Con las mujeres de la iglesia estamos estudiando Efesios cada vez que nos reunimos. Hemos visto el Evangelio de Cristo desplegado en la carta, nuestra identidad en Él y tantos elementos cruciales para nuestra vida en Él. Uno de estos es la importancia que tiene la iglesia.

La última reunión que tuvimos estudiamos los versículos 22 y 23 del capítulo 1. Vimos que cuando Cristo ascendió a los cielos, Dios le dio autoridad y dominio sobre todo y lo hizo cabeza de la iglesia; la iglesia es Su cuerpo y dice el versículo que la iglesia es la plenitud de Cristo. Es impresionante cómo estos versículos elevan la importancia que tiene la iglesia.

En estos tiempos veo mucho escrito acerca de nuestra vida cristiana y, en redes sociales, hay mucho que se habla y se enseña acerca de cómo ser una mujer cristiana fiel y cómo crecer en Cristo. Doy gracias a Dios por los muchos recursos y escritos sólidos en cuanto a estos temas; sin embargo, veo que del tema de la iglesia de Cristo no se habla, ni se enseña con tanta frecuencia y urgencia.

No podemos dejar de aprender la gran importancia que es la iglesia de Dios por la que Cristo murió y resucitó, la cual, la Biblia habla es su plenitud, su cuerpo, su amada. Debemos tener coherencia en cada aspecto de la vida cristiana y tomar enserio lo que Dios dice a través de Su Palabra acerca de la importancia que tiene la iglesia local en la vida de cada creyente y como la usa para moldearnos y glorificar Su nombre.

Así que, quisiera que habláramos de cómo nosotras mujeres que hemos sido salvadas por gracia por un Salvador supremamente Bueno y Justo quien antes de la fundación del mundo sabía tu nombre y el mío para redimirnos, nos hizo parte de su cuerpo (Ef. 1:4–6). Nosotras tenemos el privilegio de formar la iglesia universal de Cristo compuestas por muchas y diferentes iglesias locales llamadas a representar el cuerpo y a someternos a la cabeza que es Jesús (Ef. 1:22–23). Entonces, debemos entender que no hay un cristiano saludable ni creciente sin una iglesia local.

Amadas, debemos ver la urgencia de no solo asistir, sino pertenecer y saber el lugar que tenemos para avanzar el reino de Dios en la iglesia local en la que Dios nos ha puesto. Debemos orar fervientemente que nos haga mujeres fieles en nuestras iglesias, mujeres que unan, que amen, que cuiden, que seamos discipuladas y pastoreadas para discipular y amar a otras mujeres en nuestra iglesia. En otras palabras, que vivamos el evangelio en la unidad del Espíritu (Ef. 4:1–6).

Así que miremos algunas cosas por las cuales podemos orar y enfocarnos para que el Señor nos ayude a constantemente crecer para ser fieles miembros de nuestra iglesia local.

Esfuérzate en ser una mujer de oración

Qué descanso es saber que, por el evangelio de Cristo, tú y yo no somos llamadas a esforzarnos con nuestra propia voluntad, como vagando, o dependiendo de si tenemos deseo o fuerzas. Qué gozo es saber que Cristo ya pagó por nuestra inhabilidad, nuestro deseo rebelde de vivir para la carne y no para el Espíritu. Cuando Cristo murió en la cruz el pagó por todo sentido de auto-suficiencia y de buscar hacer las cosas dependiendo si nos beneficia o no, si nos conviene o no, si tenemos deseos o no.

Ahora podemos obedecer en ser mujeres que oran sin cesar por la obra de Cristo a nuestro favor. Este precioso Evangelio nos impulsa a someternos a Dios y depender de Sus fuerzas para paso a paso ir creciendo en humilde sumisión a Dios por medio de la oración.

Cuando oramos por nuestra iglesia, nuestros pastores, líderes y por cada uno de nuestros hermanos en la congregación, estamos diciéndole al Señor: “yo confío que Tú eres quien cuida, sostiene, ama, preserva y prospera tu iglesia”. Más allá de nuestras preferencias y opiniones (que son válidas y muchas veces necesarias) debemos tener corazones más rápidos a venir al trono de la gracia con cada uno de nuestros pensamientos y decir: “Señor, quiero ser fiel, amorosa y cuidadosa en el área que tú me has puesto a servirte en mi iglesia local, ayúdame a enfocarme en dejar que tú trabajes en mi propio corazón para que lo que brote sea un deseo de amar, cuidar y promover la unidad de tu cuerpo. Trabaja en mi primero”.

