“Sois de vuestro padre el diablo y queréis hacer los deseos de vuestro padre. El fue un homicida desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira” (Jn. 8:44).

Hemos leído este versículo muchas veces; sin embargo, me pregunto cuántas veces hemos pausado para captar y entender lo que dice.  Homicida y mentiroso, dos palabras donde considero que las implicaciones son más profundas de lo que hemos pensado.

Muchas veces no ponemos tanta importancia sobre la mentira, y aunque vemos más gravedad en matar, no creo que vemos lo horripilante que son ambas delante de los ojos de Dios y la profundidad de sus consecuencias.

No tuvimos que esperar mucho en la historia de la Biblia para ver cómo Satanás obra, porque tan temprano como en Génesis 3, vemos estos dos principios en acción. A través de la mentira, él engañó a Eva, a Adán y la muerte entró en el mundo para quedarse.

Ni Adán ni Eva entendían la profundidad de las consecuencias de su decisión; sin embargo, la ignorancia no los protegió y las consecuencias fueron pasadas al resto del mundo y por todas las generaciones.  El paraíso que Dios creó se trastornó y desde entonces estamos viviendo bajo sus efectos devastadores.

Es muy probable que la mayoría de nosotras nunca hayamos asesinado a nadie; sin embargo, todas hemos mentido (Sal. 116:11) en alguna forma u otra y la cantidad de abortos que vemos a diario en el mundo, demuestran que hay poca sensibilidad sobre matar.

Satanás y Job

Considero que hay un libro en la Biblia que nos deja ver claramente los caminos y artimañas de Satanás y es el libro de Job.  Siempre que leía este libro me enfocaba en Job, pero hoy quiero que nos enfoquemos en Satanás.

El libro inicia con una reunión entre Satanás y Dios donde él le esta recordando correctamente a Yahveh que Él había puesto una valla alrededor de Job para protegerlo.  Esto es lo que Dios hace con todos sus hijos y Satanás sabe aun mejor que nosotras, que él solamente puede tocarnos con el permiso divino.

Lo que Satanás no sabía era la fidelidad de Job a su Dios y el conocimiento que Dios tenía sobre cuánto Job podía resistir. Nosotras sabemos que Dios es fiel y no permitirá que ninguna de nosotras seamos tentadas más allá de lo que podamos soportar y, sabemos también que Él proveerá la vía de escape para resistirla (1 Co. 10:13).

He aprendido a reconocer sus artimañas en mi propia vida cuando los ataques son repetidos en poco tiempo, y esto es precisamente lo que ocurrió con Job.

Primero los bueyes y las asnas fueron robados y mataron a los criados, en seguida un fuego del cielo cayó y quemaron las ovejas y a sus criados; mientras hablaba, otro criado vino diciendo que los caldeos atacaron y se llevaron los camellos y mataron a sus criados. Todavía están hablando cuando otro criado viene y dice que todos sus hijos fueron asesinados por un gran viento que causó que la casa colapsara sobre ellos.

Esto es suficiente para tumbar a cualquiera; sin embargo, la reacción de Job demostró la profundidad de su confianza en El Señor: “Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El SEÑOR dio y el SEÑOR quitó; bendito sea el nombre del SEÑOR” (Job 1:21 énfasis autora).

Como Job no se quebró, Satanás pidió permiso para afectar  su salud, y Dios conociendo a su hijo, dio el permiso; Satanás hirió a Job con llagas malignas desde la planta del pie hasta la coronilla (Job 2:7). Con todo esto Job seguía con su integridad, así que vemos cómo Satanás cambió de táctica y comenzó a utilizar a las personas alrededor de Job, primero a su esposa y luego a sus amigos. Su esposa le dijo: “¿Aún conservas tu integridad? Maldice a Dios y muérete” (Job 2:9).

Job todavía está pensando de manera bíblica y la corrigió (Job 2:10) y luego sus 3 amigos vienen acusándole utilizando falsa doctrina. Algo que parecía lógico, que parecía la verdad, pero no era. Sin quitar la culpa por el pecado de la esposa y los amigos, porque ellos pudieron resistir, sabemos que Satanás utiliza personas para influenciar a otras para pecar como hizo con Eva, y por ende es importante que entendamos sus artimañas para que él no nos engañe y tampoco nos use (2 Cor. 2:11).

He visto tantos errores en los mismos cristianos que van desde no creer que Satanás existe hasta echarle toda la culpa a él para justificar sus propios pecados. Debemos entender que Satanás nos puede tentar, pero no es capaz de forzarnos a pecar. Cuando pecamos es porque no hemos buscado la vía de escape que Dios ha provisto (1 Cor. 10:13).

Y aún más, Pedro nos avisa en su segunda carta que Dios nos ha dado el poder de vivir vidas piadosas (1 Pe. 1:3). Cuando creemos que Satanás no existe, y al no estudiar las Escrituras, justificamos nuestros pecados, echando toda la culpa a él, somos presas fáciles para sus ardides y debemos reconocer que éstas son justamente otros ejemplos de sus artimañas.

Satanás realmente existe y tiene más poder que cualquiera de nosotras, lo que no tiene es el poder de prevenir que Cristo cumpla Su promesa en no llevarnos mas allá de que podamos manejar y aún mejor, en utilizar las mismas artimañas de Satanás en formarnos a Su imagen (Ro. 8:29).

Mientras caminamos sobre las huellas del Espíritu Santo, pecaremos menos (Gal. 5:25); a través de todas las artimañas que Satanás envía, Dios las utilizará para hacernos más como Él.

Aunque es un enemigo formidable, no debemos temerle; porque nuestro Cristo, el Todopoderoso, intercede por nosotros (Ro. 8:34).  Lo único que debemos hacer es ser obedientes y recordar que:

“El ladrón sólo viene para robar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Jn. 10:10).

¡Satanás es más fuerte que nosotras, pero jamás se podrá comparar con Cristo!

Bendiciones.

Cathy Scheraldi