Señor Jesucristo.

Con este libro podemos llegar a la siguiente conclusión: si Jesús no es Dios, entonces todo el cristianismo se derrumba. La sangre de los mártires fue derramada en vano; las horas invertidas de rodillas fueron un desperdicio; el tiempo dedicado a meditar la Palabra algo sin sentido; aquellos santos que salen por las naciones a padecer hambre, frío, ayunos y cárceles por causa del Nombre, mal gastan sus vidas. Pero, si Jesús es Dios —y en verdad lo es—, entonces la Iglesia prevalecerá y los cristianos brillarán triunfantes en la eternidad como sol al medio día.

Entonces, ¿por qué no agradecemos ahora mismo a Dios por Su Hijo?

“¡Oh, Dios y Padre! Gracias por darnos a Tu Hijo,

Tu Unigénito, el de Tu complacencia.

Gracias por idear un plan eterno de salvación para viles pecadores,

Donde la sabiduría infinita colocó a Jesús como Cabeza y Piedra Angular del mismo.

Gracias por entregarlo como un Cordero sobre la cruz del Calvario,

Por hacerlo pecado por nosotros,

Por quebrantarlo con Tu justicia.

Gracias por centrar en Él toda la historia de la redención,

Dándonos perdón de pecados y vida eterna en Su nombre.

¡Oh, bendito Hijo eterno, para Ti es toda mi adoración!

Tú eres Luz del mundo y Vida del alma;

Tú eres Bien del hombre y Tesoro del universo.

¡Oh, Pastor de nuestras almas! Creador de todo,

Fuente de gozo, Verdad encarnada, Camino al cielo,

Esposo de la Iglesia, Mediador del hombre, Señor del mundo;

Tú te sientas solo como Soberano en el Trono celestial.

¿Quién puede pesar las riquezas de Tu gloria? ¿Quién sondear lo infinito de Tu sabiduría?

¿Dónde habrá un brazo como el Tuyo? ¿Qué corazón pudiera destilar bondad como la Tuya?

¡Oh, Espíritu de Dios! Tú siempre nos llevas al Hijo,

Nos enseñas Sus glorias en las Sagradas Escrituras;

Nos señalas Su obra en el Golgóta,

Instándonos: “¡Arrepiéntete y Cree!”.

Gracias por derramar Tu gracia como aceite nuevo sobre nuestro espíritu,

Gracias por quitar nuestro corazón de piedra para ponernos uno de carne,

Gracias por renovar nuestra mente con Tu infinita sabiduría,

Gracias por capacitarnos con el don de la fe

vistiéndonos con la Justicia divina.

Oh, nuestra alma vagaría errante sin Tu bendito cayado,

Nuestro ser estaría sumido es la más densa tiniebla sin tus dulces consuelos. 

Oh, mi alma adora al Dios vivo y verdadero,

la Triunidad revelada en el Libro.

Oh amado lector, aprendamos al Hijo eterno;

Absortémonos en Sus perfecciones, amemos Su hermosura,

 Atesoremos Su persona, abrazaremos Su evangelio,

Aferrémonos a Su cruz y andemos como Sus discípulos.

Amén.