Cuando Jonathan Edwards tenía 17 años, su prioridad en la vida era disertar sobre temas científicos como la refracción de la luz, la óptica, la circulación de la sangre y la atmósfera, entre otros. Él llamaba a esos temas “Filosofía natural”. Quizás quería ganar para sí un nombre como gran científico en Europa.[1] De repente, todo cambió. “Sus escritos bíblicos llegaron a ser, por primera vez, el interés que todo lo absorbía en su vida”.[2] ¿Qué cambió sus prioridades e intereses? Su conversión a Cristo. Así fue como él explicó esa experiencia:

El primer ejemplo que recuerdo de esa clase de dulce deleite interior en Dios y en las cosas divinas, que he vivido mucho desde entonces, fue al leer esas palabras [en] 1 Timoteo 1:17: “al Rey eterno, inmortal, invisible, único Dios, a Él sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén”. Mientras leía esas palabras, llegó a mi alma, y fue como si se difundiera por ella, un sentido de la gloria del Ser Divino; un sentido nuevo, muy diferente de cualquier cosa que hubiera experimentado antes. Ninguna palabra de las Escrituras me había parecido semejante a estas palabras. Pensaba para mí, ¡qué excelente es ese Ser, y qué feliz sería, si pudiera disfrutar de ese Dios, y ser arrebatado hacia Él en el cielo; y ser, por así decirlo, absorbido en Él para siempre![3]

Lo expresado por Edwards es llamado regeneración (Tito 3:5) o nuevo nacimiento (Juan 3:3). Lo que es posible por la acción del Espíritu Santo, por medio de la cual pasas de muerte a vida espiritual (Efesios 2:1), de las tinieblas a la luz de Dios (1 Pedro 2:9). Este evento irrepetible y transformador, cambia tus pensamientos, metas, deseos, voluntad y afectos. Tu vida no continúa siendo la misma. Quizás no te suceda exactamente como le sucedió a Edwards —a los 17 años de edad, mientras leía 1 Timoteo 1:17, después de recibir la influencia de sus piadosos padres y abuelos—, pero sí experimentarás un cambio. La persona que tiene un encuentro con Dios por medio de Cristo, es transformada.

En sus “Resoluciones” podemos notar que Edwards no quería que ningún área de su vida fuera dejada a sus impulsos o pasiones. Él tomó decisiones acerca del uso de su tiempo (resolución #5), su estudio (#11), su dieta (#20, #40), la lectura de las Escrituras (#28), sus motivaciones (#23, #24), sus relaciones con otras personas (#14), sus comentarios acerca de otras personas (#16, #31, #36), el uso del día del Señor (#38) y su relación con sus padres (#46). Steven Lawson comenta:

Ningún aspecto de su vida quedó sin ser examinado: la comida, la bebida, el sueño, el ejercicio, el estudio de las Escrituras, la lectura teológica, la meditación, la oración, la adoración y sus afectos. En todo esto, Edwards se informaba cuidadosa y regularmente sobre su progreso y los cambios necesarios. A través de la disciplina personal, Edwards trató de hacer que la búsqueda de la gloria de Dios fuera concreta y específica en su vida. ¿Es de extrañar, dado tan firme dominio propio, que Dios usara tanto a Edwards?[4]

Los Juegos Ístmicos en Corinto

¿Estaba Edwards exagerando? ¿Estaba llevando las cosas demasiado lejos con sus resoluciones? Podemos estar seguros que ese no fue el caso. Jonathan Edwards estaba en la misma línea de batalla que el apóstol Pablo, quien escribió:

¿No saben que los que corren en el estadio, todos en verdad corren, pero solo uno obtiene el premio? Corran de tal modo que ganen. Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Por tanto, yo de esta manera corro, no como sin tener meta; de esta manera peleo, no como dando golpes al aire, sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado (1 Corintios 9:24-27).

La ciudad de Corinto era anfitriona de los Juegos Ístmicos, el segundo gran evento deportivo en el Imperio Romano del primer siglo (el otro evento eran los Juegos Olímpicos). Seguramente, la iglesia corintia estaba familiarizada con este evento que opacaba el resto de actividades de la ciudad mientras sucedía.

