La fe no es un evento de única ocasión para el cristiano. No es solamente algo que hicimos en algún punto de nuestro pasado. De hecho, hubo un momento en que cambiamos de la incredulidad a creer. Pero ese momento de creencia inicial nos llevó a una vida de fe. Un cristiano es alguien que, habiendo confiado inicialmente en Jesús como Señor, continúa creyendo; continuamos dependiendo de Cristo. Esta verdad no es perfecta. A veces puede ser tenue y variar, y otras veces puede ser fuerte y segura. Pero la fe, para el cristiano, es contínua. Es una forma de vida.

El Apóstol Pablo llama a este tipo de vida una batalla. Él animó a su jóven colega en el ministerio a “pelear la buena batalla de la fe” (1 Timoteo 6:12a). La fe es una batalla para el cristiano ya que debemos trabajar duro, disciplinarnos, y a veces luchar para continuar creyendo. Las semillas de la incredulidad se mantienen en nuestro corazones y a veces parece como si hubiesen germinado con éxito, porque la fe es casi asfixiada. En esos momentos, me conforto con ese padre con el corazón roto que le pidió a Jesús que sanara a su hijo. Con su niño poseído por un demonio, retorciéndose en el polvo a sus pies y expulsando espuma por la boca, este hombre vió a Jesús y con lágrimas en sus ojos dijo “Creo; ayúdame en mi incredulidad” (Marcos 9:24). Él tuvo fe (“Creo”). Pero le faltaba seguridad (“ayúdame en mi incredulidad”).

Estas palabras han sido mi oración muchas veces a lo largo de mi vida. Cuando vienen las pruebas, cuando parece que las promesas de Dios (lo que Él ha dicho que hará) están en contradicción con Su providencia (lo que en realidad está haciendo), nuestra fe puede ser probada severamente. En esos momentos, la persona que confía en Cristo necesita recordar que la vida cristiana es una lucha, y somos llamados a “pelear la buena batalla de la fe”.

Una buena manera de equiparte para esta batalla es memorizar las Escrituras. Lo que hace a la fe difícil y a la incredulidad fácil es perder la vista de las cosas que son verdaderas. Llenar tu mente de la Palabra de Dios hace a Su verdad más accesible para ti, en lugar de que sólo tengas una idea general de ella. La Escritura llevada a la memorización puede ser traída a memoria en un instante por el Espíritu Santo que habita en cada creyente. El salmista testificó que la Escritura funcionaba poderosamente de esta manera cuando escribió: “En mi corazón he atesorado Tu palabra, para no pecar contra ti” (Salmos 119:11).

Otra buena manera de hacer la guerra a la incredulidad es haciendo caso al consejo de la Palabra de Dios. La Biblia registra las historias de la vida real de personas que enfrentaron todo tipo de pruebas y desafíos. Dios les enseñó importantes lecciones a través de estas experiencias. Y al registrar sus historias en la Biblia, Él también nos puede enseñar a través de ellas. A menudo la Biblia nos da el consejo de hombres y mujeres que han pasado por la batalla de la fe antes que nosotros. Tanto por su ejemplo como por sus palabras, somos animados a continuar creyendo.

Esto es así con el Rey David y sus instrucciones en Salmos 37. Él escribió este Salmo cuando era un hombre viejo (v.25). Huele a la sabiduría de larga experiencia. David sabía lo que era “estar en la cima”. Por un tiempo, él no cometería ningún error a los ojos de sus conciudadanos. Canciones se escribían sobre él. Reyes extranjeros lo esperaban. Sus enemigos le temían. Pero, para la época en que escribió el Salmo 37, él había vivido lo suficiente para experimentar la reversión de estas bendiciones. Él había pecado grandemente contra su Dios y su pueblo. Él había experimentado la muerte de un bebé y la conducta inconcebiblemente malvada de otros hijos, incluyendo el asesinato de un hijo en manos de otro, y la traición y ejecución de ese mismo.

David había visto personas malvadas prosperar y personas buenas sufrir. Y de esa sabiduría y larga experiencia con Dios, él nos anima a “confíar callado en el Señor y esperarle con paciencia” (v.7). Este es un consejo seguro para aquellas personas que realmente conocen a Dios. El Señor nunca se apura, y nunca llega tarde. Además, a veces es fácil para nosotros olvidar que Él está trabajando para la eternidad. A veces nos ponemos ansiosos, y nos preguntamos dónde está Dios, o si a Él realmente le importa. Es bueno escuchar el consejo inspirado en Dios de un hombre experimentado como David, que tenía estos pensamientos: Confía en Él. Espérale con paciencia.

¿Qué significa exactamente confiar en el Señor y esperarle con paciencia? Significa llevar nuestras cargas y problemas a Él. Confiar en Él para que haga lo que es justo y bueno para nosotros. Significa recordar el cielo, recordarnos a nosotros mismos que estamos en esta batalla de la fe por el tesoro futuro. La forma de administrar el tiempo de Dios no se limita a nuestros relojes y calendarios. Confiar en el Señor y esperarle pacientemente significa orientar tu corazón con tanta determinación hacia Jesucristo y Su muerte en la cruz que la sangrienta escena del Calvario comienza a derretir tus temores y ansiedades a medida que la vez y puedes decir: “Por mi”.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en https://founders.org/2022/03/16/fight-the-fight-of-faith/

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Tom se ha desempeñado como Pastor de la Iglesia Bautista Grace desde 1986. Antes de mudarse a la Florida sirvió como pastor en iglesias en Texas. Él tiene una licenciatura en sociología de Texas A & M University (1979) y también tiene un MDiv y un PhD de Southwestern Baptist Theological Seminary in Ft. Worth, Texas. Tom es el Director Ejecutivo de los Ministerios Fundadores. Él y Donna tienen diez hijos, incluyendo tres yernos y una nuera. También tienen 7 nietos.