Cuando pensamos en la vejez, solemos hacerlo con esperanza. Aunque a veces suele estar acompañada por el miedo a la soledad, a la enfermedad y al olvido. Envejecer, si Dios nos lo permite, debe hacerse con gracia.

Considero que la vejez es una etapa de mucho valor, y puedo notar la escasez de literatura al respecto. Hay muy pocos libros que aborden el tema de forma bíblica y esperanzadora. Este es uno de esos pocos tesoros que encontraremos.

Escrito por Susan Hunt y Sharon W. Betters, quienes nos llevan de paseo por un campo, lleno de flores y donde podemos respirar un aire fresco. Imaginen que llegan a una pequeña cima, donde Cristo les está esperando. Las autoras nos llevan a deleitarnos en este hermoso pasaje, guiadas por Cristo y acompañadas por personajes bíblicos que enmarcan sus capítulos. Este es un libro que, como ese bello paseo, no querrán perderse.

Capítulo tras capítulo nos proveen de pequeñas historias testimoniales sobre el camino difícil que representa la vejez. Estos son acompañados por comentarios referentes a personajes femeninos bíblicos que nos proveen aliento para seguir adelante.

Al final de cada capítulo encontraremos una pequeña sección nombrada “Creciendo en gracia”, de corte ministerial para que apliquemos en nuestras vidas y en nuestras oraciones. Además, incluyen preguntas para que conectemos de mejor manera con el libro y sus autoras. Además, siempre resultan ser preguntas de bendición para nuestras vidas cuando las llevamos a una verdadera reflexión.

Muchas veces, solemos pensar que estamos solos en nuestras batallas, que solamente Dios nos entiende. En parte es verdad, Dios nos comprende porque nos conoce mucho mejor de lo que nosotras lo hacemos; sin embargo, cuando abrimos nuestros corazones, nos sorprendemos al saber que más mujeres están o han atravesado por lo mismo. Tener este nivel de koinonía (convivencia), nos edifica y acerca más a una relación correcta con Dios.

Tocar temas relacionados con nuestra manera de envejecer, puede llegar a ser intimidante cuando nos sabemos solas en el viaje. Es por ello, que este libro resulta ser un aliento fresco, un ánimo esperanzador. Ser viejo no significa ser inservible, ni que vamos a ser todas unas cascarrabias amargadas. Si seguimos tomadas de la mano de Dios, ganaremos años de gozo, tal vez la salud disminuya, los sentidos se pierdan, pero el amor a Dios…es eterno.

Son muchas las enseñanzas que llenan este libro. Un tesoro invaluable es la forma en que está escrito, pues son palabras de amor, ternura, esperanza y comprensión. No son palabras frías llevadas más como una orden que como una exhortación. Sí, el libro exhorta. Nos hace un llamado a buscar siempre a Dios, obedecerle y mantenernos firmes cuando pasemos por tribulación o enfermedad. Permanecer alabándole, aún cuando estamos adoloridas, tristes o agotadas.

Es verdad, que a veces la vida pesa demasiado. Anhelamos el regreso de Cristo, anhelamos un descanso, pero recordemos que, en medio del dolor, Jesús es desde ya, nuestro reposo. En Él descansamos, y en sus promesas de vida eterna.

¡Qué gozo tener lecturas como ésta! Nos motiva a las más jóvenes a honrar a nuestros adultos mayores, y a ellos, los motiva a seguir siendo de bendición para las demás. Después de todo, son la generación que nos está discipulando, y a su tiempo, seremos nosotras quienes guíen a las más jóvenes.

Si quieres leer sobre el florecimiento en la vejez y el destino maravilloso que te espera, “Envejeciendo con Gracia” es el libro ideal.

Que Dios culmine Su obra en nosotras y podamos glorificarlo cada día de nuestras vidas. Amén.

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Priscila Fonseca
Priscila es conocida como la Bibliotecaria de la Apologética en la comunidad hispana. Estudia la Licenciatura en Teología Aplicada en el Seminario Bíblico de México, y ha sido ponente de varias conferencias apologéticas. Además es traductora de textos teológicos y apologéticos en Worldview Media, bloguera y creadora de "Encuéntrame en el Cielo", y profesora en RTM Academy. Colabora con Papiro 52 y HarperCollins México en la difusión de literatura cristiana. Vive en México junto a su esposo Cristian.