Saber que la Escritura nos llama a cantar y que Dios canta es una cosa. Saber cómo debemos cantar es otra. Porque podemos cantar mal. Podemos cantar por las razones equivocadas. Podemos carecer de motivación. Podemos cantar sin saber lo que tenemos que hacer aparte de emitir sonidos con nuestras bocas.

En el Nuevo Testamento hay dos pasajes que hablan específicamente sobre el canto:

No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu. Anímense unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales. Canten y alaben al Señor con el corazón, dando siempre gracias a Dios el Padre por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo (Ef 5:18-20).

Que gobierne en sus corazones la paz de Cristo, a la cual fueron llamados en un solo cuerpo. Y sean agradecidos. Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón. Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de Él (Col 3:15-17).

Ambos proveen un punto de partida para entender con mayor claridad por qué Dios quiere que cantemos.

Cantar favorece y expresa la obra del Espíritu en nuestros corazones. A la hora de Pablo describir nuestro canto, recurre a una analogía inesperada: emborracharse. Y es que nuestro canto tiene una causa. En Efesios 5:18, Pablo comparó el estar lleno de alcohol con ser lleno del Espíritu. Ambos se refieren a algo que afecta nuestra conducta. De ahí viene la frase “conducir bajo la influencia”. Tanto el estar lleno de alcohol como el ser lleno del Espíritu Santo pueden llevar a expresiones libres de gozo y entusiasmo.

Pero ahí es donde terminan las semejanzas. Pablo no está llamándonos a “emborracharnos del Espíritu” —a caer al piso, hablar de manera confusa y pedir ayuda para llegar a nuestros vehículos. No es eso lo que dice este pasaje. Pablo enfatizó las diferencias más que las semejanzas. El alcohol es una sustancia depresiva. Adormece el cerebro y los sentidos. Demasiado licor en el torrente sanguíneo nos lleva a perder el control, la capacidad de discernir y el equilibrio. Puede llevar a la inmoralidad sexual. En cambio, el Espíritu Santo es un estimulante, como dice D. Martyn Lloyd-Jones. Nos da vida. Nos ayuda a ver la gloria de Cristo. Nos revela el amor de Dios por nosotros. Nos da dominio propio, sabiduría, entendimiento y discernimiento. Nos capacita para vivir en obediencia. Y nos hace querer cantar.

Nuestro anhelo debe ser estar continuamente bajo la influencia del Espíritu. E increíblemente, una de las maneras en que Dios quiere que experimentemos la influencia del Espíritu es a través del canto. El canto que edifica a la iglesia afecta nuestros corazones, exalta a Cristo y nos hace conscientes de la presencia de Dios.

Si el Espíritu de Dios está tan involucrado en nuestros cantos de alabanza, eso tiene implicaciones. No tenemos que esperar a que el líder de adoración o la banda nos convenza de que tenemos que cantar. No tenemos que estar convencidos de que elevar nuestras voces es bueno para nosotros. Si somos creyentes, el Espíritu habita en nosotros y está deseoso de llenar nuestras bocas con salmos, himnos y canciones espirituales. Y podemos estar seguros de que mientras cantamos, el Espíritu de Dios estará obrando en maneras sobrenaturales, transformándonos a la imagen de Cristo con más y más gloria (2Co 3:18).

Cantar nos ayuda a recordar la Palabra de Dios. Colosenses 3:16 afirma que debemos dejar que la palabra de Cristo habite en abundancia en nosotros al cantar salmos, himnos y canciones espirituales. Esta “palabra de Cristo” es la manera en que Pablo se refiere al evangelio. Son las buenas nuevas de Jesucristo, el Salvador resucitado que vino en la carne para recibir la ira de Dios en nuestro lugar y reconciliarnos con Él. Esas noticias, con todas sus implicaciones, deben habitar en abundancia en nuestros corazones y mentes cuando cantamos. “Cristo es el fundamento y el contenido del canto cristiano. Los cristianos cantan sobre Cristo. Si cantan acerca de Dios, es especialmente sobre lo que Él ha hecho a través de Cristo; si cantan acerca del Espíritu Santo, es sobre el Espíritu Santo como el don de Cristo; si cantan acerca de instruirse unos a otros, es sobre la vida en Cristo”.

Los colosenses habrían entendido que Pablo estaba diciendo que Dios quería que el evangelio habitara en nosotros tan profundamente que fuéramos influenciados, moldeados y gobernados por el mismo. Así que ¿por qué habla de la música?

La música nos ayuda a recordar las palabras, y Dios quiere que la música nos ayude a recordar la palabra de Cristo.

El doctor Oliver Sacks ha estudiado por años el efecto de la música en el cerebro. En su libro Musicophilia escribió: “Cada cultura tiene canciones y rimas que ayudan a los niños a aprender el alfabeto, los números y otras listas. Incluso como adultos nuestra capacidad para memorizar o retener información es limitada a menos que usemos recursos o modelos nemotécnicos, y los más poderosos son la rima, la métrica y el canto”.5

Un paciente de Alzheimer no logra reconocer a su esposa ni a sus hijos, pero se une con entusiasmo al escuchar una canción que aprendió cuando era un adolescente. Las canciones publicitarias (lo que llaman jingles) quedan atrapadas en nuestras mentes por horas, incluso días. Una canción que no habíamos escuchado por décadas comienza a sonar en una tienda e instintivamente empezamos a repetir la letra.

Dios mismo usó la música como un medio para ayudar a Su pueblo a recordar Su Palabra. Cuando los israelitas iban a entrar a la tierra prometida, Dios dijo a Moisés que les enseñara un cántico para que “cuando les sobrevengan muchos desastres y adversidades, este cántico servirá de testimonio contra ellos, porque sus descendientes lo recordarán y lo cantarán…” (Dt 31:21). Recordamos lo que cantamos.

Debido a que la música sirve como un recurso para recordar, seguro que la mayoría de nosotros podríamos aprovecharla mejor. A lo largo de la historia, los santos se han aprendido de memoria docenas si no cientos de himnos. No son muchas las personas que conozco que pudieran decir lo mismo. He visto a las personas mirando fijamente a la pantalla o a la hoja impresa aun cuando están cantando cantos que ya han memorizado. Nos sabemos las palabras, pero nos quedamos mirándolas de todas formas. Si ese es tu hábito, trata de leer solo la primera línea y luego mira hacia otro lado para cantar el resto de la estrofa de memoria. También puedes sacar un rato durante tus tiempos con el Señor para repasar algunos cantos. Te sorprenderá lo rápido que los memorizarás.

Cantar nos ayuda a recordar la Palabra de Dios. Aprovechemos todos sus beneficios.

Este artículo fue extraído del libro Verdaderos adoradores publicado por Poiema Publicaciones. Además, puedes leer más artículos sobre este tipo de libros en El Blog de Poiema.