Este es un artículo que he preparado con no poca inquietud. En el pasado, he escrito frecuentemente y con confianza sobre el papel del esposo dentro de su matrimonio y especialmente, sobre la forma en que se resume perfectamente en Efesios 5:33: “Que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo”. Sin embargo, la última vez que escribí sobre esto, una mujer me respondió con una petición: “He leído muchas perspectivas femeninas sobre la segunda mitad de ese versículo, pero nunca una masculina. ¿Podría aportar su perspectiva sobre esta parte: ‘Que la mujer respete a su marido’?”. Decidí aceptar el reto.

Sin embargo, quiero primero decir unas palabras acerca de lo que es el respeto. La Biblia es clara en cuanto a que Dios ha ordenado un modelo de liderazgo y sumisión en el hogar: el marido debe dirigir y la mujer debe someterse voluntariamente a su liderazgo. El “respeto” que encontramos en este versículo es el respeto que se da a alguien en una posición de autoridad. Es un respeto que se debe, no se gana, y está necesariamente relacionado a los patrones de liderazgo y a ser un seguidor del mismo. Es probable que no tengamos un equivalente exacto en español, por lo que las diferentes traducciones lo expresan de distintas maneras como “temor”, “reverencia” o “respeto”. Por consiguiente, un ciudadano debe temer (o reverenciar o respetar) a su presidente, un miembro de la iglesia debe reverenciar (o temer o respetar) a su pastor y una esposa debe respetar (o temer o reverenciar) a su marido. Donde hay autoridad por un lado, debe haber respeto por el otro.

Por lo tanto, en lo que respecta al matrimonio, este tipo de respeto no es simplemente una respuesta de admiración de la esposa a las habilidades o logros de su marido. No es simplemente su reacción positiva a las cosas buenas que él hace o a las diversas formas en que la complace. No es simplemente estar de acuerdo con las decisiones que él toma en nombre de la familia. Más bien, es un medio a través del cual ella cumple proactivamente su papel en la dinámica matrimonial. Es una respuesta a su comprensión del papel que Dios le ha dado en relación con el de su marido. Como dice P.T. O’Brien: “La suya es la respuesta de una persona libre y responsable, que no está condicionada ni se debe a los méritos o a la actuación de su marido. Su respuesta refleja no sólo lo que hace, sino también su actitud al hacerlo”.

Teniendo en cuenta esta distinción crucial, permítanme sugerir algunas formas en que una esposa puede proporcionar este respeto a su marido.

Respeta su liderazgo. En la familia, los esposos están llamados a liderar a sus esposas y las esposas están llamadas a seguir ese liderazgo voluntariamente y con alegría. No se trata de un seguimiento pasivo o mecánico sino de un seguimiento activo y comprometido que aporta y que provee retroalimentación y estímulo. Puedes servir a tu marido respetando el hecho de que Dios le ha llamado a ser el líder de tu hogar. También puedes servirle respetando el tipo de liderazgo que ejerce. Todo líder a veces toma malas decisiones y tu marido no será una excepción. A veces tomará decisiones ridículas o peor aún, egoístas. A veces dirigirá de forma difícil de seguir. Te aseguro que tu marido siente el peso de este liderazgo, que se siente inadecuado para la tarea, que lamenta sus errores y que anhela tu participación y afirmación. Motívalo a que asuma su papel de líder y anímalo cuando lo cumpla.

Respeta su masculinidad. Parte de la condición de todo ser humano pecador es el deseo de que otras personas sean como nosotros. Después de todo, tenemos un profundo amor propio y estamos convencidos de que los demás serían más encantadores si simplemente se parecieran más a nosotros. Cuando se aplica al matrimonio, esto puede hacer que el marido quiera que su mujer se comporte de forma esencialmente masculina y que la mujer esté resentida con su marido por no comportarse de forma femenina. Nos cuesta respetar, disfrutar y celebrar las diferencias entre los sexos ordenadas por Dios. Una manera de respetar a tu marido es respetando su masculinidad al acoger, en lugar de envidiar, los rasgos distintivos de su masculinidad. Es poco probable que se comunique de la misma forma y quizás en la misma medida en que tú y tus amigas. Es probable que quiera experimentar la intimidad sexual para sentir la cercanía relacional en lugar de querer experimentar la cercanía relacional para disfrutar de la intimidad sexual. Es probable que se apresure a entrar en acción para solucionar los problemas que se le presenten. Estos son indicadores de la masculinidad que hay que celebrar en lugar de resentir.

