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    Por qué sigo optando por los libros electrónicos

    Hace unos años decidí apostar por los libros electrónicos. Me encontraba en una etapa de transición, ya que acababa de renunciar como pastor vocacional para ser un pastor no vocacional cuyo principal enfoque es la escritura. Mi biblioteca estaba en la iglesia y no me imaginaba llevándola toda a la casa. Tampoco tenía espacio en mi pequeña casa para una gran colección de libros. Ya había estado debatiéndome entre los dos formatos, pero dejé que las consideraciones prácticas fueran las que dieran el voto final. Vendí algunos de mis libros, regalé el resto y prácticamente he permanecido en ese rumbo. En la actualidad, tengo unos 50 libros impresos y varios miles en formato electrónico (la mayoría de ellos proporcionados por las editoriales para su revisión).

    Dicho esto, el mundo de los libros electrónicos sigue siendo bastante absurdo en algunos aspectos y bastante confuso en otros. Por ejemplo, una plataforma ofrece la mayor cantidad de libros y el mejor hardware para leerlos (Amazon/Kindle), mientras que otra ofrece la mejor variedad y experiencia en el tipo de libros en los que confío para la investigación y la preparación de sermones (Logos). Los dos son completamente incompatibles. Así que, compro y leo un tipo de libro en una plataforma y otro tipo de libro en la otra. Es absurdo y desafortunado, pero en este tiempo es necesario.

    Luego está la cuestión de la compatibilidad futura. Supongo que todos tenemos archivos y programas del pasado que ya no podemos utilizar ni acceder a ellos porque, o bien el fabricante del software ha quebrado, o bien los antiguos programas ya no funcionan en las nuevas máquinas. Aunque tengo un grado razonable de confianza tanto en Amazon como en Logos, no soy tan ingenuo como para pensar que cualquiera de los dos es demasiado grande para fracasar o para creer que necesariamente siempre tendré acceso completo a todo lo que he pagado. Eso me preocupa.

    Luego, por supuesto, está la cuestión de la propiedad. Ya se sabe que cuando compramos bienes electrónicos, no los poseemos realmente, sino que nos aseguramos los derechos de uso. Por esta razón, he tenido que llegar a ver los libros como algo más cercano a un servicio que a una posesión. Hubo un tiempo en que poseía colecciones de CDs y DVDs de música y películas. Pero llegaron los servicios de streaming (transmisión en directo) que hicieron que ambos fueran redundantes (inútiles). Del mismo modo, mi biblioteca ha sido sustituida esencialmente por un servicio, con una colección de libros por los que he pagado para tener derechos, aunque no para poseerlos. Esto ha requerido un cambio de mentalidad, pero he estado dispuesto a hacerlo.

    Otro gran problema es el del dominio absoluto del mercado por parte de Amazon y su creciente disposición a rechazar o retirar los libros que se oponen a sus ideologías. Esto me preocupa mucho, aunque el tema no se soluciona con el cambio al papel ya que el dominio de Amazon en el mercado es tan absoluto que pocos libros, ya sean físicos o electrónicos, se imprimirán si no pueden venderse a través de sus plataformas.

    Pero junto a estos inconvenientes hay ventajas reales. Los libros electrónicos son casi siempre más baratos que los impresos, lo que significa que puedo tener los mismos recursos pero gastando menos en ellos. Los libros electrónicos no ocupan espacio, por lo que no tengo cientos o miles de objetos voluminosos abarrotando mi casa. Los libros electrónicos no tienen forma, por lo que no pueden perderse o dañarse en caso de incendio o inundación. Sin embargo, puedo llevarlos conmigo a todas partes, de modo que toda mi biblioteca está disponible en todo momento y en todas las situaciones. A menudo esto ha resultado muy útil.

    Tanto Kindle como Logos tienen una función única en la que confío, una que no es fácil de replicar por sus equivalentes físicos. En el caso de Kindle, se trata de la posibilidad de hacer resaltados que luego se sincronizan con la(s) herramienta(s) que utilizo para el almacenamiento y manejo de la información. Como ya he explicado en “Tres nuevas herramientas que marcan una gran diferencia”, he llegado a confiar en Roam Research para almacenar información clave, y utilizo una herramienta llamada ReadWise para sincronizar automáticamente todos mis resaltados en ella. Esta misma herramienta también me envía por correo electrónico un boletín diario con algunos de esos puntos destacados para que pueda seguir refrescando mi memoria sobre citas claves e ideas importantes. Esto se ha convertido en la clave de mi flujo de trabajo y de mi retención.

    La función única de Logos es la capacidad de realizar potentes búsquedas en toda mi biblioteca. Aprovechando los muchos especiales y recursos gratuitos de Logos, he acumulado una cuantiosa biblioteca de libros, comentarios, sermones y obras de referencia, y confío mucho en la capacidad de buscar en todos ellos. La guía de inicio de sermones, la guía de pasajes y la guía de estudio de palabras de la Biblia son herramientas de las que no quiero prescindir nunca. No echo de menos los días en los que pasaba horas sacando libros de mis estanterías y teniendo ocho o diez de ellos repartidos por mi escritorio.

    En la práctica, tiendo a comprar libros generales y de vida cristiana en formato Kindle, pero libros de referencia en Logos. Esencialmente, si anticipo que voy a utilizar un libro para preparar sermones o estudios bíblicos, prefiero tenerlo en Logos; si pretendo simplemente leer un libro y quizás consultarlo con poca frecuencia en el futuro, me conformo con tenerlo en Kindle.

    A medida que el hardware de Kindle ha ido evolucionando, ha mejorado cada vez más, de modo que tanto el Paperwhite como el Oasis son dispositivos excepcionales, especialmente si se comparan con las versiones anteriores. También accedo a la aplicación Kindle en mi ordenador, aunque principalmente para buscar dentro de los libros y para copiar y pegar fácilmente la información en otras aplicaciones. En cuanto a Logos, hace tiempo que dejé de usar la aplicación descargable para utilizar el equivalente que usa el navegador, el cual tiene todas las funciones que necesito y que funciona considerablemente más rápido.

    A veces echo de menos el simple placer de un libro impreso. Todavía hay algo en su forma, en su aspecto, en su tacto, en su formato. El libro, tal y como lo conocemos desde hace muchas generaciones, es un medio maravilloso que cumple su función de forma extraordinaria. Pero los libros tienen sus desventajas y los libros electrónicos sus ventajas y al final he decidido dar prioridad a estas últimas. Y hasta la fecha no me arrepiento.