Cristo ascendió físicamente por nosotros, así como vino a la tierra físicamente por nosotros, y ahora está abogando por nosotros en la presencia de Su Padre, preparando un lugar para nosotros, y también nos envía a Su Espíritu.

Romanos 8:34:

“¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros”.

Comentarios

Por Charles Wesley

¡Levántate, alma mía, levántate!
Sacúdete esos temores llenos de culpa;
Contempla el sacrificio de sangre hecho a mi favor.

Mi seguridad está firme ante el trono;
Mi nombre está escrito en Sus manos.

Él vive en el cielo intercediendo eternamente por mí,

Su amor que todo redime, preciosa sangre derramó.

Su sangre expió toda nuestra raza,
y rocía ahora el trono de la gracia.

Lleva cinco heridas sangrantes, recibidas en el Calvario;

Derraman oraciones eficaces, ruegan mucho por mí:

“¡Perdónalo, oh, perdónalo!”, claman,
“No dejes que muera ese pecador rescatado”.

Mi Dios ha reconciliado: escucho Su voz de perdón.

A Él le pertenezco, Su hijo soy; ya no temeré.
Ahora me acerco con confianza,
Y clamo: “¡Padre, Abba Padre!”.

Por Brayan Chapell

La ascensión es la coronación de Cristo como Rey sobre todas las cosas. Cuando ascendió, mostró que Él conquistó la muerte y que continuaba asumiendo Su lugar de autoridad sobre todo el mundo. Aquel que creó el mundo es Aquel que continúa gobernándolo con Su poderosa palabra.

Ahora, cuando decimos que Cristo gobierna, nos referimos a que en Su ascensión asumió el oficio de Rey que tenía antes de venir a la tierra. Mientras estuvo en la tierra, seguía sosteniendo todas las cosas y cumpliendo todos Sus propósitos, incluyendo Su muerte y resurrección. Pero ahora como Señor ascendido, Él es Señor sobre todo. Es Aquel que controla todas las cosas para que obren para el bien de los que le aman.

Pero Él no es simplemente Rey. Él, en Su ascensión, está intercediendo por nosotros a la diestra del Padre. Él también continúa ejerciendo el oficio de sacerdote, proveyendo lo necesario, como abogacía e intercesión, ante el Padre. A medida que nos arrepentimos de nuestros pecados y le oramos a Dios, nuestros pecados son tomados por el Hijo de Dios, quien actúa como sacerdote a favor nuestro, como Aquel que ahora intercede por nosotros, para que Dios escuche y actúe a favor nuestro.

Jesús no solo está actuando como nuestro Rey y Sacerdote, Él continúa enviando Su Palabra a nuestros corazones mediante la obra de Su Espíritu. Recuerda que el rol del Espíritu Santo es testificar de Cristo. La razón por la que podemos comprender la Palabra de Dios—no solo su lógica, sino su significado—es que el Espíritu Santo que fue enviado por Cristo mismo está abriendo nuestros corazones para escucharla. Esto significa que a medida que la Palabra viene de Cristo y la recibimos por medio de Su Espíritu, Jesús continúa operando como un profeta a favor nuestro, dándonos la Palabra de Dios para que podamos caminar con Él, comprenderlo y entender Su gracia.

Todo esto significa que Cristo en Su ascensión está obrando para nuestro bien en el presente. Él está en control de nuestras circunstancias presentes. Él está abogando por nosotros en nuestras circunstancias actuales. Pero ese no es el final de Su obra.

Como Profeta, Sacerdote y Rey, también está preparando nuestro futuro. Todas las cosas están obrando para llegar a un final divino, una culminación, una consumación de la gloria de Dios por medio de Aquel que gobierna todas las cosas para los propósitos que Él ha diseñado. Él, como Rey, está preparando un lugar para nosotros donde disfrutaremos la gran bendición de Dios. Cuando estemos ante el trono del juicio, como Sacerdote Él se asegurará de que seamos declarados justos delante de Dios mediante la obra purificadora de Su sangre. La naturaleza sacerdotal de Jesús volverá al primer plano cuando nos inclinemos ante el Cordero de Dios, quien mediante Su sangre compró a hombres y mujeres para Dios, de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Cristo también ejerce ese rol sacerdotal al preparar un futuro para nosotros. Y, por medio de Su Espíritu, Él asegurará a todos los que son Suyos. Para que Dios, por Su Espíritu, cumpla Su voluntad no solo en el mundo presente sino también en la eternidad. Por el poder del Espíritu, Él está asegurando todos los propósitos de Dios.

Ese Señor ascendido es Aquel que, al ser Profeta, Sacerdote y Rey, está gobernando sobre nuestro presente y preparando nuestro futuro.

Oración

Salvador intercesor, no has dejado de mostrar compasión por Tu pueblo. Fuiste tentado en todas las maneras posibles y ahora intercedes por nosotros cuando somos tentados. Ruega por nosotros a Tu Padre, pues Tú eres nuestro Abogado ante el juez de toda la tierra. Amén.

Este artículo fue extraído del libro El catecismo de la nueva ciudad publicado por Poiema Publicaciones. Además, puedes leer más artículos sobre este tipo de libros en El Blog de Poiema.