Yo solía ser un ávido jugador de juegos en la computadora. Desde que las computadoras se hicieron ampliamente disponibles, las usé para jugar videojuegos. Los jugué durante suficiente tiempo como para saber que ya no los hacen como antes. Los juegos de hoy en día no han superado los estándares establecidos por videojuegos clásicos como X-Com, Railroad Tycoon, Civilization, SimCity, etc. Cuando se hicieron estos juegos, las computadoras eran tan primitivas que un juego tenía que ser realmente bueno y dar la talla en los propios méritos de su jugabilidad. Las gráficas no eran lo suficientemente sofisticadas como para poder esconder un mal juego dentro de unas gráficas deslumbrantes.

Con los recientes avances en la tecnología, los videojuegos han sufrido una transformación radical. Los juegos de hoy en día se caracterizan por representar de manera muy detallada la apariencia externa de los objetos, los lugares o las personas, tratando de imitar sus rasgos, proporciones, colores y texturas. Es decir, son muy fotorrealistas. Esto plantea nuevos problemas sobre la moralidad de representar actos de violencia y sexualidad que eran casi desconocidos incluso hace unos pocos años.

Los videojuegos han adquirido a menudo una mala reputación. Después de los terribles sucesos en la escuela Columbine en los Estados Unidos, los videojuegos se consideraron como parte del campo de entrenamiento de los asesinos. Desde entonces, la prensa ha centrado su atención en qué tipo de videojuegos juegan aquellos que cometen crímenes. Eso quedó demostrado recientemente cuando un joven disparó a diecinueve personas en un colegio de Montreal, Canadá. Inmediatamente se habló sobre los videojuegos que jugaba y cómo pudieron haber contribuido a sus actos violentos.

Yo ya no juego más videojuegos. Sólo desearía jugar los mejores videojuegos y, por su propia definición, estos juegos se llevan horas, incluso cientos de horas para jugarlos bien y dominarlos. He conocido a gente que ha invertido incontables horas en videojuegos. Este es un tiempo que no estoy dispuesto a dar. Aún así, me mantengo atento a la industria, interesado en seguir su desarrollo y evolución. He visto que, mientras los videojuegos siguen mejorando sus gráficos y se ven cada vez más realistas, también están representando actos de depravación cada vez más perturbadores.

Sé que tendré que luchar con los problemas que plantean los videojuegos a medida que mis hijos crezcan y empiecen a interesarse por ellos, y por eso leí con cierto interés el libro de Richard Abanes, What Every Parent Needs to Know About Video Games (Lo que todo padre debe saber sobre los videojuegos). Abanes es un ávido jugador. A lo largo del libro describe su interés en varios juegos, a menudo haciendo pausas para compartir impresiones de los juegos que más le gustan. Escribe como alguien que tiene un gran interés en la industria y como promotor de ella. “Mi intención es que este volumen sea una pequeña pero significativa contribución a lo que promete ser algún día una vasta colección de literatura relacionada con los videojuegos. Claramente, la era de los videojuegos ha llegado y todos nosotros ya somos parte de ella”.

Si tuviera que reducir este libro a dos puntos principales, serían estos. Primero, los videojuegos no son intrínsecamente buenos o malos. Como la televisión o el cine, los videojuegos son amorales. Pueden ser hechos buenos o malos por aquellos que los diseñan, pero no tienen una moralidad intrínseca. En segundo lugar, los videojuegos se clasifican por una razón. Al igual que con las películas, los juegos se clasifican según su contenido, y aquellos que los juegan (o quienes toman las decisiones por los niños) deben prestar atención a estas clasificaciones y tomar las decisiones correspondientes. Hay muchos juegos que son inapropiados para los niños y muchos que son inapropiados para todos. Por el contrario, hay innumerables juegos que son muy divertidos y pueden proporcionar un entretenimiento maravilloso.

Abanes explica el sistema de clasificación, explica los diferentes géneros de los videojuegos y luego se concentra en el hecho de que “madurez” significa “madurez”, es decir, que las clasificaciones tienen un significado y deben seguirse como corresponde.

El libro termina así: “Me voy a pasar unas horas jugando Eve Online, de todos, mi juego favorito. Finalmente llegó el momento de comprarme y volar en el videojuego Eve Online una nueva nave de batalla llamada Ferox. He estado entrenándome para esto desde el comienzo de mi trabajo en este libro. Ahora, varios meses después, las habilidades de pilotaje que necesito han sido obtenidas, y tengo suficientes Kredits Interestelares (dinero espacial) para hacer mi compra… para poder acercarme al cosmos. ¡Cuidado, piratas espaciales, aquí voy!” Me pareció casi vergonzoso leer esas palabras, pero al menos prueban que Abanes habla como un conocedor de esta industria.

Hay muchos libros escritos por cristianos preocupados y que hablan en contra de este tema pero no son duchos en el mismo. De eso no se puede acusar a este autor… y creo que es mejor así. Aunque no es un libro innovador, y no contiene grandes cantidades de análisis profundo, “Lo que todo padre debe saber sobre los videojuegos” hará que los padres piensen en los temas difíciles relacionadas con los videojuegos y les dará paz saber que sus hijos pueden dedicarse a este hobby y hacerlo de forma que no deshonre a Dios.