Comencemos reflexionando en las palabras de C. S. Lewis:

Si consideramos las atrevidas promesas de recompensas y la naturaleza abrumadora de las recompensas prometidas en los Evangelios, parecería que Nuestro Señor considera nuestros deseos, no demasiado fuertes, sino demasiado débiles. Somos criaturas tibias, tonteando con alcohol, sexo y ambición mientras que se nos ofrece un gozo infinito, como un niño ignorante que continúa haciendo pasteles de lodo en una pocilga porque no puede imaginarse lo que significan unas vacaciones en la playa. Nos contentamos con demasiado poco.[1]

Tal vez esta cita te resulta familiar porque se menciona muy a menudo, pero la lógica sigue siendo provocativa. De acuerdo con Lewis, el problema con nuestro deseo es que no es suficiente. Perseguimos el pecado sexual, no porque nuestro hedonismo sea demasiado fuerte, sino porque nuestra hambre de placer es tan pequeña que nos contentamos con una imitación barata de la realidad: pornografía. Reflexiona sobre lo que Dios dice a Su pueblo a través del profeta Jeremías:

Porque dos males ha hecho Mi pueblo:
Me han abandonado a Mí,
Fuente de aguas vivas,
Y han cavado para sí cisternas,
Cisternas agrietadas que no retienen el agua (2:13).

Unas cuantas imágenes me vienen a la mente cuando leo esto. La primera es la imagen de un hombre trabajando sobre una de esas antiguas estaciones de bombeo de agua. Trabajando como un animal, todo sudado, frustrado y jadeando. La bomba apenas funciona y, cuando lo hace, borbotea un líquido espeso y café y cae en un vaso desechable con un agujero en el fondo. El agua ni siquiera es potable, así que no podrías beberla.

La otra imagen es de un hermoso arroyo en las montañas de Colorado. El agua es limpia, transparente y helada. Se puede beber directo del arroyo. A través de Jeremías, Dios le dice a Su pueblo: “Me han intercambiado por fango”.

Considera cómo se demostró esto en la vida de Moisés. El autor de Hebreos nos dice que, cuando ya era grande, Moisés prefirió el gozo mayor de identificarse con el pueblo de Dios, aun cuando esto implicaba muchas dificultades, porque era mejor que los placeres temporales del pecado. El oprobio de Cristo constituía mayores riquezas que los tesoros de Egipto (11:24–26).

Valorar y luchar por los gozos mayores es exactamente como Jesús describe Su reino. “El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder, y de alegría por ello, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo” (Mt 13:44, énfasis añadido).

No pases por alto esa pequeña frase: de alegría por ello. ¿Te sería una carga vender una casita con cuatro habitaciones en los suburbios con una Suburban en el garaje? ¿Sería para ti un sacrificio cobrar antes de tiempo tu ahorro para el retiro? Lo sería para mí. O, quizá no lo sería, si fuera para obtener algo mejor.

Como dijo el misionero Jim Elliot: “No es un tonto el que da lo que no puede retener para ganar lo que no puede perder”. Este sentimiento es precisamente el que ignoró aquel joven rico. Él vino a Jesús preguntando qué necesitaba hacer para obtener la vida eterna. Tras una corta conversación, Jesús lo miró con gran amor y le dijo: “Una cosa te falta: ve y vende cuanto tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo” (Mr 10:21). El joven “se fue triste, porque era dueño de muchos bienes” (v. 22). Él vio el sacrificio, pero pasó por alto la promesa.

Esto nos lleva al meollo del asunto. Nuestras acciones siempre reflejan nuestras creencias en ciertas promesas. El pecado nos promete placer y Dios nos promete placer. Aunque el pecado promete un sabor agradable (Gn 3:6; Pr 9:17), no puede cumplir su promesa. Pero Dios sí puede. ¿A quién le creemos?

Vemos esto también en el rey David. En su famosa oración tras su adulterio y asesinato, él ora a Dios: “Restitúyeme el gozo de Tu salvación” (Sal 51:12). El poeta John Donne también escribe: “Si no me cautivas, jamás seré libre / ni seré casto, si no me deslumbras”.[2]

Todos estos hombres cantan en armonía diciendo: lucha por los gozos mayores. Lucha por unas vacaciones en la playa, no por pasteles de lodo en una pocilga. Lucha por el arroyo limpio y transparente, no por lo burdo y vulgar. Lucha por lo permanente y duradero, no por lo breve y endeble. Lucha por el Rib Eye, no por el hot dog. Diamantes; no grava. Cristo; no el pecado. Dios; no la avaricia. Placer; no pornografía.

Antes de dejar este tema, debo aclarar algo muy importante. Los gozos mayores que tengo en mente incluyen gozos espirituales: perdón de pecados, aceptación del Padre, servir a Dios sin la culpa interna de una doble vida. Después de todo, luchar por los gozos mayores es simplemente otra manera de hablar acerca de adorar a Dios, no a los ídolos.

Sin embargo, no tengo solamente estos gozos en mente. También me refiero a aquellos gozos de la vida que el pecado destruye. Si estás casado, me refiero al gozo de compartir una copa de vino con tu esposa después de poner a tus hijos en la cama (Ec 2:24–26; 5:18–20). Y me refiero a hacer esto no solamente para que después se desvista para ti, sino porque sinceramente disfrutas de su compañía y conversación; ella debe ser tu ayuda y tu mejor amiga. También me refiero al gozo de poder mirar a una mujer a los ojos sin el más mínimo indicio de lujuria. Me refiero a terminar un duro día de trabajo en la oficina e ir a dormir sabiendo que has hecho del mundo un lugar mejor porque trabajaste en algo que tiene valor y que lo hiciste todo para el Señor (Col 3:23).

Lucha por una relación pura con Cristo; eso es aún mejor que unas vacaciones en la playa.

Preguntas de diagnóstico

  1. El autor Tim Challies escribe: “Todo hombre cristiano que mira pornografía quiere dejarla, pero muchos de nosotros queremos seguir avanzando más de lo que queremos parar. El problema no es el conocimiento, es el deseo y la capacidad”.[3] ¿Estás de acuerdo con esta declaración? ¿En tu experiencia, ha sido verdadera?
  2. ¿Cómo se afecta tu relación con Dios cuando crees la promesa del pecado por encima de las promesas de Dios? ¿Qué gozos en la vida son limitados cuando lo haces? ¿Puedes enumerar cinco maneras?

[1] C. S. Lewis, The Weight of Glory: And Other Addresses [El peso de la gloria y otros discursos] (New York: Harper One, 2001), 26.

[2] “Holy Sonnets: Batter My Heart, Three-Person’d God,” [“Sonetos santos: golpea mi corazón, Trino Dios”] citado en Tony Reinke, The Joy Project: A True Story of Inescapable Happiness [Proyecto gozo: una historia verdadera de felicidad inescapable] (Minneapolis, MN: Desiring God, 2015), 75.

[3] Tim Challies, Limpia tu mente (Nashville, TN: B&H Publishing Group, 2016), 19.