Somos espejos. Somos espejos que reflejan algo de Cristo. Contemplamos a Cristo,  y al hacerlo, parte de Su carácter, algunos de Sus atributos y parte de Su belleza se refleja en nosotros. El autor J.R.Miller una vez reflexionó sobre esta realidad en un pequeño y dulce devocional. Tómate unos minutos y aprecia lo que dice:

Observamos un pequeño charco de agua por la noche y vemos las estrellas reflejadas en él; pero si lo observamos de día, vemos el cielo azul, las nubes que pasan y el sol brillante en lo alto de los cielos. Así, si contemplamos a Cristo con amor y ferviente fe, la gloria brillará en nuestra alma. Entonces, cuando nuestros vecinos y amigos nos miren, vean nuestro carácter, observen nuestra conducta, disposición y temperamento y la obra de nuestra vida, percibirán la imagen de Cristo en nosotros. Somos espejos y en nosotros, los hombres, ven la belleza del Señor.

Una niña pequeña estaba pensando en el Cristo invisible a quien oraba, y le preguntó a su madre: “¿Es Jesús como alguien que conozco?” La pregunta tenía sentido, es el tipo de pregunta cuya respuesta debería ser “Sí”. Todo verdadero discípulo de Cristo debe ser la respuesta, en cierto sentido, al menos, a la pregunta de la niña. Cada pequeño debería ver la belleza de Cristo reflejada en el rostro de su madre. El carácter de cada maestro de escuela dominical debería reflejar algún indicio del Amor eterno que los eruditos pueden contemplar. Cualquiera que mire la vida de un cristiano, debería ver en ella de inmediato el reflejo de la belleza de Cristo.

Por supuesto, el reflejo nunca puede ser perfecto. Los charcos de barro solo dan reflejos tenues del cielo azul y el sol brillante. A menudo, nuestras vidas son como charcos de barro. Un espejo roto da un reflejo muy imperfecto de la cara que lo mira.

Muchas veces nuestras vidas son espejos rotos, hechos añicos y muestran solo pequeños fragmentos de la gloria que están destinados a reflejar. Si uno sostiene la parte posterior de un espejo hacia el sol, no se reflejará la luz del día sino que la cara del espejo debe girarse hacia el objeto cuya imagen se quiere reflejar. Si queremos reflejar a Cristo en nuestras vidas, debemos volvernos y mantener nuestra mirada siempre hacia Cristo. Si continuamos contemplando la gloria, mirándola, seremos espejos reflejando el rostro de quien miramos. Entonces, aquellos que miran nuestras vidas, verán en nosotros, aunque solo sea una imagen tenue, ¡una pequeña imagen de Cristo!

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Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de tres niños. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.