Una de las preguntas más comunes que hacemos como esposas de pastores es: ¿Cuál es mi ministerio ahora? Esta es una pregunta recurrente en nuestras mentes y también una inquietud periódica para toda la iglesia. Tristemente la falta de conocimiento bíblico y la escasez de modelos en la congregación, ha generado falsas expectativas acerca de lo que debe hacer la esposa de un ministro cristiano.

No es un secreto para nadie que, como la esposa del pastor tenemos presiones continuas. Las expectativas de la congregación junto con nuestras propias demandas, pueden crear un caldo de cultivo para la ansiedad y el estrés. Nuestra vida está expuesta como un libro abierto para todas las personas, y querámoslo o no, la esposa del pastor siempre será un referente para el resto de las mujeres de la congregación. Y esto, en un sentido es una gran bendición, pues Dios permite que nuestras vidas sean usadas para moldear a otras mujeres; este es un privilegio por el cual vale la pena pagar el precio.

Lo que vuelve complicado todo este asunto, es que no existe ni un solo versículo Bíblico donde se den instrucciones acerca del “ministerio”, o “el don” de ser esposa de pastor. Y la sencilla razón de por qué no existe este versículo, es porque ser esposa de pastor no es un ministerio, ni un don espiritual.

La Biblia en ningún lugar da mandamientos específicos en referencia a las funciones de la esposa de un anciano en una congregación cristiana. Estoy convencida de que esta es una de las razones por las cuales las personas tienden a completar el aparente vacío bíblico con las expectativas deseadas. Algunos pueden soñar con que la esposa del pastor toque el piano en la alabanza, otros anhelan que dirija el ministerio de mujeres, otras creen que ella debe ser la directora de los eventos que hace la congregación.

Una verdad reveladora que puede cambiar la vida de muchas esposas de pastores, es saber que Dios demanda de ellas lo que demanda de cualquier otra mujer cristiana en la congregación. Por su puesto, la esposa del pastor debe ser una mujer madura en la fe, pues su testimonio puede afectar las calificaciones de su marido para ser pastor. Sin embargo, las tareas y funciones que una esposa de pastor debe desarrollar en la iglesia, deben estar basadas en los dones y habilidades que Dios le ha dado y no en las expectativas poco realistas que la congregación demande de ella.

He tenido el privilegio estar rodeada de esposas de pastores fieles, y eso me ha permitido forjar una visión más clara acerca de mi tarea. Me impacta cómo cada una, aunque con personalidades diferentes, cumple de manera excelente su rol. No todas desarrollan los mismos ministerios ni tareas, pues cada una está en etapas diferentes de la vida, y también tienen dones diferentes. Es bajo estos modelos y de la instrucción bíblica, que en esta ocasión quisiera compartir contigo algunos principios que debes tener en cuenta si eres la esposa de un pastor o si lo serás en un futuro.

Sé la ayuda idónea de tu esposo

Eres la ayuda idónea de tu esposo, así que enfócate en orar por él y ayúdale a cumplir los requisitos establecidos en 1 Tim 3:1-7 y en Tito 1:5-9. Trabaja para que tu familia sea hospedadora (1 Ped 4:9), procura tener un hogar apacible, cuida a tus hijos mostrándoles la importancia del llamado que tiene su padre.

No te quejes del tiempo que él invierte en el ministerio y más bien muéstrale a tus hijos que Dios ha llamado a su papá a una misión muy especial y que como familia están para apoyarle. Eres hija de Dios, y a medida que seas mejor hija de Dios, serás mejor esposa y madre.

Que tu relación con Dios no sea una preocupación para tu esposo. Ciertamente él debe pastorearte con cuidado, pero al mismo tiempo, tú debes enfocarte en tu devoción personal diaria. Como la mujer de proverbios 31, en ella está confiado su marido, y esto es por la íntima relación que ella tiene con su Dios.

Ama a la iglesia

El Señor nos habla en múltiples versículos acerca de la relación que hay entre el amor que tenemos hacia los hermanos y la verdadera salvación (1 Jn 4:20). Él ya ha derramado todo Su amor sobre nosotras para que podamos darlo así mismo a los demás (Rom 5:5). Al mismo tiempo, en la iglesia todos los creyentes estamos expuestos a críticas, aunque no somos esclavas del pecado seguimos pecando; pero más que cualquier otro hermano de la iglesia, el pastor y su familia están expuestos a la crítica.

En ocasiones, las personas esperan del pastor y su familia la perfección absoluta y ciertamente es doloroso escuchar cuando murmuran de él, más aún cuando estas críticas no son verdaderas, pues como familia somos testigos directos del esfuerzo y el amor que nuestro esposo dedica al ministerio.

Amar a la iglesia es tu arma en contra de la crítica, recuerda que el amor cubre multitud de pecados (1Ped 4:8). Con amor puedes soportarlo todo (1 Cor 13:7) y vas a querer servir de mejor manera. Tu mente no meditará en los malos comentarios sino que siempre preferirás glorificar al Señor. Recuerda que no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas (Heb 4:15). Ve al Señor y pídele que te ejercite en el amor, finalmente serás tú la que puedes animar o desalentar a tu esposo en tiempos de decepción y crisis.

No busques la recompensa de los hombres sino la de Dios.

No permitas que el temor al hombre domine tu vida y haga que actúes tratando de cumplir las expectativas de los hombres que muchas veces pueden estar equivocadas. Dedícate en cumplir las expectativas de Dios, que el Señor te diga al final del tiempo “Bien, sierva buena y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mt. 25:23), qué mejor bendición que la recompensa sea dada por el rey de reyes y el príncipe de los pastores.

Ora incansablemente.

Tú eres parte esencial en el ministerio de tu esposo. Tal vez no puedas hacer algunas cosas porque tienes hijos pequeños en casa, no tienes el don para estar en alabanza o en algunas otras tareas de la congregación; sin embargo, algo que puedes hacer sin límites, es orar por tu esposo. Ora por su ministerio de consejería, por su predicación, por los miembros de la iglesia, por sabiduría, por fuerza y salud física para él.

Ora para que él cultive también una vida de oración, por que no se desvíe de la fe, y por todo lo que necesita para ejercer el pastorado. Toma lista de los requisitos del pastor en Timoteo y Tito y ora para que el Señor le dé capacidad para cumplir cada uno de ellos; y cuando te sientas cansada y agotada, ora con más fuerza porque el Señor da gracia sobreabundante en medio de la debilidad.

Descansa en la gracia del Señor.

Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela la guardia. Es en vano que os levantéis de madrugada, que os acostéis tarde, que comáis el pan de afanosa labor, pues El da a su amado aun mientras duerme” (Sal. 127:1-2)

Mi querida hermana, solo descansando en la gracia del Señor podemos ser la ayuda idónea que nuestro esposo necesita. Descansa y depende de Él, búscalo diariamente. No sirve de nada que te llenes de cosas y busques ser la perfecta esposa del pastor sin la gracia de Dios, pues en vano trabajarás. Es el Señor quien en Su misericordia nos dará las fuerzas, la sabiduría, el ánimo, el aliento, la protección, el amor y múltiples recursos más para desarrollar con éxito el hermoso llamado de ser la esposa de un pastor.