No solemos pensar en el siglo XVI como una época en la que las personas tuvieron que resolver problemas de identidad femenina. Pero el catolicismo romano tenía ideas muy fuertes sobre las mujeres y lo que ellas debían hacer. Por ejemplo, monjas que amamantaban y esposas en celibato eran consideradas santas. ¡Eso es un problema! Y como la tradición católica romana se desmoronó bajo la examinación bíblica, la iglesia protestante tuvo que lidiar con las consecuencias. Monjas que huían y esposas de sacerdotes revelaron los verdaderos problemas de género e identidad a los que se enfrentaba el naciente protestantismo. La iglesia recurrió a las Escrituras para orientación y guía.

¿Qué es lo que la iglesia vio allí? Vio a Miriam, la profetisa guiando a las mujeres israelitas en alabanza. Vio a Jael, la mamá de casa que asesina a un general enemigo; Abigail, la mujer con un matrimonio difícil que usa su riqueza para proveer a David; Dorcas, la mujer anciana que se dedica a cuidar a los pobres; Priscila, la esposa instruida que, junto con su marido, ayuda a Pablo en su ministerio de enseñanza. De manera muy clara, la feminidad bíblica no estaba limitada a las paredes del convento o a las guarderías católico romanas. Así como tampoco estaba limitada a leer su Biblia en casa y criar hijos protestantes. La feminidad bíblica estaba —y está— usando tus dones para servir a la iglesia en maneras que facilita su crecimiento y salud de acuerdo a los patrones bíblicos.

Durante la Reforma, las mujeres usaron sus dones en tres áreas generales: en el hogar, en el gobierno y a través de publicaciones. Las esposas de los protestantes facilitaban a sus esposos el trabajo del evangelio y criaban a sus hijos en el temor y la amonestación del Señor. Las reinas y princesas protestantes impulsaron la reforma y abogaron por los perseguidos. Y los autores protestantes escribieron en defensa de la verdad bíblica.

Estas mujeres usaron sus dones para la transformación con el evangelio en su propia esfera, en todas las maneras posibles. La sumisión no era sinónimo de pasividad, sino de creatividad, actividad y servicio sacrificial que traía la alabanza de sus familias, el reconocimiento de la comunidad y la bendición del Señor.

Las funciones públicas no eran la meta para estas mujeres. Ellas no respondían a un llamamiento para que hubiera más mujeres en el gobierno, en el diálogo teológico público y en las publicaciones que hacían. Las funciones públicas fuera del hogar no fueron cosas por las que lucharon las mujeres de la Reforma: llegaron a desempeñarlas porque se destacaban en el hogar y tenían la posición, o la consideración, la formación teológica y la energía para asumir un trabajo adicional cuando había una necesidad o una oportunidad.

Y las funciones públicas no se cumplían a costa de las funciones privadas: la vocación principal de cuidar de la familia. El marido y los hijos no se sacrificaron por la carrera o la realización personal. Y hubo contentamiento cuando Dios limitó a estas mujeres a funciones privadas y domésticas. Pero también hubo una gran productividad y libertad. Los creyentes de la era de la Reforma podían responder a los problemas de la mala enseñanza católica sobre los roles de género, no porque reaccionaran a ella, sino porque vivían los principios que encontraban en las Escrituras.

La gran pregunta con respecto a los roles de género en la iglesia no es: “¿Cuánto se les permite hacer a las mujeres?” sino: “¿Cómo pueden las mujeres utilizar mejor sus dones para servir a Jesús?” Jesús nos da pautas muy claras en Su Palabra. Y las mujeres de la Reforma nos dan ejemplos sólidos en esta área mientras tratamos de aprender lo que la feminidad realmente

puede ser, basada no en nuestros sentimientos, deseos o en la tradición, sino en principios y prioridades bíblicas inmutables en un mundo que está muy confundido acerca de este tema

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Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.