¿Por qué mi teología no está cambiando mi vida? Al menos, ¿por qué no tan rápido como pienso que debería? Cualquiera que se adentra en las riquezas de la Escritura y de la tradición reformada enfrentará eventualmente esta pregunta retadora y profunda. El tema fue tratado por el pastor John y por el ahora fallecido R. C. Sproul et la conferencia nacional de Ligonier en 2011. La conversación fue en el escenario. El diálogo allí se tornó hacia cómo la mente y el corazón se relacionan con el descubrimiento de la verdad bíblica. Escuchemos la conversación, comenzando por el pastor John.

Contempla y sé transformado

John Piper: Estoy completamente de acuerdo en que la primacía de los afectos es en términos de la mente que sirve a los afectos, de tal manera que no es emocionalismo sino un fruto real del conocimiento. Dios no es honrado por emociones basadas en la mentira. Él solo es honrado por emociones que tienen su raíz en la verdad.

Ahora, aquí está el asunto práctico: Muchas personas saben cosas y no son transformadas. Algunos de ustedes recién descubren las doctrinas de la gracia y siguen igual de malhumorados este año que el pasado. ¿Cuál es el problema? El conocimiento lleva a afectos y acciones correctas, pero no para todos rápidamente, o no inmediatamente; incluso, puede ser que nunca. El diablo conoce mucha teología y la aborrece. Y tal vez es más ortodoxo que la mayoría de nosotros, pero no la puede soportar. La razón es que no conoce su gloria. No conoce su belleza.

Simplemente voy a añadir esto: para saber algo correctamente no basta con colocar las piezas teológicas en orden y saberse las citas bíblicas correctas; es necesario ir a 2 Corintios 3:18: “Contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria”. Ahora, yo diría que la implicación es que el Espíritu Santo levanta el velo de nuestros ojos. Esta es la gracia reformada, soberana que levanta el velo que nos ciega para que, ahora, no solo veamos cinco puntos, sino que veamos cinco cosas asombrosamente gloriosas y hermosas sobre Dios. Y es su belleza la que nos transforma: contemplando la gloria, estamos siendo transformados.

“Abre mis ojos”

Me preguntaron el otro día en nuestra mesa redonda en el Bethlehem College & Seminary: “Somos estudiantes y miembros de la facultad. ¿Qué podemos hacer para que no nos crezca la cabeza con conocimiento académico y tengamos todas las respuestas pero seamos incapaces de ser transformados y de ayudar a las personas?”.

Lo más práctico que puedo decir es que, mientras estudias desde la mañana hasta la noche, ora cada diez minutos para que Dios no permita que eso suceda y que se te revele como hermoso en cada parte de la Escritura o en cada asunto teológico en que estés trabajando. Pídele una y otra vez: “Abre mis ojos, para que vea las maravillas de Tu ley” (Salmo 119:18). Abre mis ojos. Tengo la mirada fija en esto. Y no sucede nada. Pídele: “Abre mis ojos”. Porque, no solo necesito ver la verdad, sino ver hermosa y gloriosa la verdad, eso es lo que transforma. Así que, la oración, pienso yo, sería la clave.

Parece que estás listo para decir algo.

Belleza en el centro de la adoración

  1. C. Sproul: No, solo estoy aquí disfrutando todo esto, John. Un lugar donde he sentido tanta soledad en el ministerio en el que estoy inmerso es en encontrar personas que tengan una pasión por la belleza. Dios es el fundamento de lo bueno, de lo verdadero y de lo bello. Y puedes distinguir entre estas tres cosas, pero nunca separarlas.

Y me encanta que estés sentado aquí hablando sobre esto, porque estás articulando lo que he tratado de articular durante años. Muchas veces he dicho que no es suficiente entender la verdad; tienes que ver la hermosura de la verdad. Tienes que ver su dulzura. Hablas acerca de su gloria, pero también añades su belleza. Y allí está el asunto.

Nuestra adoración debe tener como objetivo la belleza y la santidad. Dios se tomó tanto trabajo en el Antiguo Testamento para comunicar el principio de la belleza en el centro de la adoración. Esa es una de las grandes debilidades de nuestra tradición; parece que creemos que lo único virtuoso es lo feo y que tenemos que huir de la belleza. Pero todo lo que es bello, aun las pinturas hechas por paganos, las travestías (a veces a pesar de sí mismas), todo llama la atención al carácter de Dios, porque todo lo hermoso da testimonio de Él porque Él es la fuente de la belleza.

Y esa belleza no solo se encuentra en el ojo del que mira. Está en esencia en el carácter y en el ser de Dios mismo. Cuando hablas aquí sobre esto, me emociona porque tenemos que ver lo hermosa que es la verdad y lo hermoso que es el Dios de la verdad.

Creo que la atracción del pecado es que nos promete placer. Es el tipo incorrecto de hedonismo. Pero nunca puede cumplir sus promesas; es una mentira. Y allí es donde se encuentra nuestra mayor decepción. Pensamos que no podemos ser felices a menos que pequemos. Y el pecado sí puede ser placentero por una temporada, desde una perspectiva. Pero no puede darnos gozo, jamás. Es incapaz de traer gozo porque no es hermoso. Es horrible. Y tenemos esa atracción hacia lo horrible. Nuestra construcción básica es preferir la oscuridad en vez de la luz.

Vivimos en un mundo que ha sido estropeado, de verdad estropeado. Ha sido vandalizado. La gloria de Dios está por doquier en la creación. El mundo entero está lleno de Su gloria. Pero hemos vandalizado esa gloria.

Escapa a través de las promesas

John Piper: Me parece que la manera como Jesús lo argumenta es que el reino de Dios es como un hombre que encontró un tesoro escondido en un campo y, gozoso, por causa de su gozo, va y vende todo lo que tiene y compra el campo (Mateo 13:44). Ese es el paradigma para ser liberado de la esclavitud al mundo y al pecado y al diablo. Si consideras el reino y al Rey como un tesoro más valioso que el reloj de tu abuelito, tu auto, tu computadora, tus libros, tu fama o lo que sea, entonces todo eso se vuelve basura y tú quedas libre.

Antes de eso, el pecado tenía un enorme poder. Te tenía atado. El pecado tiene el poder del placer. Y la Biblia rompe ese poder con el poder de un placer superior. Corta de raíz el pecado.

“Pues Su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de Aquel que nos llamó por Su gloria y excelencia. Por ellas Él nos ha concedido Sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que ustedes lleguen a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de los malos deseos” (2 Pedro 1:3-4).

¿Cómo puedes escapar de la corrupción del mundo? Las preciosas y maravillosas promesas de la gloria y la excelencia de Dios. La secuencia de pensamiento de 2 Pedro 1:3-4 es esta: escapa de la corrupción a través de una promesa superior.

Creo que la belleza de la santidad, mientras más profundo llega y más te satisface (mientras más te satisface de verdad), más te libera de la pornografía y de los placeres del resentimiento y de la amargura que no quieres soltar y del temor al hombre. Estos pecados tienen hundidas sus garras en nosotros y la manera de sacar esas garras no es arrancarlas de lado, así, sino empujarlas de adentro hacia afuera.

Alguien dijo en una ocasión: “¿Cuál es la mejor manera de sacar el aire (el pecado) de un vaso?” ¿Es colocándole una aspiradora para succionar todo el aire y sacarlo? No, simplemente tienes que llenar el vaso de agua. Si quieres sacar el aire del vaso, llénalo de agua. Esa es la manera como quiero edificar la santidad en la vida de mi pueblo.