Cada vez que enseño el libro de Hebreos me hacen dos preguntas. Seguramente, puedes adivinarlas. (1) «¿Quién escribió Hebreos?» Esa siempre es la primera.  Y (2) «¿Qué deberíamos hacer con los pasajes de advertencia? ¿Acaso Hebreos enseña que los creyentes pueden perder su salvación?». Después de todo, la carta lanza advertencias tales como: «Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados, sino cierta horrenda expectación de juicio, y la furia de un fuego que ha de consumir a los adversarios» (Hebreos 10:26-27). ¿Quién de nosotros no ha sentido el aguijón punzante de un texto así? Y tal precaución es sólo una de las cinco que se encuentran en el libro. (Ver  2:1–4; 3:7–4:13; 6:4–8; 12:25–29).

Tres estrategias

Lamentablemente, no creo que podamos profundizar mucho en la respuesta de la primera pregunta (si deseas hacer el intento, ver aquí. [artículo en inglés]), pero sí creo que podremos profundizar más con la segunda. Con esto en mente , quiero proponer tres estrategias que nos ayudarán a leer las advertencias de Hebreos de manera adecuada . En primer lugar, bosquejaré cada una de las estrategias, luego las repasaré y concluiré con una reflexión con la ayuda que cada una de ellas nos provee. 

Lee las advertencias de Hebreos a la luz de su estructura

El libro de Hebreos es difícil de simplificar. Es distinto a las otras cartas del Nuevo Testamento. Por ejemplo, Pablo suele fundamentar sus argumentos primero y luego anuncia la aplicación a su audiencia. Por tanto, en Efesios 1-3 recibimos el argumento y luego en Efesios 4-6 recién pasamos a la aplicación. Sin embargo, Hebreos tiene un tinte diferente. La carta va y viene entre el argumento y la aplicación. En otras palabras, refleja los géneros conocidos como expositivo y exhortativo. El autor se muestra como un predicador que se detiene para aplicar cada uno de los puntos principales. Esta es una estrategia retórica eficaz, pero también hace que el flujo de la carta sea difícil de seguir, impidiéndonos ver claramente el desarrollo lógico de su argumento y haciéndonos sentir el duro peso de sus aplicaciones.

Por ejemplo, podemos tener dificultades para ver las conexiones entre lo que Hebreos dice del «mundo» en el que entró Jesús en 1:6 y de que Dios se sujetó a los humanos en 2:5. Acá, Hebreos nos da una pista, diciéndonos que el «mundo» en 2:5 es aquel «del cual estamos hablando», pero a su vez, el autor también interrumpe su argumento con una advertencia ―la primera de ellas (2:1-4)― exhortándonos, que si no somos cuidadosos, podemos descarriarnos. Podremos encontrar otros ejemplos así con facilidad (ver menciones de Melquisedec en 5:1-10 y 7:1-10, a la luz de la exhortación en 5:11-6:20).

El punto es que la estructura de Hebreos nos invita a leerla no sólo de principio a fin, sino «género-por-género» o, en otras palabras,«lado-a-lado»; de lo contrario, corremos el riesgo de malinterpretar su teología y perder su enfoque pastoral.

Lee las advertencias de Hebreos a la luz de su línea histórica

De principio a fin, es claro que el libro de Hebreos cuenta la historia de la Biblia, es decir, la gran historia de la redención. Se nota esto con una simple leída en la los titulos que se han puesto en sus capítulos. Página tras página, Hebreos está impregnado con citas del Antiguo Testamento: una de ellas es la más larga en el Nuevo Testamento (ver Jeremías 31:31-34 en Hebreos 8:8-12). Sin embargo, Hebreos, cuenta la historia de la Biblia de dos formas, o mejor dicho, con dos énfasis distintos. En los argumentos del autor, él enfatiza la discontinuidad entre el Antiguo Testamento y su audiencia; lo que ha sido prometido en el Antiguo Testamento, ahora ha sido completado en el Nuevo Testamento. Sin embargo, en sus aplicaciones, es todo lo contrario; él enfatiza la continuidad entre el Antiguo Testamento y su audiencia actual. Lo que sucedió en la época del Antiguo Testamento es exactamente lo que estaba aconteciendo en la era del Nuevo Testamento.

