Por los próximos, quién sabe cuántos días, las iglesias en muchas partes del mundo no podrán reunirse. Así que los pastores como yo estamos buscando, en amor, soluciones. No hay un libro de instrucciones para estos casos. Cuando la iglesia no puede reunirse físicamente ¿qué debemos hacer para animar y nutrir al pueblo de Dios?

La mayoría de las iglesias están haciendo transmisiones en vivo tratando de replicar su servicio dominical. Aunque uno pudiera hacer preguntas acerca de qué tan sabia es esta práctica, no creo que nada en las Escrituras lo prohíba. Pero ¿qué acerca de la Cena del Señor? ¿Puede este elemento de adoración de la iglesia cuando se reúne, ser llevado a cabo remotamente? Yo respondo que no.

Déjame explicarte que mi meta en este artículo no es atar las manos de los pastores, sino simplemente ir las Escrituras para encontrar guía. Cuando tenemos pocos precedentes prácticos a los cuales apelar, es todavía más importante dejar que la todo suficiente Palabra de Dios guíe nuestros pasos.

La Cena del Señor no puede ser llevada a cabo cuando la iglesia está dispersa. Esto es debido a que el acto físico de reunirse es esencial, no opcional o secundario, para llevar a cabo esta ordenanza. En 1 Corintios 11, Pablo se refiere cinco veces al hecho de que ellos celebraban la Cena del Señor cuando os reunís como iglesia, como una reunión de asamblea en un lugar a la vez. (p. ej. “que cuando os reunís como iglesia hay divisiones entre vosotros” 1 Cor. 11:18; cf. v. 17, 20, 33, 34).

Pero eso es algo que ellos solían hacer ¿nosotros qué debemos hacer? La presencia física de la iglesia unos con otros ¿es una orden esencial? Pablo diría que sí. Considera 1 Corintios 10:17 “Puesto que el pan es uno, nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.” La Cena del Señor promulga la unidad. Consuma la unicidad de la iglesia. Junta a todos aquellos que participan de los mismos elementos, en el mismo lugar y los hace uno. (Así que si el bautismo une a una persona con el resto, la Cena del Señor hace a los muchos uno solo.) Por lo tanto, hacer de la Cena del Señor algo más que una comida para toda la iglesia, sentándose juntos, en el mismo lugar, es hacerla algo diferente a la Cena del Señor.

Por lo tanto, ministrar virtualmente a gente físicamente dispersa la Cena del Señor no es solamente que no sea óptimo, simplemente no es la Cena del Señor.

Todo sufrimiento lleva consigo pérdida; toda pérdida es una forma de sufrimiento. Ahora mismo, en medio de muchas otras pérdidas y sufrimientos, cristianos alrededor del mundo sufren la pérdida de su comunión semanal, cara a cara, con los demás. La compasión nos  mueve a mitigar esa pérdida como podamos. Pero no podemos borrarla. Por lo tanto, deberíamos aprender lo que Dios nos está enseñando por medio de esta perdida temporal de las ordenanzas corporales, tangibles, que son necesariamente cara a cara, especialmente la Cena del Señor. La casa de banquete – juntos con Cristo, en Su Cena – está cerrada por ahora. ¿Qué aprenderás de que Él providencialmente ordenara visita a la casa de luto (Eclesiastés 7:2,4)?

La cena del Señor en sí, no solamente está diseñada para satisfacer nuestros corazones con la bondad de Cristo, sino también para avivar el deseo para cuando veamos Su rostro: “Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.”(Mateo 26:29).

Deja que la ausencia de esta comida te vuelva aún más hambriento de aquella comida futura.