¿Cuál es el punto de Pablo? Él está usando una imagen conocida para explicar a la iglesia en Corinto que en la vida cristiana, al igual que en las disciplinas de carrera y boxeo, el dominio propio es indispensable. Los que compiten se abstienen de todo (1 Corintios 9:25). Si un joven quería competir en los Juegos Ístmicos, no podía vivir a su antojo, comer según su deseo del momento, dormir a la hora que quisiera, ni hacer los ejercicios solamente si sentía el gusto por ellos. Más bien, voluntariamente, se negaba ciertas cosas para lograr otras.

Sin sacrificio y dominio propio no hay victoria ni éxito en el deporte. Ni en la vida cristiana o en el ministerio. El pastor John MacArthur nos ayuda a ver la conexión que Pablo hace entre los atletas que competían en los Juegos Ístmicos y la vida cristiana:

Si un atleta quiere triunfar tiene que limitar voluntariamente, y a menudo severamente, su libertad. Su sueño, dieta y ejercicios no están determinados por sus derechos o por sus sentimientos, sino por las exigencias de su entrenamiento… La disciplina y dominio propio de los atletas es una reprensión para los cristianos a medias y fuera de forma que no hacen nada para prepararse a sí mismos con el fin de dar testimonio a los perdidos, y en consecuencia rara vez lo hacen.[5]

¿Estaba exagerando Jonathan Edwards con sus resoluciones? ¿Estaba llevando las cosas al extremo? Según las Escrituras, no. Pablo le da la razón. El apóstol dice que hace que su cuerpo sea su “esclavo” (1 Corintios 9:27). Esta es la imagen del “vencedor que conduce al vencido como cautivo y esclavo”.[6] Pablo no era esclavo de su cuerpo, complaciéndolo en cada deseo. Su cuerpo era su esclavo. Su cuerpo estaba bajo control.

Por supuesto, no demonizamos la comida, ni la bebida, ni los placeres físicos que Dios ha creado para que los disfrutemos. Solo los falsos maestros prohíben el matrimonio y el consumo de ciertos alimentos (1 Timoteo 4:1-3). “Todo lo creado por Dios es bueno y nada se debe rechazar si se recibe con acción de gracias; porque es santificado mediante la palabra de Dios y la oración” (1 Timoteo 4:4-5). El punto aquí no es hacer una lista de comidas y actividades prohibidas. Más bien, el énfasis cae en la necesidad del dominio propio para la vida cristiana y el ministerio.

Definición

En el Antiguo Testamento, una de las palabras que se usan para referirse al dominio propio es מַעְצָר (mǎʿ·ṣār). Por ejemplo, en Proverbios 25:28 leemos: “Como ciudad invadida y sin murallas es el hombre que no domina [mǎʿ·ṣār] su espíritu” (énfasis añadido). Esta palabra se refiere a “restricción, templanza, moderación, es decir, lo que es un obstáculo o inhibidor para la realización de un acto… el ejercicio del control sobre los deseos y las acciones del yo”.[7] Pudiéramos decir que esta palabra nos da la imagen de un “freno” sin el cual un hombre es “como ciudad invadida y sin murallas”.

En los días de Salomón, la característica más importante de una ciudad era su muralla, la que brindaba protección, defensa, estabilidad, paz y seguridad. Sin una muralla, la ciudad estaba expuesta a toda clase de peligros,[8] como lo fue en el caso de Jericó: sus murallas cayeron y toda la ciudad fue destruida (Josué 6). El punto de este proverbio es claro: un hombre sin dominio propio es necio porque queda indefenso, expuesto a toda clase de peligros. Matthew Henry dice: “Todo lo que es bueno se va y lo abandona; todo lo que es malo irrumpe en él”.[9] El dominio propio es defensa propia.[10]