Además, en sus exhortaciones, la decisión de su analogía es en base a la generación del desierto (ver 2:2; 3:7-4:6; 10:28; 12:25). Si perdemos de vista la analogía o la continuidad de dicha carta, entonces no le sacaremos el mayor provecho. Al fin y al cabo, fue justamente esa misma generación ―quienes fueron increíblemente rescatados de Egipto por Dios, guiados en el desierto por la mismísima presencia de Dios, sostenida en el desierto por la provisión milagrosa de Dios y aún más, se les dio la ley por el mismo Dios― (vea 3:9; compare 2:4; 6:4-6; 10:29; 12:26), quienes endurecieron sus corazones y desvanecieron en la incredulidad. En otras palabras, hay una razón por la cual no menciona la generación del desierto en el «salón de la fe» del capítulo 11. Al igual que la audiencia del autor, la generación del desierto vivió «entre los tiempos», entre el éxodo y la tierra prometida, y experimentó una especie de escatología inaugurada. No debemos perdernos las similitudes. De este modo, la pregunta en la que gira todo, advertencia tras advertencia, no es sólo «¿Cómo podrían ser capaces de…?», sino «¿Yo también sería capaz de….?».

Ahora bien, debemos agregar que la forma de narración del autor puede parecer simplista. Después de todo, aunque Hebreos enfatiza la discontinuidad en sus argumentos, la continuidad está presente en todas partes. ¿Qué más haremos con el constante enfoque del autor en la «insuficiencia autoconfesada» del Antiguo Testamento? Sin lugar a dudas, la era del Nuevo Testamento es un avance mucho mayor que la del Antiguo Testamento, este avance es lo que nos llevó a esperar todo junto con sus anticipaciones, por ejemplo, otra orden sacerdotal (Salmo 110:4) o un nuevo pacto (Jeremías 31:31–34). De igual forma, mientras que Hebreos enfatiza la continuidad en sus exhortaciones, muestras de discontinuidad también están presentes; estas mismas son, en realidad, las que pesan las advertencias: Si la generación del desierto sufrió por su incredulidad, ¿cuánto más nosotros? (ver 2:3, 12:25). Una cosa es negarse a creer el discurso del Antiguo Testamento; otra muy distinta es rechazar el discurso superior del Nuevo Testamento (ver 1:1–2; 2:1–4).

En resumen, el libro de Hebreos nos invita a leer sus advertencias  de «lado-a-lado» y a la luz de la continuidad entre su audiencia y la generación del desierto, ambos vividos durante los capítulos fascinantes de la historia de Dios; pero, aun así, nos invita a ver la discontinuidad entre los dos. Después de todo, la audiencia del autor no solo vive durante un capítulo importante de la historia de Dios, sino durante un capítulo posterior y, de hecho, mejor.

Lee las advertencias a la luz de la soteriología de Hebreos

La soteriología de Hebreos (la doctrina de la salvación) es abundantemente rica, así que solo podré resumir un poco de ella. Es de vital importancia que veamos que la muerte de Jesús ha inaugurado un pacto mucho mejor, uno que es mejor porque tiene mejores promesas (nuevas posibilidades espirituales para cada miembro de dicho pacto [8:6, 10-11]) y porque provee un perdón mayor. Los nuevos pertenecientes a este pacto, como nos relata Hebreos, son completamente perdonados (8:12; 10:17-18). ¡Dios les promete que nunca más se acordará de sus pecados! Hebreos lo denomina esto un completo y perfecto perdón, ya que era algo que no estaba disponible para la generación del desierto (10:2-3; cf. 11:39-40), pero que ahora sí lo está, gracias al sacrificio que puso fin a los sacrificios: el de Jesús. Esta perfección le brinda a los miembros del pacto (conocidos como creyentes) el libre acceso a la presencia de Dios, en parte ahora (19:19-22: 12_22) y luego de forma completa (12:26-28). Como dijimos, este acceso simplemente no era posible bajo el antiguo pacto (ver 9:8-10). Hebreos asegura al creyente del nuevo pacto, repetidas veces, que durante su período intermedio, su peregrinaje a la Ciudad celestial está sostenida por un Sumo Sacerdote indestructible, cuyo ministerio intercesor es infalible (7:25), y por un Padre celestial, que no solamente inicia pero que también continuamente sustenta la perseverancia de los suyos (13:20).

