¿Qué es lo más revelador de tu “verdadero yo”: tu espontaneidad y emocionalidad, o tu determinación e intencionalidad? Pongámoslo de otra manera, ¿qué es lo fundamental en cuanto a quién eres: los sentimientos que espontáneamente emergen de tu corazón, o las decisiones que intencionalmente tomas?

En Bethlehem Collage & Seminary, enseño una clase llamada Fundamentos del Hedonismo Cristiano. Junto con la Biblia, leemos a Piper, Edwards, Lewis y a otros. Hablamos acerca de la Supremacía de Dios, la gran importancia de las emociones, la vida cristiana y el ministerio pastoral. Amo hacer esto.

Un aspecto estimulante de la clase, es cuando identificamos tensiones y desacuerdos entre nuestros Hedonistas Cristianos favoritos y nos unimos al debate junto a ellos. El último semestre, descubrimos una aparente discordancia entre como Piper habla acerca de los sentimientos y como Lewis habla acerca de la voluntad.

El dolor de Piper

En el capítulo 3 de Desiring God [Deseando a Dios], Piper explora la “Adoración: El Deleite del Hedonismo Cristiano”. Al hacerlo, él acentúa la importancia de los sentimientos, las emociones y los afectos en la adoración.

Piper enfatiza que los sentimientos genuinos son espontáneos y no calculados. Los sentimientos no son conscientemente buscados o logrados de manera intencional como cualquier otra cosa. Él da numerosos ejemplos de sentimientos. La esperanza (que naturalmente surge en tu corazón cuando estás naufragando en una balsa y alcanzas a ver tierra firme), el miedo (que naturalmente surge cuando acampas y escuchas a un oso fuera de tu tienda), el asombro (que te sobrecoge cuando te paras en el borde del Gran Cañón) y la gratitud (que naturalmente emerge del corazón de los niños cuando reciben ese regalo tan esperado en la mañana de Navidad).

El más conmovedor ejemplo de sentimiento espontáneo que Piper describe, sin embargo, es el dolor que se volcó en su corazón cuando recibió la noticia que su madre había muerto en un choque de auto. En ese momento, “el sentimiento [de dolor] estaba ahí, brotando de mi corazón” (91). No hubo planeamiento, búsqueda, o decisión–solo emoción y sentimientos. Y aquí está el punto central: “Viene desde lo más profundo, de un lugar más allá de la voluntad consciente” (91).

Las oraciones de Lewis

Al mismo tiempo, estuvimos leyendo Las Cartas a Malcom de Lewis. En la Carta 21, Lewis analiza lo frustrante y fastidioso de la oración y la naturaleza del deber. Un día, cuando seamos perfeccionados, la oración y nuestras otras obligaciones ya no los experimentaremos como deberes, sino como deleites. El amor va a fluir de nosotros “naturalmente como el cantar de la alondra o la fragancia de una flor” (154). Por ahora, nosotros luchamos con varios obstáculos e impedimentos.

Aun así, gozamos de buenos momentos en el presente–“refrigerios no pedidos ni buscados, que son un anticipo de la felicidad que gozará el hombre por venir” (156, cita de John Milton). Pero luego Lewis hace la siguiente declaración:

Tengo la impresión de que lo que parecen nuestras peores oraciones en realidad son, ante los ojos de Dios, nuestras mejores. Aquellas oraciones, quiero decir, que están menos cargadas de sentimientos devocionales y pelean con el más grande de los desganos. Por eso, tal vez, por someter a tal punto la voluntad, vienen de un nivel aún más profundo que las emociones. (157).

En otras palabras, puede ser que nuestras mejores oraciones sean aquellas que hacemos aún cuando no queremos orar, cuando nuestras oraciones no están marchando sobre sentimientos positivos hacia Dios, sin embargo están intencional y deliberadamente intentando vencer la resistencia dentro de nosotros. La voluntad, diría Lewis, surge desde lo más profundo, desde un lugar más allá aún de nuestros sentimientos, probando quienes en realidad somos en el fondo.