En la Biblia tenemos varios ejemplos de personas que eran “como ciudad invadida y sin murallas”. En Génesis 49, Israel está hablando a sus hijos antes de morir y dice de Rubén: “Incontrolable como el agua, no tendrás preeminencia, porque subiste a la cama de tu padre” (v. 4, énfasis añadido). Rubén no tuvo dominio propio en su sexualidad. Pero él fue rebasado por Salomón quien escribió: “de todo cuanto mis ojos deseaban, nada les negué, ni privé a mi corazón de ningún placer” (Eclesiastés 2:10). Esas palabras son el antónimo absoluto del dominio propio. Salomón no hizo ningún juicio moral acerca de sus deseos, solo los complació. Comida, bebida, sexo, dinero, estudios, construcciones, proyectos. Él hizo todo lo que quiso.

En el Nuevo Testamento, una de las palabras que se usan para referirse al dominio propio es ἐγκράτεια (enkrateia), por ejemplo, en Gálatas 5:23 donde leemos que el “dominio propio” es un aspecto del fruto del Espíritu Santo, y en 2 Pedro 1:6 donde se nos manda añadir “al conocimiento, dominio propio”. Esta palabra y sus cognados derivan “su sentido de la raíz κρατ- [krat-] que denota poder o señorío. Así… ἐγκράτεια [enkrateia] significa «dominio sobre el yo o sobre algo», con los matices de ‘firmeza’ y ‘templanza’”.[11]

Considerando toda la enseñanza bíblica acerca del tema, Alistair Begg nos da esta definición: “El dominio propio es la habilidad empoderada por el Espíritu Santo y guiada por la Palabra de evitar excesos y mantenerse en los límites dados por Dios, de manera que obedezcamos las Escrituras y cultivemos la aptitud de vivir considerada y cuidadosamente haciendo lo correcto a pesar de nuestros deseos”.[12]

El llamado de Jesús a seguirlo incluye el concepto de negación: “Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lucas 9:23, énfasis añadido). John Piper escribe: “Cada día nuestro ‘yo’ produce deseos que deben ser ‘negados’ o ‘controlados’”.[13] El llamado de Jesús es a una vida donde Sus deseos tienen prominencia sobre nuestros deseos, donde la autocomplacencia no funciona como regla suprema de vida. Pablo dijo que Cristo murió “para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:15, énfasis añadido).

El objetivo de Pablo

Pablo escribe la carta a Tito, quien estaba sirviendo a las iglesias de Creta. Las personas en esa isla tenían cierta mala fama: “Los cretenses son siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos” (Tito 1:12). Tal parecía que los habitantes ahí no valoraban el dominio propio o cualquier cosa que se le pareciera. Y los creyentes de las iglesias que lideraba Tito tenían ese trasfondo. Por eso Pablo hace hincapié en el dominio propio:

  • Cada pastor sirviendo en una iglesia local debe ser “dueño de sí mismo” (Tito 1:8).[14]
  • Los hombres mayores en edad “deben ser sobrios… prudentes” (Tito 2:2).[15]
  • Las mujeres mayores en edad no deben ser “esclavas de mucho vino” (Tito 2:3).[16]
  • Las mujeres mayores en edad deben enseñar a las jóvenes “a que sean prudentes” (Tito 2:4-5).[17]
  • Los jóvenes deben ser exhortados a ser “prudentes” (2:6).[18]

El dominio propio permea toda la carta a Tito. Pero Pablo va mucho más allá. Él no solamente afirma: “Solo di no a tus deseos”. Si Pablo se quedara ahí, no estaría hablando como cristiano, estaría hablando como cualquier filósofo griego de antaño (Platón y Aristóteles desarrollaron el tema del dominio propio en sus escritos como una virtud a cultivar) o como un padre desesperado diciéndole a su hijo que deje cierto comportamiento. “Solo contrólate” no es un mandato evangélico, y Pablo lo sabe. Por ello, continúa esa sección de la carta con las siguientes palabras:

Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús. Él se dio por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Sí un pueblo para posesión Suya, celoso de buenas obras (Tito 2:11-14).

En estos versículos encontramos al menos tres motivaciones para ejercer el dominio propio:

La gracia de Dios que nos garantiza el perdón de Dios y Su poder en esta batalla (1 Juan 1:9).

