Cuando un miembro de la iglesia confiesa por primera vez haber consumido pornografía, por lo general, se siente aliviado de admitir su batalla y buscar ayuda en su lucha. Y con toda razón, puesto que ha dado el primer paso extremadamente necesario en el largo camino hacia la santidad.

Como pastores, ¿cómo deberíamos aconsejar a los miembros de nuestra congregación en esta conversación inicial?

1. Recuérdales su identidad

Jesús dice: «Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt. 5:8). El pecado sexual invierte por completo esta bendición: «Malditos los de impuro corazón, porque ellos no verán a Dios».

La pornografía nubla la visión que un cristiano tiene de Dios y lo lleva a sentir que está completamente alejado de Él. En otras palabras, podemos asumir que están exhaustos de cargar con la culpa y la vergüenza asociada con alimentar su lujuria. Así que, como sus pastores, deberíamos recordarles que «ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús» (Ro. 8:1).

Al mismo tiempo, no debemos minimizar el pecado. Merece toda la ira de Dios. Sin embargo, para el cristiano, Cristo bebió la copa llena de la ira de Dios, hasta la última gota. Murió por los pecados de Su pueblo, y tres días después dejó la lujuria y el consumo de pornografía de este creyente en la tumba cuando resucitó, victorioso. Por esta razón, Pablo dice a todos los que están en Cristo: «Hermanos, deudores somos, no a la carne» (Ro. 8:12). Además, Dios ha dado Su Espíritu para esclarecer la visión nublada de los cristianos al recordarles que en Cristo pueden clamar: «¡Abba, Padre!» (Ro. 8:15).

Como pastores, lo más importante que podemos hacer es recordarle a los miembros de nuestra iglesia que enfrentan esta lucha, que son hijos de Dios con un Padre perfecto que los ama lo suficiente como para disciplinarlos a fin de que puedan huir de toda clase de inmoralidad sexual y procurar la libertad de la santidad personal.

Pero la santidad no es algo que simplemente sucede. Por la gracia de Dios y al depender del poder del Espíritu, debemos trabajar en pro de ella. Por esta razón, luego de recordarles su inalterable identidad en Cristo, también debemos brindar pasos prácticos a los miembros de nuestra iglesia.

2. Evalúa la intensidad de la batalla

Para ayudarles a establecer un plan adecuado para dar muerte a este pecado, necesitamos saber cuánto tiempo se ha estado desarrollando (décadas, años, meses, etc.), con qué frecuencia (mensual, semanal, a diario, etc.), y cuánto tiempo (unos minutos a la vez, una hora o más, etc.). Lamentablemente, por lo general, es sabio preguntar qué clase de pornografía consumen: ¿heterosexual, homosexual, algo relacionado con niños o jóvenes?

Esta información nos ayudará como sus pastores a identificar una adicción y a discernir si se requiere algún tipo de ayuda específica.

3. Establece un plan de rendición de cuentas para la batalla

El Espíritu ha puesto a estos cristianos en particular bajo nuestro cuidado, pero también bajo el cuidado de sus hermanos y hermanas. Después de confesar este pecado, deben encontrar a uno o dos santos antes los cuales rendir cuentas de manera regular. Si no conocen a nadie, ayúdales a encontrar a alguien. Es absolutamente necesario involucrar a otros tanto para la rendición de cuentas como para la oración.

4. Establece un plan de acción para la batalla

El Espíritu convence a los cristianos de pecado para que dejen de ocultarse en la oscuridad y, en cambio, caminen hacia a la luz. La confesión inicial es solo el inicio de este proceso, y aunque será aleccionadora, emocional y quizá incluso vergonzosa, no necesariamente cambia el corazón.

Avanzando, los ayudaremos añadiendo barreras que los desanimen de alimentar su lujuria. Usualmente recomiendo un software como Covenant Eyes, y luego les pregunto si puedo ajustar sus permisos de visualización en sus teléfonos con una contraseña que solo yo conozco. Tal vez necesitan deshacerse de su acceso privado a Internet por completo. Situaciones diferentes ameritan respuestas diferentes. Pero como sus pastores, debemos brindarles los siguientes pasos prácticos incluso cuando les enseñamos que necesitan algo más que un simple cambio de conducta.

5. Aborda el corazón de la batalla

Existen muchos libros buenos para ayudar a los santos a arrancar de raíz el pecado sexual. Uno de mis favoritos es Ni aún se nombre de Joshua Harris. Pero más que un libro, deberíamos alentarlos a memorizar la Palabra de Dios, especialmente versículos como Mateo 5:8, 1 Corintios 10:13 y Romanos 8:13.

Si la persona que confiesa el uso de la pornografía está casada, debemos asegurarnos de cuidar de su cónyuge y de priorizar el matrimonio. Si una persona confiesa un patrón de mirar pornografía, por lo general, le animo a contarle a su cónyuge, al menos una vez. Luego puede decidir junto con su cónyuge qué hacer en el fututo. Algunos cónyuges prefieren, después de la confesión inicial, que un hombre se confiese con un amigo de confianza.

Dependiendo de la información recopilada en esta primera reunión, podemos comprometernos a algunas reuniones más y luego delegar el seguimiento principal a un compañero de rendición de cuentas mientras seguimos en contacto cada cierto tiempo.

Si hay una adicción obvia, se debería buscar ayuda externa para complementar el proceso de discipulado. Pero en los momentos posteriores a la primera confesión de esta batalla, mi objetivo principal es recordarles su identidad en Cristo y su responsabilidad de librar la guerra contra la lujuria. Es entonces cuando busco equiparlos con algunos pasos de acción.

Escrito por Clint Darst es el pastor líder de King’s Cross Church, Greensboro, North Carolina, Estados Unidos.

Este artículo fue publicado en español originalmente en Coalición por el Evangelio. Usado con permiso.


Publicado también en la Revista 9Marcas #9 | El Cristiano, La Iglesia Local y la Pornografía | Puedes descargarla gratis aquí