Clarificando la tensión

Podemos ver la tensión ¿no es así? ¿Son los sentimientos más profundos que la voluntad (como dice Piper)? ¿O es la voluntad más profunda que los sentimientos (como dice Lewis)?

Antes de evaluarlo, necesitamos una mayor claridad. Podemos comenzar notando puntos en los que ambos están de acuerdo. Primero, ambos Piper y Lewis acuerdan en que tenemos que distinguir los sentimientos de la voluntad.

Segundo, ellos parecen estar de acuerdo en algunas de las diferencias entre los sentimientos y la voluntad. Los sentimientos son espontáneos, no los buscamos ni los planeamos. Ellos son nuestra inmediata y natural manera de reaccionar a la realidad (como pájaros cantando o flores floreciendo). La voluntad, por otro lado, implica intención, planificación, tomar decisiones y ejecutarlas.

Tercero, ambos Lewis y Piper coinciden en que la voluntad y los sentimientos deben ser vistos en cierta forma de posición jerárquica, donde uno se considere más profundo que el otro. Nosotros podríamos llamar a esta clase de disposición de las facultades de la mente “niveles psicológicos”. Ciertas facultades son más profundas (y quizás más elevadas) que otras.

Estos tres puntos en común nos ayudan a clarificar la tensión. La disposición de las capacidades de la mente en diferentes niveles, implica que un nivel puede ser de alguna manera más importante (o al menos más revelador). La implicación, en ambos, Piper y Lewis, es que uno de los niveles es más genuino, más auténtico, un reflejo más fidedigno del verdadero ser (uno podría decir, más profundo). La implicación correspondiente es que el otro nivel es de alguna manera menos genuino, menos auténtico, un reflejo menos fidedigno del verdadero ser (uno podría decir, más superficial).

Entonces, ¿cuál nivel refleja mejor el verdadero ser, nuestros sentimientos o nuestra voluntad?

De sentimientos a pasiones

Ahora sí vamos a evaluar esto. Aquí es donde podríamos, simplemente, concluir que uno de los dos está en lo cierto y el otro equivocado. O, quizás, que los dos están equivocados. Eso a veces sucede, aún con los autores más inteligentes. Mi intención, sin embargo, es honrar la verdad en ambas perspectivas intentando tomar cualquier aspecto de la verdad a la que cada autor hace énfasis. Quizás con alguna que otra modificación y/o aclaración, las dos perspectivas puedan ser reconciliadas.

Por ejemplo, tanto Lewis como Piper se refieren a los sentimientos. Sin embargo, la palabra más apropiada para el fenómeno que están discutiendo es “pasiones”. Las pasiones son la inmediata, espontánea reacción o movimiento del alma.

Reformular la palabra “sentimientos” por “pasiones” nos permite ver como Lewis y Piper pueden ser reconciliados. Por un lado, Lewis está en lo correcto en que la voluntad es más profunda (o más elevada) que las pasiones. En la escuela de psicología clásica, el intelecto y la voluntad son considerados las facultades más elevadas del alma, con el intelecto como la facultad de razonar, reflexionar, contemplar y juzgar la realidad, y la voluntad como la facultad de moverse hacia o en contra de aquello que el intelecto percibe.

Adicionalmente, el alma tiene dos facultades menores: “sentido de la aprehensión”, el cual recibe impresiones de los sentidos, hace juicios espontáneos de esas impresiones,  y las guarda en la memoria; y “sentido del deseo”, el cual inmediatamente reacciona a lo que el sentido de la comprensión percibe y por lo tanto es donde se asientan las pasiones.

Por tanto, la voluntad del hombre frecuentemente tiene que contender con la oposición de los sentimientos más bajos. Mientras la voluntad puede restringir y a veces incluso vencer a las pasiones, no las puede controlar ni dirigirlas directamente. El mismo término “pasiones” sugiere que somos pasivos; no son conscientemente buscados ni decididos en el momento. Ocurren espontáneamente.

La voluntad restringe a las pasiones

Reformular la palabra “sentimientos” por “pasiones” demuestra la verdad en lo que Piper enfatiza también.