La segunda venida de Cristo que nos recuerda que la batalla contra el pecado tiene fecha de vencimiento. Esta lucha no durará para siempre (1 Juan 3:2).

La obra de Cristo en la cruz por nosotros que nos garantiza el perdón de Dios por cada vez que hemos dicho “Sí” a nuestros deseos pecaminosos (Colosenses 2:13-14).

Bienvenido a la lucha

En esta serie de artículos queremos invitar a todos los hombres cristianos a la línea de batalla junto con el apóstol Pablo y Jonathan Edwards. No es exagerado negarnos a nosotros mismos y seguir a Jesús. Ese es Su llamado a todo aquel que le siga. Vivamos como hombres renovados ejerciendo el dominio propio en cada área de nuestra vida en el poder del Espíritu Santo, para la gloria de Dios y para nuestro gozo.


[1] Iain H. Murray, Jonathan Edwards: A New Biography [Jonathan Edwards: una nueva biografía] (Carlisle, PA: The Banner of Truth Trust, 1987), 42.

[2] Ibid.

[3] Ibid., 35.

[4] Steven J. Lawson, The Unwavering Resolve of Jonathan Edwards [La inquebrantable resolución de Jonathan Edwards] (Lake Mary, FL: Reformation Trust, 2008), 119. Énfasis añadido.

[5] John MacArthur, 1 y 2 Corintios, trans. Daniel Andrés Díaz Pachón, vol. 1, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento (Grand Rapids, MI: Editorial Portavoz, 2015), 254.

[6] A.T. Robertson, Word Pictures in the New Testament [Imágenes de palabras en el Nuevo Testamento] (Nashville, TN: Broadman Press, 1933), 1 Co 9:27.

[7] James Swanson, Dictionary of Biblical Languages with Semantic Domains: Hebrew [Diccionario de idiomas bíblicos con dominios semánticos: Hebreo] (Old Testament) (Oak Harbor: Logos Research Systems, Inc., 1997).

[8] Bruce K. Waltke, The Book of Proverbs, Chapters 15–31, The New International Commentary on the Old Testament [El libro de Proverbios, capítulos 15-31, El Nuevo Comentario Internacional del Antiguo Testamento] (Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 2005), 344.

[9] Matthew Henry, Matthew Henry’s commentary on the whole Bible [Comentario de Matthew Henry sobre toda la Biblia] (Peabody: Hendrickson, 1994), 1013.

[10] Paul E. Koptak, Proverbs, The NIV Application Commentary [Proverbios, El Comentario de Aplicación NVI] (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2003), 582.

[11] Gerhard Kittel, Gerhard Friedrich, y Geoffrey W. Bromiley, Compendio del diccionario teológico del Nuevo Testamento (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2002), 196.

[12] https://www.truthforlife.org/resources/sermon/self-control-galatians/. Consultado el 17 de enero de 2022.

[13] John Piper, https://www.desiringgod.org/articles/the-fierce-fruit-of-self-control. Consultado el 17 de enero de 2022.

[14] La palabra usada aquí es ἐγκρατῆ (enkratē), cognado de la palabra ἐγκράτεια (enkrateia) que discutimos anteriormente.

[15] La palabra “sobrio” es la traducción de νηφαλίους (nefalíous), la cual se refiere a alguien moderado, es decir, que ejerce control sobre sí mismo. Y la palabra “prudente” es la traducción de σώφρονας (sôfronas) que significa literalmente: “que se domina a sí mismo”.

[16] Lo cual implica dominio propio: las mujeres no deben dejarse esclavizar de ninguna sustancia alcohólica. Ellas deben gobernar sus deseos.

[17] La palabra “prudentes” es la traducción de σώφρονας (sôfronas), la misma palabra usada en Tito 2:2 en referencia a los hombres mayores en edad.

[18] La palabra “prudentes” es la traducción de σωφρονεῖν (sofroneín), la misma palabra usada en Tito 2:2 en referencia a los hombres mayores en edad y en Tito 2:5 en referencia a las mujeres jóvenes.