Así, si aceptamos la invitación del autor de leer sus advertencias  «lado-a-lado» y en el contexto del período del desierto, veremos que la propia comunidad del autor vive en una nueva era de la historia de Dios, una en la que la membresía del pacto significa algo aún mejor de lo que significó para la generación del desierto.

Tres reflexiones

Con estas estrategias en mente, ahora estamos preparados para reflexionar en dichas advertencias. ¿Hebreos enseña que los creyentes pueden perder su salvación? Y, si no, ¿qué debemos hacer con las advertencias que se presentan en el libro? Enfrentemos estas preguntas mientras repasamos cada estrategia una vez más de atrás para adelante.

Salvación segura

Al momento de leer las advertencias de Hebreos a la luz de la soteriología, podemos destacar la naturaleza que el nuevo pacto implica (garantiza) que dichos miembros no pueden ni podrán perderse. Los miembros del nuevo pacto no pueden perder su salvación; al considerar lo contrario, se correría el riesgo de negar aquellas características del nuevo pacto que lo hacen mucho mejor que el anterior.

Línea histórica

Si leemos las advertencias a la luz de la línea histórica de la Biblia, la analogía del autor de la generación del desierto, aplica hasta un cierto punto. Como dijimos, la audiencia de Hebreos transita en una nueva y mejor era de la historia de Dios. Esto quiere decir que los dos grupos –la generación del desierto y la del autor– son mixtos, pero de distintas formas. Todos en la generación del desierto eran parte de la comunidad del pacto antiguo, pero solo unos cuantos fueron preservados para salvación (por ejemplo, Caleb y Josué). Los demás perecieron en incredulidad, tal como el autor nos repite intencionalmente. Es decir, a los miembros del antiguo pacto no les era garantizada su salvación de la misma forma en la que es la salvación de aquellos del nuevo pacto.

La comunidad del antiguo pacto era una mezcla de creyentes y no-creyentes. De igual modo, la comunidad del autor también es una mezcla de ambos, pero de una forma muy diferente. Si bien todos los destinatarios de la carta profesaban ser parte de la comunidad del nuevo pacto, solo aquellos que perseveraron en realidad lo eran. Aquellos que aparentemente se habían apartado (10:25) fueron, en un momento dado, parte de la congregación del autor, parte de la comunidad cristiana, pero nunca verdaderamente incluidos en el nuevo pacto. De lo contrario, habrían perseverado. Nuevamente, decir lo contrario corre el riesgo de leer mal la historia de la Biblia y ver una continuidad donde ahora hay una discontinuidad gloriosa.

Estructura

A la luz de todo esto, al momento de leer dichas advertencias «lado-a-lado» para sentir tal peso de ellas, ahora podremos discernir su aplicación pastoral con mayor precisión. Puedo destacar por lo menos tres de ellas.

En primer lugar, las advertencias explican el estado de aquellos que se apartan de la comunidad cristiana. Y es devastador (ver 6:6; 10:26). ¿Qué más le podría pasar a alguien quien ha visto y experimentado el bien del Evangelio –la obra del nuevo pacto– solo para que simplemente le dé su espalda y se aparte de él? Es como ver y experimentar la bondad del éxodo y rebelarse en la cima de la tierra prometida. Hebreos explica que personas así ni quieren ni tienen una segunda oportunidad. Uno no puede rechazar deliberadamente a Jesús dos veces.

En segundo lugar, las advertencias permiten la perseverancia de los miembros del nuevo pacto. Son los medios que Dios usa para sostener la fe de aquellos que ha perfeccionado. (Para otros, ver, por ejemplo, la oración del autor en 13:20 y sus bosquejos biográficos en 11:1-40).

En tercer lugar, y finalmente, las advertencias exhortan a los que profesan ser miembros del nuevo pacto a caminar en un arrepentimiento y fe genuina, al mostrarles las consecuencias de dar sus espaldas a lo que han escuchado y experimentado.

Oídos atentos a Hebreos

Aplicar estas estrategias cuando leemos Hebreos no resolverá todas las preguntas acerca de las advertencias, pero sí nos apuntará en la dirección correcta. Nos ayudarán, sobre todas las cosas, a aprovechar la riqueza de esta sección de nuestra Biblia, a fin de que estemos mejor equipados para hacer la voluntad de Dios (13:20) y experimentemos un gozo mayor, y le demos toda gloria a Aquel que se lo merece.