Piper es insistente en que los sentimientos (pasiones) son naturales. Por lo tanto, cuando él dice que su dolor vino “más allá de su voluntad consciente”, él quiso decir que pasó por alto su toma de decisiones en el momento.

Nuestros sentimientos son más bien reacciones rápidas antes que respuestas meditadas. Son naturales, no porque sean necesariamente profundas (o un reflejo más fidedigno de nuestro verdadero yo), sino porque están más cerca de la superficie, más viscerales y, por lo tanto, frecuentemente intensas y casi siempre ligadas a alguna expresión corporal (tal como la risa o las lágrimas).

Incluso el ejemplo de Piper, de extremo dolor, indica la capacidad de la voluntad de restringir y sobreponerse a las pasiones. Cuando él recibió la noticia de la muerte de su madre, él bajó a su propio hijo de entre sus piernas, se lo entregó a su esposa, y caminó a la habitación para estar solo, antes de colapsar en lágrimas por la siguiente hora.

En otras palabras, así como el dolor comenzó a hacer ebullición en él, su voluntad estuvo disponible para temporalmente contener las compuertas de las pasiones hasta que él estuviera solo y pudiera permitirles expresarse. Él puso la “cara de valiente” hasta que tuvo la ocasión de expresarse libremente.

El verdadero tu

De esta manera, tenemos ahora la psicología por niveles, compuesta por los altos poderes del intelecto y la voluntad, y los bajos poderes de los sentidos. La voluntad logrará acciones; el poder de los sentidos experimenta pasiones y sentimientos. ¿Cuál podemos decir es, entonces, el nivel más genuino, auténtico y que mejor refleja el verdadero ser?

La verdad es que los dos lo son. Ambos nuestras acciones y nuestras pasiones, nuestra voluntad y nuestros sentimientos, son reflejos de quienes somos como criaturas personificadas. Es muy cierto que nuestras pasiones fluyen de toda nuestra historia, incluyendo nuestras creencias, los cuentos que nos contamos a nosotros mismos, nuestras experiencias, nuestros recuerdos y nuestras decisiones. Mientras que la voluntad no dirige despotamente los sentimientos, los poderes más altos pueden entrenar y cultivar hábitos del corazón que espontáneamente fluyan en direcciones particulares.

Una vez más, podemos inferir esto de la dolorosa historia de Piper. Mientras él muy posiblemente no escogió esos sentimientos de dolor en ese momento, él había sido, por 29 años, formado y moldeado en la clase de persona que naturalmente responde a una noticia como aquella de esa manera. Esas lágrimas espontáneas y el dolor profundo de aquel día fueron el fruto de casi treinta años de amor maternal y gratitud filial, de cientos de tiernos abrazos y de besos de buenas noches, de vibrantes conversaciones en la hora de la cena, y de alegre, perpetua, obediencia al quinto mandamiento.

Uno puede imaginar una madre diferente, un hijo diferente, una relación y una historia diferente, diferentes decisiones y acciones, diferentes escenarios, y, por lo tanto, diferentes sentimientos cuando el teléfono suena.

Con Piper y Lewis

Así, no necesitamos elegir entre Piper y Lewis sobre la voluntad y los sentimientos. Podemos unirlos. Somos criaturas complejas, cuerpos y mentes, capaces tanto de reacciones espontáneas como de respuestas intencionales. Tomamos decisiones y experimentamos sentimientos, y nuestras decisiones le dan forma a nuestros sentimientos y nuestros sentimientos le dan forma a nuestras decisiones.

Así es como Dios nos hizo, y así es como nos está rehaciendo conforme a la imagen de Su Hijo. Con nuestros corazones y mentes transformadas, voluntariamente ofrecemos nuestros cuerpos (incluidas nuestras pasiones) a Dios como un acto de adoración espiritual (Ro 12:1). Nos despojamos del viejo hombre, con sus deseos y prácticas, y nos vestimos del nuevo hombre, el cuál está siendo renovado en el conocimiento conforme a la imagen de nuestro Creador (Col 3:10).


Este artículo se publicó originalmente en inglés en https://www.desiringgod.org/articles/the-deepest-part-of-you