La tentación es poner la mirada en mis preferencias, en lo que yo quisiera que se hiciera, en mi deseo de ser escuchada y/o vista. Debemos pelear constantemente contra la mentira sutil que la iglesia se trata de mí y es para mí. Debemos ser mujeres piadosas que entienden su rol en la iglesia local de orar mostrando así que confiamos que si la iglesia es de Cristo Él será Fiel para santificarla, cuidarla, y sostenerla porque Él ha prometido presentarla en gloria (Ef. 5:27).

Con esa confianza nosotros trabajaremos en nuestras iglesias con libertad y gozo para amar, extender gracia y decir la verdad en amor, cuando ya lo hemos traído a Cristo y nos ha dado un corazón deseoso de mostrarlo a Él (Ef. 5:1-2). Es de suma importancia entender estas cosas porque nuestro corazón egoísta y orgulloso rápidamente tenderá a reaccionar en lugar de calmar nuestro corazón delante de Dios y rogarle que Él obre como solo Él puede obrar.

Lo más hermoso de todo, es que Él contesta. Amadas, Él lo hace. Así que, escucha, ama, conoce a las personas en tu congregación, pregunta y aprende antes de hacer comentarios, criticas y chismes. Me parece muy interesante como Pablo en Colosenses 4:1-3 estaba dando ya las exhortaciones finales a la iglesia de cómo los creyentes debían vivir, y una de ellas es: “perseveren en la oración.” Seamos mujeres que perseveramos en oración.

Esfuérzate en ver la bendición y la importancia de ser pastoreada y discipulada

Digo esfuérzate porque solo el poder de Cristo nos puede ayudar a ir en contra de la corriente orgullosa de nuestro corazón que dice: “tú no necesitas del consejo de nadie, tu autoridad únicamente es Dios”. Resulta que Dios, en su buen diseño, ha formado a la iglesia local con pastores llamados a cuidar, liderar y velar por las ovejas. El pastor siendo oveja, está llamado y ordenado a gozosamente pastorearte (Hebreos 13:17).

Sí, lo hará imperfectamente muchas veces, pero tu deseo y disponibilidad a escuchar, amar y valorar su consejo y cuidado, mostrará tu deseo de ser una sierva humilde que pone su confianza en el Buen y Perfecto Pastor, Cristo Jesús. No quiero ignorar que muchas personas han sufrido abuso y manipulación por parte de personas que han abusado de su autoridad y es muy lamentable, Dios aborrece esto.

Pero no podemos dejar que la oscuridad eclipse las verdades de la Palabra que traen gozo, libertad y santificación. No porque el hombre obre mal debemos dejar de enseñar y disfrutar el buen diseño de Dios para la autoridad que Él delega a Su iglesia. Por lo tanto, pídele al Señor que si has pasado por abuso te sane y te ayude a no quedarte en un estado de auto-victimización, sino que te ayude a perdonar, tomar responsabilidad de lo que Él te ha llamado a ser y hacer y a obedecerle en ser una mujer que, antes de hacer y de discipular, te preocupes en ser disculpada por otras hermanas y pastoreada por el pastor o los pastores en tu iglesia local.

Sirve, discipula y haz vida en comunidad

Nosotras como mujeres cristianas debemos resistir consistentemente el fenómeno de la vida cristiana individualista que es anti-bíblica. Tu “comunidad” en redes sociales realmente no es comunidad. Dios ha dispuesto por Su gracia proveerte de comunidad real al darte una iglesia local. Por lo tanto, es un privilegio y responsabilidad de todo creyente ser un miembro activo de la iglesia.

Esto no será lo más atractivo para nosotras, pues es más fácil aprender de personas detrás de una pantalla donde no hay interacción, exhortación, rendición de cuentas y confrontación en amor real. La iglesia local es uno de los lugares primarios que Dios usará para santificar tu vida y sí, eso duele, duele al orgullo y duele al matar tu “yo” y tu comodidad.

Pero nosotras no fuimos llamadas a la comodidad y a vivir aisladas (Heb. 10:25). Nosotras fuimos llamadas a ser exhortadas, confrontadas, enseñadas por personas reales de carne y hueso que muchas veces tienen personalidades, trasfondos y nivel socioeconómico muy diferente al nuestro y eso es muy bueno. Este vivir, rozar, caminar con otros cristianos debe llevarnos a amarlos, sostenerlos y a buscar maneras de llevar las cargas unos de otros (Col. 3:12–14). Debemos pedirle al Señor que nos de una carga por obedecerle al usar nuestros dones y talentos para edificar Su iglesia, mostrarle amor y devoción a Él y mostrar amor y servicio a nuestra familia en Cristo (Ef. 4:11–13).

Así que, amada, no pases tu vida haciendo de lado e ignorando uno de los aspectos más importantes de tu relación con Dios: tu vida en comunidad, servicio y amor hacia los hermanos y hermanas que Dios te ha dado y con quienes le adorarás por la eternidad.