En el momento que la oportunidad de reseñar un libro de Mark Dever vino a mí, no lo dudé ni por un instante, era algo que tenía hacer, pues a pesar de discrepar con él en temas como el bautismo y el gobierno de la Iglesia (pues él es bautista y yo presbiteriano), es Dever uno de los pastores que más respeto y admiro por su pasión por la Iglesia del Señor.

En las siguientes líneas muestro de forma sucinta la enseñanza que a través de su libro: La Iglesia, nuestro hermano Mark Dever, pone a disposición de todo creyente. Creo sin duda alguna, que este es un libro que todo cristiano debe leer, incluso si alguno de los lectores es de tradición reformada, como es mi caso, es muy útil conocer lo referente a bautismo y gobierno de la Iglesia, para comprender en amor la forma de pensar de nuestros hermanos bautistas y congregacionalistas.

Estructura del libro

El libro en su inicio contiene una introducción que podría estimarse como un breve resumen de lo que el escritor ahonda en cada uno de los capítulos, puede ser considerado como un ensayo con los puntos básicos para tener una respuesta concisa de “muchas preguntas prácticas en lo que se refiere a la vida de la iglesia local”.  

Seguido a esto, se tienen 15 capítulos distribuidos en 3 grandes partes; estas secciones exponen el fundamento bíblico e histórico, así como la integración de estos elementos, que dan forma al entendimiento de Iglesia por parte del autor.

Fundamento bíblico

Todo inicia mostrando bíblicamente, como siempre ha existido un pueblo de Dios, como desde el antiguo testamento y con continuidad en el nuevo, el Señor se ha provisto de un grupo de personas, de una asamblea, que está apartada para Él y está siendo santificada por Él.

Esta asamblea es el reflejo del carácter de Dios, por medio de sus atributos de unidad, santidad, universalidad y enseñanza bíblica; además se resaltan esas marcas que el cuerpo de Cristo debe tener, es decir, una predicación fiel de la Palabra y una administración correcta de las ordenanzas o sacramentos.

De igual modo, ante la argumentación actual de muchos que indican que la membresía no es necesaria ni bíblica, esta sección muestra claramente el fundamento escritural de la misma, así como la importancia que debe tener en nuestras iglesias, pues “Dios siempre ha pretendido una línea nítida y brillante para distinguir a aquellos que confían en Él de aquellos que no lo hacen.

Asimismo, desde su posición congregacionalista, Mark Dever explica claramente como debe funcionar el gobierno o dirección de la Iglesia, así como la importancia del liderazgo en ella. Es sin duda enriquecedor en cuanto a las responsabilidades de los oficios bíblicos de anciano o pastor y diacono.

Pero ¿Se puede hablar del gobierno de la Iglesia sin mencionar la disciplina de la Iglesia? Claro que no, especialmente en esta época de amor, tolerancia y ojos cerrados ante el pecado de los demás; es algo tan necesario hoy como lo fue en ese pueblo teocrático de Israel, entendiendo que el objetivo principal de la disciplina es separar lo santo de lo profano, y tener como resultado final la exaltación del evangelio y la salvación de los elegidos de Dios.

Finalmente, y ante un mundo infectado por el pecado, en donde la injusticia y el dolor parecen estar en todos lados, el autor nos recuerda cuan fácil es que la Iglesia pierda su horizonte, su razón de existir, que es ser un pueblo que adora a su Señor de acuerdo con el mandato regulador de la Biblia, esa vida corporativa de alabanza a Dios, la cual apunta hacia la esperanza de vida eterna que se tiene en Cristo.

Un poco de historia

Aunque de forma breve, Mark Dever reseña en la segunda parte del libro algunos puntos históricos sobre la conformación de la Iglesia, sus ordenanzas y gobierno. Todo parte de algunas dicotomías eclesiásticas como ser: visible o invisible, local o universal, militante o triunfante, verdadera o falsa. Esta sección será de mucha utilidad para aquellos que no son amantes del estudio de la historia pues les brindará un conocimiento básico, y despertará un deseo de más en aquellos que suelen profundizar en la investigación de los tiempos pasados.

Debo decir que, fiel a sus principios, el autor enfoca su análisis histórico desde un punto congregacional bautista, lo cual no significa que sea malo, sino que el lector debe saber que habrá puntos faltantes en el aporte que presbiterianos, reformados, metodistas, anglicanos, luteranos y otros dieron al retorno bíblico de la enseñanza de la Iglesia como consecuencia de la reforma protestante del siglo 16. Pero sin duda alguna, cualquier gustador de la historia disfrutará este breve paso por los días pasados.

Uniendo las piezas del rompecabezas

En la parte final del libro, todo lo expuesto en los capítulos anteriores se unifica para mostrar, desde el entendimiento del autor, la forma como debe organizarse e interactuar una Iglesia. Es importante e indispensable la lectura concienzuda de la exposición del porque no debe considerarse válido como reunión eclesiástica las que se hacen en iglesias multisitios o multihorarios.

Se afirma acertadamente, que la asamblea del Señor es una Iglesia reunida, la que no está unida por presupuestos o medios audiovisuales, sino por la comunión de los santos.

Conclusión

Es necesario que todo creyente comprenda que, aunque la eclesiología no es una doctrina que afecta directamente a la salvación, debe tener una alta importancia en la vida del cristiano, pues esto afectará directamente el testimonio de Cristo que la Iglesia debe dar ante el mundo; este libro sin duda será un buen comienzo para todos, tanto para los congregacionalistas, como para los que no lo somos.