Las redes sociales estaban todavía en sus inicios cuando a través de ellas fuí testigo de una muerte por primera vez. Después de todos estos años los detalles permanecen vívidos en mi mente. Un colega me dijo, “Tim, mira esto”. Volteó su pantalla hacia mí para mostrarme a un hombre con los ojos vendados   arrodillado ante sus captores. Hablaron unas palabras en un idioma que no entendía, y luego se acercaron a él. De repente aparece un cuchillo, cortan una garganta en dos, sangre derramada por todos lados. Casi vomito. Esa noche y durante varias noches estuve despierto hasta tarde, estuve despierto pensando en lo que había visto, los detalles quedaron grabados en mi memoria. Incluso hasta el día de hoy, si cierro los ojos, los veo y los oigo.

Yo no quería ver a ese hombre morir, no necesitaba ver a ese hombre morir, pero lamentablemente vi a ese hombre morir. Y desde ese día he visto morir a muchos otros, casi siempre a través de las redes sociales. Cuando los terroristas atacan, cuando hay un acto de brutalidad, cuando hay otro asesinato insensato, las omnipresentes cámaras de vídeo lo captan y las plataformas de redes sociales se encargan de que de alguna u otra forma aparezca en mi muro. A veces percibo que la muerte se acerca, así que si no quiero ver una vida eliminada, puedo pasarlo rápidamente. Otras veces, sin embargo, es un video de reproducción automática y lo veo antes de que pueda quitarlo. En un momento estoy viendo fotos de sobrinas y sobrinos celebrando un cumpleaños, y en el  siguiente momento estoy viendo a alguien siendo asesinado a tiros en las calles. Las celebraciones alegres se unen a los brutales asesinatos en este flujo interminable de información. Desde que me registré en las redes sociales, he visto tanta muerte.

Los padres que crían a sus hijos en esta era digital han tenido que pensar mucho en cómo proteger a sus hijos de algunos de los peligros de la vida en línea, por ejemplo, de ser expuestos a la pornografía, del acoso escolar y los depredadores, e incluso de desperdiciar horas interminables navegando y dándole click a enlaces. Pero ha sido sólo en los últimos meses, mientras la sociedad se enfrenta a una serie de muertes muy difundidas, se han visto obligados a considerar la conexión entre las redes sociales y la muerte. Y esto debido a que en el siglo veintiuno, las dos cosas van de la mano.

Una familia contó que su hija había estado navegando por las redes sociales cuando vio la grabación de un hombre siendo tiroteado en la calle. Ella tenía la edad suficiente para tener sus propias cuentas en las redes sociales y seguía solo a sus amigos y familiares, así que sus padres pensaron que sólo vería contenidos limpios, filtrados y sanos. Sin embargo, suficientes personas a las que ella sigue habían visto y compartido el vídeo, de manera que el algoritmo lo consideró digno de su atención. Así que, sentada en su habitación, usando el teléfono que sus padres le habían dado, y entrando en la cuenta que le habían ayudado a activar, vio morir a un hombre por primera vez. Se acercó a su madre y a su padre temblorosa, y aunque sabían que la muerte de este hombre era particularmente de interés social y una parte importante del contexto de los eventos contemporáneos, se entristecieron de que ella la hubiera visto. No estaban para nada convencidos de que 13 años fuera la edad apropiada para presenciar una muerte tan brutal, o para presenciar cualquier muerte.

Es una norma de la tecnología que cada nueva innovación tecnológica introduce beneficios para la humanidad pero también inconvenientes. Es una norma asociada al hecho de que somos rápidos para identificar las formas en que las nuevas tecnologías mejorarán nuestras vidas, pero mucho más lentos para identificar las formas en que pueden dañarnos. Llevamos 30 años en la era del internet, 20 años en la era de las redes sociales y 13 años en la era de los teléfonos inteligentes, los cuales perfectamente unieron a ambos y los hicieron omnipresentes en nuestras vidas. Aún estamos en los inicios, pero ya hemos aprendido mucho acerca de los beneficios y desventajas que vienen con todo esto.

Es un beneficio que estas tecnologías en conjunto puedan hacer que la información esté disponible de manera inmediata y amplia. Es correcto y bueno que se puedan utilizar para difundir las noticias e incluso las imágenes de una muerte injusta o motivada por prejuicios raciales como la de Ahmaud Arbery[1] o George Floyd[2]  Pero es un inconveniente que las transmitan a aquellos que pueden ser demasiado jóvenes, demasiado inocentes, demasiado ingenuos para procesarlas, y a aquellos cuyos padres nunca se lo permitirían. Es un inconveniente que difundan tan libre y ampliamente la muerte, incluso a aquellos que por sus propias razones no desean ser testigos de ella, porque no todo el mundo necesita ver cada muerte que ocurre, y no todos quieren hacerlo.

El hecho es que unirse a las redes sociales es convertirse en testigo de la muerte. Algunas de ellas son especialmente significativas o de especial interés social y tal vez deberían ser ampliamente vistas. Otras, aunque todavía trágicas, no son tan significativas para la comunidad ni tienen tanto valor informativo y tal vez no tienen que ser tan ampliamente vistas. Pero de cualquier manera, al navegar por las redes sociales verás fotografías bonitas y memes tontos, y mezclados con ellos, espantosos asesinatos y brutales golpizas.


[1] El 23 de febrero en Georgia, Arbery un afro-estadounidense fue baleado a tiros mientras corría por una zona residencial. El asesinato se difundió por medio de un video que muestra imagines del incidente una semana despues del suceso. La grabación ha generado una ola de protestas y de demandas de justicia en los Estados Unidos al saberse que no se habían emprendido acciones legales contra los responsables.

[2] La muerte de George Floyd ocurrió el 25 de mayo de 2020 en el vecindario de Powderhorn, en la ciudad de Mineápolis, Minesota (Estados Unidos), como resultado de su arresto por parte de cuatro policías locales. En pocos días, el hecho generó una oleada de indignación y protestas a lo largo de todo Estados Unidos en contra de lo que llamaron el racismo, la xenofobia y los abusos policiales hacia ciudadanos afroestadounidenses en dicho país. Las protestas también se extendieron a otras ciudades del mundo.