En el poco tiempo que tengo de caminar en el evangelio, he tenido poca interacción con libros de sana doctrina en español. Pero todo está cambiando. Estos recursos son cada vez más numerosos y accesibles. Sin embargo, en medio de la variedad, aún necesito ser selectivo cuando decido qué leer para mi vida devocional.

Leer el libro 7 Disciplinas espirituales para el hombre, escrito por el pastor y misionero Carlos Llambés, fue para mí de gran gozo porque es un libro sobre la disciplina, pero basado en el evangelio. Es como leer un comentario de la Biblia por lo robusto en su contenido. No solo fui confrontado, sino enseñado y al mismo tiempo animado en la Palabra.

Su libro inicia dejando claro que el fundamento de las disciplinas espirituales es el evangelio bíblico. El autor nos presenta siete disciplinas: estar en la presencia del Señor, estar en Su Palabra, estar en oración y ayuno, estar en adoración bíblica al Señor, estar en la iglesia local, estar en el servicio bíblico y estar en la proclamación del evangelio. Al final del libro, el autor presenta una autoevaluación para calificarnos en cada área.

A continuación, cito al escrito capítulo por capítulo y resalto cómo cada capítulo ministró mi vida y me animó con la verdad de las Escrituras.

En la presencia del Señor

“La oración en el hogar debe comenzar con el padre, aunque este no siempre es el caso. Las cabezas de la familia tienen la responsabilidad de cuidar la salud espiritual de sus familias. La oración con la esposa es algo fundamental. Dios dice en Su Palabra que somos una sola carne y, como tal, debemos venir delante de Él unidos en oración” (capítulo 1, En la presencia del Señor).

En un tiempo de individualismo, la urgencia de que los hombres tomemos la tarea dada por Dios de guiar y pastorear a nuestras esposas e hijos es preponderante. El tiempo a solas con el Señor es importante para mi vida como para quienes están a mi alrededor. El autor lo llama “un tiempo emocionante” porque nos reunimos con Dios.

En Su Palabra

“Los efectos que tiene el poder de la Palabra de Dios: la Palabra de Dios tiene el poder de convertir al pecador perdido. La Palabra de Dios tiene el poder de ser la semilla del reino de Dios. La Palabra de Dios tiene el poder de ser suficiente para nuestras necesidades. La Palabra de Dios tiene el poder de juzgarnos en el día final” (capítulo 2, En Su Palabra).

El autor nos enseña que solo podemos fortalecer nuestra relación con Dios y Su Palabra cuando estamos trabajando activamente en crecer en ella. Esto debemos hacerlo intencionalmente, en respuesta a la bondad de Dios al salvarnos. Usualmente lo olvidamos, y es por eso que necesitamos mantenernos en ella.

En la oración bíblica

“Es todo lo que quiero, que el Señor nos sorprenda en la medida que buscamos ser fieles al llamado” (capítulo 3, En la oración bíblica).

Sabemos la necesidad de oración. El léxico del cristiano siempre es: estoy orando hermano. Sin embargo, el autor me confrontó en la necesidad de orar más, con mi esposa y mi familia. De repente, no sabemos como orar en momentos abrumadores, o estamos agobiados por pruebas, y no es inmediato correr a las rodillas, sino a mi sabiduría.

El autor nos da un buen listado de pasajes bíblicos para orar por otros, confesando nuestro pecado, por la salvación de no creyentes, por Su voluntad, por Su gloria, para ser como Jesús. Esto impresionó mi vida, porque la oración que más necesitamos orar es para exaltar Su nombre en nuestros débiles corazones.

Este capítulo también nos provee un listado de oraciones que encontramos en la Palabra, esto me parece magnífico para que no solo meditemos en la Palabra, sino también para que a partir de ellas oremos. Necesitamos orar más las Escrituras, de manera que nos enfoquemos en quién es Dios más que en nuestras necesidades. Como el autor dice: “Dios detesta la oración que no hace caso de la ley”. Esto me confrontó. ¿Qué tan dispuestos estamos a orar y obedecer? Muchas veces solo oramos dejando todo en manos de Dios, pero no accionamos y seguimos en preocupación.

En la iglesia local

“Recordemos que la gran comisión culmina en la gran adoración” (capítulo 5, En la iglesia local).

Esta cita unió el mensaje que se me ha prendido en el corazón: proclamar el evangelio a toda criatura. Aquí, el autor, une de manera magistral la Gran Comisión con el propósito que Colosenses 3:17 indica para nuestra vida: que todo lo que hagamos sea para Su gloria.

Al estudiar Su Palabra estamos adorando. Cuando nos entregamos completamente en espíritu y en verdad estamos adorando al que nos compró. Estamos más tentados a adorar lo creado por causa del pecado, es una tentación diaria. Necesitamos de Su Espíritu que nos lleva a toda verdad, que produce el querer como el hacer en nosotros por Su buena voluntad.

Esto es testimonio a aquellos que nos ven. Si todo lo que hacemos adora a Dios, hablar a otros del mensaje del evangelio, esperando que Él obre, es una gran adoración. Cambia nuestra perspectiva al recordarnos que Él es quien convierte y de nuestra necesidad de adorarle.

En el servicio bíblico

Lo más importante que aprendí en este capítulo es que debo “ser antes que hacer”. Es un gran gusto para mí servir a mis hermanos, pero antes lo hacía poniendo más atención a la estructura. Creo que aún vemos esa actitud en la iglesia cristiana de este tiempo. Enfatizamos equivocadamente lo externo. A veces buscamos la aprobación del hombre.

Los primeros dos mandamientos de los cuáles depende toda la ley son: amar a Dios y a nuestro prójimo. Si éstas dos caminan juntas en el temor del Señor, en oración, para adorarle, vendremos a ser las manos, pies y boca de Dios en la vida de nuestros hermanos.

Conclusión

Este libro no solo está saturado de evangelio y de Su Palabra, sino que tiene a Cristo en el centro. Nos proporciona herramientas valiosas para cada disciplina espiritual. Así como nos recuerda la dependencia de Dios, porque la lucha contra el pecado es constante y real, todos los días.

Lo recomiendo a pastores y líderes, para que recuerden que necesitan apuntar sus prácticas a quien es verdaderamente importante: Jesucristo, quién murió por nuestros pecados y nos reconcilió con Dios. Lo recomiendo al cuerpo de Cristo en el ejercicio de sus disciplinas espirituales, no importando si tiene titulo eclesiástico o no, el llamado es para todos.

Doy gracias a Dios por la oportunidad de leerlo, y recordar cómo debe ser nuestro caminar cristiano en un mundo caído para la gloria de Dios, predicando el evangelio de Cristo.

Doy gracias a Dios por este valioso recurso y por el autor, quien está siendo usado por Dios para expandir Su evangelio.