Seguro que has oído la frase alguna vez. Probablemente la hayas aplicado a tus hijos. Y espero que la hayas aplicado a ti mismo. La obediencia tardía es desobediencia. La frase nos exhorta a que cuando sabemos lo que hay que hacer, es pecado no hacerlo. O como instruimos a nuestros pequeños: « Hazlo ahora, hazlo por completo y hazlo con un corazón contento».

Pero ¿es invariablemente malo retrasar la obediencia? ¿La obediencia tardía es siempre desobediencia?

Mi lectura bíblica de esta semana me llevó a los últimos capítulos de Esdras, que narra cómo el pueblo de Dios abandonó el exilio y regresó a Jerusalén. Apenas regresan, se convencen de que han pecado contra Dios al casarse con extranjeros. Esdras relata: «Y acabadas estas cosas, se me acercaron los príncipes, diciendo: “El pueblo de Israel, los sacerdotes y los levitas no se han separado de los pueblos de las tierras y sus abominaciones…sino que han tomado mujeres de entre las hijas de ellos para sí y para sus hijos, y el linaje santo se ha mezclado con los pueblos de las tierras”».

Esdras dirige al pueblo en una oración poderosa de confesión y el pueblo se siente conmovido. Se arrepienten de su pecado y hacen un pacto por el que se separan de esas esposas extranjeras y de sus hijos. «Entonces Esdras se levantó e hizo jurar a los principales sacerdotes, a los levitas y a todo Israel que harían conforme a esta propuesta; y ellos juraron».

Y entonces, como la obediencia tardía es desobediencia, inmediatamente tomaron medidas y expulsaron a las mujeres extranjeras ese mismo día, ¿verdad? No, no fue así en absoluto.

Aunque Esdras llamó al pueblo a actuar y parecía que lo haría de inmediato, ellos se opusieron, no porque quisieran retrasar su obediencia, sino porque sabían que el asunto era complicado y que era importante manejarlo con sabiduría, cuidado y prudencia. Sabían que la precipitación conduciría a la negligencia y posiblemente agravaría el dolor. «Solo que el pueblo es numeroso, y es la temporada de fuertes lluvias, y no podemos permanecer fuera. Tampoco se puede hacer todo en un solo día ni en dos, porque hemos pecado en gran manera en este asunto». En su lugar, propusieron que se nombraran jefes que irían de ciudad en ciudad para examinar cuidadosamente cada situación y luego, sobre la base del conocimiento, emitir el juicio apropiado.

Esdras estuvo de acuerdo con esto y la separación de los hombres judíos de las mujeres extranjeras se llevó a cabo durante un período de tres meses en lugar de un día. Es de suponer que estos jefes tuvieron en cuenta no sólo si estas esposas eran extranjeras, sino también si habían llegado a temer a Dios y aceptar la religión de sus maridos, algo que estaba permitido e incluso se había previsto (ver Esdras 6:21).

Al menos en este caso, la obediencia tardía fue obediencia. Y es que el retraso no se debió a apatía o indiferencia. No fue procrastinación ni un intento de seguir disfrutando del pecado hasta el último momento posible. No, el retraso se debió a la prudencia para asegurarse de que cada juicio fuera justo y correcto, que cada decisión fuera justa y santa. Aunque el pecado era grave y aunque sabían lo que había que hacer, la situación era complicada y el contexto inadecuado para tomar decisiones meditadas. Por eso, en este caso, el pecado menor o la obediencia mayor era actuar con lentitud.

Y la lección, tal vez, es que actuar con sabiduría, incluso alejándose de la desobediencia para buscar la obediencia, a veces lleva tiempo: tiempo para escuchar, tiempo para examinar, tiempo para reflexionar, tiempo para orar. En tales situaciones es mejor actuar lenta y correctamente que arriesgarse a acumular pecado sobre pecado, dolor sobre dolor. La obediencia tardía, al parecer, a veces no es desobediencia en absoluto.

Este artículo se publicó originalmente en Challies.

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Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.