El otro día tuve que ir al espejo y asegurarme de que aún existía. Durante todo el día sentí que era invisible.  Por la mañana entre mi hermana y yo peinamos a mi hija, después hice de comer como de costumbre y visité a mis papás. Cuando la abuela le pregunto a mi hija: “¿Quién te peino?” Ella respondió: “mi tía”. Preguntó luego a mi hijo: “¿quién te cocino hoy?” Él respondió: “Mi papá”. Y para cerrar con broche de oro les preguntó a ambos: “¿y quién los trajo a visitarnos?” Ambos al unísono respondieron: “nadie”.

¡Wow!, tuve que correr al espejo a asegurarme que no era invisible. Me guste o no, la realidad es, que la mayoría del trabajo de una mamá es invisible, no solo invisible, sino repetitivo y monótono. Pareciera que nadie lo ve, ni lo aprecia; y es tan invisible que incluso pasa desapercibido ante los que están cerca de nosotros.

Estoy segura que al igual que me pasa a mí, tú te has sentido invisible, atrapada en la monotonía, atrapada en ropa para lavar y doblar, atrapada en los trastes que parecen solo multiplicarse y en las interminables comidas que cocinas para tu familia.

Esta realidad puede desanimarnos, quitarnos el propósito de vida, nos aleja de traerle gloria a Dios en nuestro rol, nos lleva a tener pensamientos donde nos imaginamos estar haciendo algo mejor, o pensamos que estamos desperdiciando nuestras vidas. Y gracias a las feministas, estos pensamientos se agravan, están a la orden del día y somos más fácilmente atrapadas por muchas mentiras.

No eres invisible para Dios

El otro día estudiando la Biblia con una amiga, Dios a través de Su Palabra en Mateo 6:1-15 trajo consuelo, ánimo y esperanza a mi corazón en cuanto a ser invisible. Jesús está en el sermón del monte, y si lo has leído antes sabes que es imposible, (si tienes un corazón regenerado), no salir exhortada y dar gracias por Cristo. Pero en esta parte, Jesús, (la manera en que yo lo resumo), está hablando acerca de cuáles son nuestras motivaciones al hacer actos comunes de adoración a Dios.

Comienza en el versículo 1: “Cuídense de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de otra manera no tendrán recompensa de su Padre que está en los cielos”.

¡Boom! Allí me golpeó la Palabra de Dios. Jesús se está refiriendo a los fariseos, a quienes les encantaba la fama, ser reconocidos y sentirse superiores por ser especiales delante de Dios por su conocimientos y hábitos de “piedad”. Pero me vi reflejada en ellos, tal vez lavar la ropa, cocinar, limpiar, sonar narices y cambiar pañales no son actividades que parezcan muy “espirituales”.

Pero, ¿sabes por qué nos choca el hecho de pensar que somos invisibles? ¿Sabes por qué nos incomoda la monotonía y la rutina? Por nuestro orgullo, al igual que los fariseos o cualquier ser humano en esta tierra, nuestro orgullo está buscando maneras de sobresalir, de ser reconocido, de ser el mejor, de ser apreciado, de ser levantado.

Solo reconozcámoslo, nuestro orgullo desea que no seamos invisibles, desea que nuestra familia nos reconozca, nos aplauda, nos haga una estatua y nos diga: ¡sin ti no podemos vivir!

No me malentiendas, constantemente motivo a esposos e hijos a ayudar a mamá en casa, a animarla y reconocer su trabajo, a apapacharla, a darle incluso un día libre. Es cómo deberían ser las cosas. Pero, en este momento no nos estamos enfocando en ellos sino en nosotras.

Jesús habla sobre la limosna, en el versículo 4 dice: “…. y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”. Después comienza a hablar de la oración en el versículo 6 dice: “…ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.

Primero, quiero hacer notar que orar y dar limosna eran actividades comunes y monótonas que el pueblo judío practicaba. Pero en ningún momento, Jesús está diciendo que dejen de hacerlas, sino que cuidarán el cómo las hacían. De igual manera, nuestro trabajo común y monótono de mamás no deben de dejar de realizarse, sino de hacerse con la motivación correcta a la luz de Quién es Dios.

Y aquí viene la parte hermosa, Jesús dos veces asegura que Dios ve en lo secreto. Así es, puedes pensar que eres invisible, pero no para Dios; todo mundo puede ignorar lo que haces, incluso tu esposo e hijos, pero no Dios.

Él está allí mientras lavas los trastes, Él lleva la cuenta de cuántas comidas has cocinado, Él sabe las horas exactas que no has dormido, Él conoce las prendas de ropa que has doblado. ¿Por qué deseamos el interés de los demás en lo que hacemos, si tenemos el interés de la persona más importante del mundo, Dios mismo? Él no nos ignora.

Pero Jesús no solo asegura que Dios ve en lo secreto, sino que te ¡recompensará! ¡Así es! ¡No es broma, ni un mal chiste! Nuestro Padre, omnisciente, omnipresente, lleno de amor, verdad y misericordia, no solamente está atento e interesado en lo que hacemos cada día como madres y esposas, sino que en el momento adecuado ¡nos recompensará!

Personalmente, esto me llena de ánimo y propósito porque no existe trabajo hecho para el Señor que no sea valioso. No dejemos que nuestro orgullo se interponga entre hacer nuestra tarea con gozo y propósito, o hacerlo con queja, de mala gana o con fastidio.

Tal vez estás pensando, “pero no conoces lo demandante que es mi esposo y mis hijos, no me dejan ni tiempo para ir al baño, dependen de mi para todo”. Mi respuesta para ti está en el versículo 8 “…su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes que ustedes lo pidan”.

Aunque sientas que no tienes tiempo para nada, y que nadie cuida de ti, Dios sabe de lo que tú personalmente tienes necesidad, Él está viéndote, no sólo a ti sino a tu familia también. Estoy segura que si te determinas a hacer tu tarea para Su gloria y con la motivación correcta, sólo eso Dios lo usará para transformar al resto de tu familia. Antes de apuntar a otros, apuntémonos a nosotras mismas y trabajemos en nuestros pecados.

Tres consejos

Por esta razón quiero darte tres consejos para amar tu superpoder de ser invisible:

  1. Lee la Palabra: Sin ella, yo no hubiera encontrado esta esperanza, ni la habría compartido contigo, ¿cierto? No importa lo apretado de tu agenda, siempre hay tiempo, si tienes tiempo de quejarte o de ver Facebook, te aseguro que encontraras tiempo de leer.
  2. Ora, ora y ora: Mismo Jesús nos deja el modelo de cómo orar aquí en Mateo 6, lleva a Dios tus frustraciones, tu desesperación, confía en Él antes de confiar en que la solución a tus problemas está en irte a trabajar, o en dormir más o en contratar a una empleada. La paz para tu alma y contentamiento se encuentran sólo en Cristo, ve a Él.
  3. Busca una mujer Tito 2: Busca una mujer que ame a Dios y a su Palabra, con quien puedan animarse a crecer y dar gloria a Dios a través de nuestra invisibilidad. No busques a alguien que se queje contigo o critique la vida y la familia. También una mujer Tito 2 puede ayudarte a ver si mucha de tu frustración realmente puede tener una solución práctica; tal vez solo sea mejorar en la forma que disciplinas a tus hijos, no ser perfeccionista o aprender a organizarte.

Es el deseo de mi corazón, que Cristo y su Palabra sean suficientes en nuestra vida como mujeres, y podamos gozar de todo lo que tenemos mientras esperamos su regreso. Mi superpoder es ser invisible ¿Cuál es el tuyo?