Dios ha revelado en Su Palabra cómo debemos gobernar Su iglesia, y de la Palabra de Dios reconocemos dos oficios que ha dado para dirigir Su iglesia: pastores (también llamados supervisores y ancianos) y diáconos. También vemos que los pastores no deben servir solos, sino en una pluralidad de ancianos. Después de todo, cada vez que se menciona el liderazgo de la iglesia local en el Nuevo Testamento, leemos que hay ancianos (en plural) en una iglesia (en singular), ver Hch. 11:30, 14:23, 20:17 y 28, Fil. 1:1, 1 Tim. 5:17, Tit. 1:5, Stg. 5:14, 1 Ped. 5:1-2.

Con esto en mente, las iglesias deben tener una pluralidad de ancianos para su salud y bienestar. Y ahora que soy pastor de una iglesia, he experimentado personalmente las bendiciones de servir con otros ancianos. También fui mentor para el ministerio en una iglesia con una pluralidad de ancianos donde fui testigo de la ventaja de tener un equipo pastoral. Estos son algunos de los beneficios prácticos que he encontrado cuando una iglesia es dirigida por una pluralidad de ancianos:

Los ancianos proporcionan un sabio consejo

El liderazgo de la iglesia requiere tomar muchas decisiones. Desde elegir nuestra próxima serie de sermones hasta lo que se enseña en la escuela dominical, desde elegir qué ministerios tendrá nuestra iglesia hasta cómo llevar a cabo estos diversos ministerios, desde elegir qué consejo dar para actuar con el presupuesto de nuestra iglesia, se requieren miles de decisiones. A decir verdad, no soy un experto en todas estas áreas, no siempre tengo mucha experiencia, y es probable no tenga conocimiento de todas las opciones para tomar una buena decisión.

Escuchar otras perspectivas y recibir los consejos y reflexiones de mis compañeros mayores es de increíble valor para tomar decisiones acertadas. Al final de una productiva conversación, he llegado a ver por qué una idea prometedora que tenía no debería ser implementada. Cuando nos ponemos a pensar juntos, me sorprende ver cuántas buenas ideas surgen y se perfeccionan a través de nuestra conversación. Al estar aconsejando a un miembro a través de una lucha o situación difícil, la comprensión que he recibido ha sido de tremenda utilidad para proporcionar esperanza y crecimiento espiritual al que ha pedido ayuda. ¡No es de extrañar que leamos sobre el beneficio de una abundancia de consejeros en Proverbios!

Los ancianos comparten la carga del ministerio

Además, el pastoreo bíblico y fiel de una iglesia local requiere mucho más de lo que un hombre puede hacer por sí mismo. Cuando considero todo lo que la Escritura me llama a hacer como pastor, de inmediato reconozco cuánta ayuda voy a necesitar para llevar a cabo el cuidado espiritual del alma que se exige entre el rebaño de Dios. Al mismo tiempo, con los ancianos trabajando conmigo, a menudo me sorprendo de lo que podemos hacer juntos.

No tengo ninguna duda de que me agotaría con rapidez del ministerio pastoral si no tuviera a nadie que comparta la carga conmigo. Afortunadamente, Dios no quiere que sirva solo, y tengo compañeros ancianos que pastorean la iglesia conmigo y que apoyan mis propios esfuerzos ministeriales. Sirviendo juntos, he visto lo efectivos que hemos sido en amar a nuestra congregación y alcanzar a nuestra comunidad.

Los ancianos complementan mis dones

Aunque Dios me ha dado dones y habilidades para llevar a cabo mis responsabilidades pastorales, soy débil y necesito ayuda. En la Biblia, leemos acerca de la iglesia como el cuerpo de Cristo, formado por muchos miembros trabajando juntos (1 Cor. 12). También vemos que esto es cierto dentro de un cuerpo de ancianos. Dios nos llama a varias responsabilidades ministeriales como ancianos, y algunas se llevan a cabo mejor con una mano, un ojo, una boca o un pie. Para participar en un ministerio que sea agradable a Dios, nos necesitamos unos a otros.

Mientras yo era mentor para el ministerio, recuerdo haberme sentado en reuniones de ancianos donde un hombre era un teólogo respetado, otro era un consejero experimentado, otro era un administrador capaz, y otro se centraba en las misiones y el evangelismo. Usando sus dones juntos para dirigir la iglesia, su ministerio era mucho más rico que si nos hubiéramos limitado a los dones de un hombre. He encontrado el mismo enriquecimiento en la iglesia donde sirvo actualmente, donde los diferentes dones y habilidades son usados para la gloria de Dios y el bien de Su pueblo.

Los ancianos impiden el culto a la personalidad

Con un hombre a cargo de una iglesia, puede fácilmente convertirse en el centro de atención de la vida de la iglesia. Él es el que todo el mundo busca para ayudar e inspirarse. Su voluntad se convierte con rapidez en la voluntad de la iglesia. Y la personalidad del líder se refleja en la personalidad de la iglesia. Pero cuando un pastor sirve entre los ancianos, ellos comparten el ministerio. Él solo no tiene autoridad, pero comparte su autoridad con otros. La iglesia se vuelve más completa y equipada como resultado.

Por supuesto, una iglesia con una pluralidad de ancianos puede desarrollar un culto de personalidad alrededor del pastor principal. Cuando una iglesia niega la paridad e igualdad de los ancianos, o cuando el pastor principal tiene una personalidad tan dominante que los únicos ancianos que sirven con él son “personas de sí” que sellan sus decisiones, entonces puede resultar un culto a la personalidad. Sin embargo, una pluralidad de ancianos debe impedir este tipo de liderazgo cuando hombres calificados y piadosos son llamados a servir como ancianos junto con un pastor predicador.

Los ancianos alientan la fidelidad bíblica

El Apóstol Pablo advierte a los ancianos de la iglesia de Efeso: “Cuidad de vosotros mismos y de todo el rebaño, en el que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para que cuidéis de la iglesia de Dios, que él obtuvo con su propia sangre” (Hch. 20:28). Así que los ancianos deben velar cuidadosamente por sí mismos. Pero no debemos leer esto de una manera demasiado individualista, como si cada anciano debiera vigilar su propia vida espiritual. Pablo también les recuerda a los ancianos que deben prestarse atención los unos a los otros. Después de todo, la primera línea de ataque de Satanás es a menudo atacar al liderazgo de la iglesia. Y como los ancianos siguen siendo pecadores, continuamos luchando con nuestro pecado. Así que nos necesitamos unos a otros para animarnos en nuestra fidelidad a Cristo y en nuestro ministerio a Su iglesia. Juntos, nos hacemos responsables unos a otros como pastores del rebaño de Cristo.

Al considerar los beneficios que recibo de servir entre una pluralidad de ancianos, estoy agradecido por la sabiduría de Dios en el establecimiento de esta forma de liderazgo de la iglesia y Su provisión de darme compañeros ancianos para que Cristo sea glorificado y Su iglesia sea amada y cuidada. Oro para que más iglesias lleguen a ver el valor de tener una pluralidad de ancianos y experimenten las bendiciones que Dios da a través de ellos.