Respeta su provisión. En la mayoría de los casos, el marido asumirá el papel principal de proveedor. En todos los casos, es él quien es el principal responsable ante Dios de garantizar que las necesidades de la familia estén cubiertas (véase 1 Timoteo 5:8; 2 Tesalonicenses 3:10). Es tentador comparar los roles tradicionales asignados al esposo y a la esposa y proponer cuál es más importante o difícil. Esta comparación no sirve de mucho. Es mucho mejor alabar y honrar al otro por asumir fielmente los roles que han acordado. Una forma de respetar a tu marido es respetando su provisión, expresando gratitud porque provee y admiración por cómo lo hace. Es fácil resentir las largas horas que dedica a su vocación y envidiarle la energía que en ello utiliza. Es mejor ser agradecido y animarle a maximizar el despliegue de sus dones y talentos al servicio de los demás. ¿Le has dado las gracias a tu marido por su provisión? Significará mucho para él si lo haces.

Respeta su nombre. La mujer de Proverbios 31 sirve de modelo para cualquier esposa y madre. Su compromiso, su creatividad, su laboriosidad y su auténtica piedad son admirables, no sólo porque le costaron una buena reputación sino porque también contribuyeron a la de su marido. “Su marido es conocido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra” (Proverbios 31:23). No es de extrañar, pues, que la alabe con estas palabras: “Muchas mujeres han obrado con nobleza, pero tú las superas a todas” (29). El buen nombre del marido era inseparable de la excelencia de la esposa. Puedes respetar a tu marido respetando y mejorando su reputación. Para ello, tendrás que comprometerte a hablar bien de él en lugar de hablar mal de él. Tendrás que hablar con orgullo de sus logros en lugar de quejarte de sus fracasos. Respetar la reputación de tu marido es respetar quién y qué es.

Respeta su forma de criar a los hijos. Muchas mujeres se sorprenden y quizás se perturban por la forma en que sus maridos se relacionan con sus hijos. Sin embargo, es importante darse cuenta de que un padre no va a criar como una madre. Tampoco se espera que lo haga. La razón por la que un niño se desarrolla bajo el cuidado de un padre y de una madre no es simplemente porque tiene el doble de ojos sobre él, sino porque experimenta la disciplina y la instrucción en sus dos formas, la materna y la paterna. Un niño se desenvuelve mejor con el amor claramente femenino de una madre y el amor claramente masculino de un padre. Puedes respetar a tu marido respetando las distintas formas en que se relacionará con los hijos como un padre y no como una segunda madre.

Respeta sus logros. Pocos hombres van por la vida con una sensación de confianza en sus logros. Gran parte de lo que hacemos parece efímero y sin importancia, sobre todo si nos detenemos a compararnos con los demás. Otra forma de respetar a tu marido es respetando sus logros, enorgulleciéndote de lo que ha hecho y afirmando sus esfuerzos. No puedes subestimar la inseguridad que hay en el corazón de casi todos los hombres. De hecho, puedes asumir que su comportamiento varonil es, al menos en parte, una compensación por su falta de confianza. Déjame asegurarte que los hombres quieren oír: “bien hecho”. Queremos oírlo de nuestros padres, mentores, figuras de autoridad y otras personas a las que queremos y respetamos. Pero podemos prescindir de todo eso si lo escuchamos de nuestras esposas. Tu marido anhela tu afirmación. Tu marido quiere que te deleites en sus logros, que le alivies en sus fracasos, que te alegres con él en sus éxitos. Para él no hay ningún elogio más importante que el tuyo.

De estas maneras y de muchas más, puedes asumir ese papel proactivo de respetar a tu marido. Me identifico con la forma en que Bryan Chapell habla de esto en su matrimonio: “Ha habido momentos en mi vida en los que sentí que las únicas cosas significativas que podía reclamar como propias eran el respeto y el amor de mi esposa”. Puede que no fuera mucho, pero era suficiente. Podía enfrentarse al descrédito ante los ojos de los demás si sólo tenía el respeto de su mujer. Podía soportar el desprecio de los demás si contaba con el amor y el respeto de su esposa. Sospecho que tu marido es igual.