Esta es la cuarta entrega de una serie sobre términos teológicos. Puedes ver las entradas anteriores sobre los términos teología, Trinidad y creación. Hoy, la serie pasa al hombre.

Sorprendentemente, intentar definir al hombre en términos sencillos no es una tarea fácil. Hay muchas cosas que podrían incluirse en la definición y hay que trazar una línea en algún lugar. He optado por definir al hombre según el primer uso del término en la Biblia.

En Génesis 1, encontramos al menos cuatro características que definen qué es el hombre:

1) Como la mayoría de las Biblias inglesas aclaran en sus notas a pie de página, el término hombre en hebreo (adam) está muy relacionado con la palabra hebrea para tierra o suelo (adama). Esto es un recordatorio intencional y continuo de que Dios formó al hombre “del polvo de la tierra” (Génesis 2:7) que enseña que el hombre es un miembro integrado y natural del mundo creado por Dios.

2) El hombre fue creado “a imagen y semejanza de Dios” (Génesis 1:27), lo que significa que, además de ser un miembro natural de la creación de Dios, es también un ser sobrenatural. Al haber sido hecho a imagen de Dios, lleva la impronta del Creador sobrenatural, el Dios que existe y actúa de manera que excede el orden natural que ha creado. Santiago 3:9 afirma que esta imagen divina no ha sido eliminada incluso después de la caída del hombre de su estado original de ausencia de pecado.

3) El hombre tiene dominio sobre la creación. Dios lo deja claro en Su mandato original al hombre: “que ejerza dominio sobre [todo lo que he creado]” (Génesis 1:26). Una de las principales implicaciones de haber sido creados a imagen de Dios es que compartimos Su dominio sobre las demás cosas creadas. Sin embargo, fíjate en cómo afecta a esto nuestro primer punto: como somos un miembro de la creación, nos servimos mejor cuando administramos bien el resto de la creación.

4) El hombre es hombre y mujer. “A imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó” (Génesis 1:27). Este versículo nos enseña que un componente central de lo que Dios pretendía cuando hizo al hombre es que existiéramos como dos sexos intencionalmente distintos.

En resumen, pues, Génesis 1 nos enseña que el hombre es la única criatura hecha hombre y mujer, de la tierra, a imagen de Dios, con dominio sobre el resto de la creación.