Nota editorial: Este artículo pertenece a una serie titulada Proyecto Reforma, 31 publicaciones de personajes que fueron instrumentos de Dios durante la Reforma Protestante. Puedes leer todos los artículos aquí


Desde su niñez, Peter Martyr Vermigli deseaba enseñar la Palabra de Dios. Cuando tenía quince años, entró a la orden agustiniana en el pueblo italiano de Fiesole, cerca de su nativa Florencia. Luego de ocho años de entrenamiento teológico, Vermigli fue ordenado como sacerdote y recibió un doctorado en teología.

Los años subsiguientes a su ordenación le abrieron nuevos horizontes vocacionales. Fue elegido para el oficio de predicador público, una posición ilustre en esa época. A medida que su nombre se hacía famoso en las ciudades más grandes de Italia, Vermigli fue promovido a la posición de abad en el monasterio de su orden en Spoleto, antes de ser trasladado al sur de Italia a la gran basílica San Pietro ad Aram en Nápoles. Fue aquí que su vida cambió para siempre.

Rectitud Restaurada

Durante la estadía de Vermigli en San Pietro (1537-1540), según su colega y biógrafo, Josiah Simler, «la más grande luz de la verdad de Dios» empezó a brillar sobre él. Esta verdad, en palabras de Vermigli, fue que «la rectitud de Cristo imputada a nosotros por Dios restaura completamente lo que falta en este débil y mutilado cuerpo nuestro» (The Peter Martyr Reader [El profesor Pedro el mártir], 147). Fue un despertar al Evangelio que transformó toda su vida y ministerio.

Con una nueva visión de Cristo y del Evangelio, Vermigli se mudó hacia el norte en mayo de 1541 para convertirse en anciano del prestigioso monasterio de San Frediano en la República de Lucca. Mientras estuvo allí, inició una serie de reformas educacionales y eclesiásticas que han sido comparadas a la obra de Calvino en Ginebra.

Sin embargo, luego de apenas quince meses de tal renovación evangélica, el Papa Pablo III aseguró su muerte reinstituyendo la Inquisición Romana. Reconociendo la discreción como una contraparte del valor, Vermigli renunció a sus votos y tomó la difícil decisión de huir a su país natal.

De Estrasburgo a Oxford

Fue Martín Brucer quien coordinó que Vermigli fuera asignado en la Universidad de Saint Tomas en Estrasburgo, Francia. Se esperaba que el exiliado italiano enseñara las Sagradas Escrituras, lo que hizo partiendo del Antiguo Testamento.

Durante su tiempo en Estrasburgo, Vermigli también se casó con una antigua monja de la ciudad francesa de Metz, llamada Catherine Dammartin, «una amante de la verdadera religión», especialmente admirada por su caridad. Luego de ocho años de matrimonio, murió en febrero de 1553; sin embargo, Peter se casaría nuevamente—con otra Katie—en mayo de 1559.

Tras cinco fructíferos años de enseñanza en Estrasburgo, en 1547 Vermigli recibió una invitación del Arzobispo de Caterbury, Tomás Cranmer, para fortalecer con la teología reformada a la recién independizada Iglesia de Inglaterra, y fue designado como Presidente Regio de Divinidad en Oxford. Entre los muchos logros de Vermigli durante este período, están sus conferencias sobre el libro de Romanos, su producción de varios tratados de teología, la victoria protestante en la famosa Disputa Eucarística de 1549 y su asistencia a Cranmer dándole forma a una nueva liturgia anglicana.

El académico de Zurich

Con el ascenso al trono de la Reina Católica María en 1553, Vermigli fue forzado a huir de Inglaterra. Regresó a Estrasburgo e inmediatamente fue restaurado a su posición en la Escuela Superior donde, aparte de enseñar y escribir obras teológicas, se reunió en su hogar con los exiliados marianos para estudiar y orar. Eventualmente, tomó un trabajo de enseñanza en la Academia de Zurich.

A pesar de tener numerosas oportunidades de dar conferencias a lo largo de toda Europa, incluyendo múltiples invitaciones de Calvino a enseñar en Ginebra y a pastorear la Iglesia Ginebrina, él permaneció en Zurich. La única excepción fue su viaje al Coloquio de Poissy (Francia) junto a Teodoro Beza en 1561, donde debatió contra líderes católicos frente a la Corona Francesa y testificó a la Reina Catherine d’Medici en su lengua nativa.

Maestro del Libro

Vermigli murió en Zurich el 12 de noviembre de 1562, en la presencia de su esposa y de sus amigos. Este humanista florentino y académico reformador, quien se encuentra a la altura de Calvino y de Bullinger, sería recordado por su compromiso con la Escritura y su pasión por la renovación evangélica. En palabras de Teodoro Beza, él fue un «fénix nacido de las cenizas de Savonarola». Incluso el retrato de Vermigli que se encuentra en la Galería Nacional de Retratos en Londres testifica de esta convicción bíblica. En ella, los ojos penetrantes de Vermigli miran a la distancia, más allá del marco dorado, al tiempo que señala un libro singular en su mano: la Biblia.

Su pusiéramos una afirmación perdurable en los labios de Vermigli, sería tal vez esta exhortación: «Sumerjámonos constantemente en la sagrada Escritura, esforcémonos en leerlas, y por el don del Espíritu de Cristo, las cosas que son necesarias para la salvación se volverán claras, directas y completamente abiertas para nosotros» (Life, Letters, and Sermons [Vida, Cartas y Sermones], 281).