La infertilidad es dolorosa. Pero no te lo tengo que decir, pues ya sea que lleves algunos meses o algunos años de infertilidad, estoy segura de que has experimentado en carne propia lo dolorosa que es.

Escribo desde toda la compasión y paciencia posibles pues no es un tema ajeno a mí. Mi esposo y yo compartimos contigo las cicatrices que las manos vacías pueden causar. Como tú, hemos llorado por alguien desconocido e inexistente, y nos hemos hecho mares de preguntas en nuestra propia infertilidad.

No te mentiré, la mayoría de nuestras preguntas siguen sin contestar, y el dolor sigue ahí. Sin embargo, te puedo asegurar que Dios ha sido más dulce para nosotros que cualquier respuesta que nos pudiera dar, y que nuestro dolor — aunque todavía presente — ha madurado, e incluso ha sido bienvenido por nosotros, gracias a la esperanza que encontramos en Jesús y Su evangelio. Por años Dios nos ha consolado, y mi oración es que hoy puedas ser consolada con el consuelo que Él nos ha dado mediante Su Palabra.

La buena noticia de Jesucristo es viva para nosotros en cada temporada. Ella es fuente inagotable de esperanza y gozo en medio de aflicción e incertidumbre. Por lo que hoy veremos cuatro implicaciones del evangelio que nos dan esperanza en nuestra infertilidad.

El evangelio es nuestra identidad

Es muy común que las que experimentamos infertilidad, nos la apropiemos como nuestra identidad. Esto sucede cuando permitimos que la infertilidad nos defina, nos distinga e incluso nos valore. Cuando la infertilidad se convierte en nuestra identidad emprendemos un viaje sombrío y pesado para nuestra alma. Podríamos comenzar a dudar de la bondad de Dios, sospechar que Él nos está castigando, y hasta concluir que Él nos ha desechado. Esto también podría llevarnos a compararnos con los demás, y sentir que valemos menos por nuestra falta de hijos, o que Dios ha sido injusto con nosotras.

Sin duda la infertilidad es parte importante de nuestra historia, pero no es nuestra identidad, pues si estamos en Cristo, nuestra identidad se encuentra en Él y Su obra redentora.

La infertilidad como nuestra identidad nos define como dignas de lástima, el evangelio como nuestra identidad nos define como hijas amadas de Dios (1 Juan 3:1). La infertilidad como nuestra identidad nos puede dar una percepción de Dios como injusto, mientras que el evangelio nos muestra a Dios como grande en misericordia, a pesar de la infertilidad (Efesios 2:4-5). La infertilidad nos identifica como solas e incomprendidas en nuestro sufrimiento, mientras que el evangelio nos invita a mirar al varón experimentado en quebranto — Jesús — caminando junto con nosotras y nuestros hermanos por el valle de aflicción (Juan 16:33). La infertilidad nos define como incompletas e infelices, mientras que el evangelio nos define como satisfechas y completas en Cristo (Efesios 3:17-19, Colosenses 2:9-10, Salmos 16:11).

Hermanas, encontremos nuestra identidad en Cristo, no en la infertilidad.

El evangelio es nuestra necesidad

¿Te has puesto a pensar que Dios ha suplido cada una de nuestras necesidades a lo largo de nuestra vida? Quizá piensas que no es así ya que no ha respondido a tu petición por hijos, pero antes de explicarte esto permíteme decirte que anhelar hijos no es vergonzoso, pecado, ni algo indebido. Todo lo contrario, los hijos son herencia de Dios y un hermoso regalo. Sin embargo, amada hermana, no son una necesidad.

Esta es una verdad dura de recibir, pero Dios no nos debe hijos. Él puede dárnoslos en Su sabiduría y gracia, pero no nos lo ha prometido ni está obligado a hacerlo.

La buena noticia es que había una necesidad apremiante y desconocida por nosotras; la necesidad de salvación. Dios respondió a nuestra mayor necesidad aún sin siquiera nosotros conocerla. Él dio a Su Hijo amado, al tesoro del cielo, a Jesús, por nosotras. Así como Él no está obligado a darnos hijos, tampoco estaba obligado a darnos a Su Hijo, pero le plació entregarlo para nuestra salvación. Amadas, si Él nos ha dado lo que más necesitábamos podemos confiar en que todo lo que nos de o no nos de en esta vida, proviene de Su sabiduría amorosa.

Podemos anhelar y pedirle a Dios hijos, sin embargo, ningún hijo suplirá nuestra verdadera necesidad, pero gracias a Dios Él la suplió en el Hijo. El evangelio es nuestra necesidad.

El evangelio es nuestra fertilidad

Muchas veces me llegué a sentir como si mi vida estuviera en pausa. Cada etapa iba llegando a mi vida; la niñez, la adolescencia, la adultez, el matrimonio… hasta que de repente sentí como si me hubiera quedado estancada.

Ninguna de nosotras pensamos que pasaremos por infertilidad. Desde niñas pensamos que tendremos hijos, e inocentemente planeamos los hijos que tendremos y hasta la edad en que los tendremos. Por lo que cuando la infertilidad llega a nuestra vida puede ser muy duro asimilarlo. Creo que en lo personal lo que más me atemorizaba de la infertilidad era el sentimiento de inutilidad en esta vida. ¿Qué propósito tiene mi vida si no puedo sembrar para las siguientes generaciones? ¿Qué propósito tiene mi vida si no trasciende a mi generación?

Podríamos pensar que un pronóstico de infertilidad significa una vida estéril, una vida sin fruto. Puede ser que biológicamente sea así, pero eso no significa que nuestra vida será estéril. ¡En Cristo hemos sido llamadas a dar fruto! Quizá te han diagnosticado un vientre imposibilitado de engendrar, óvulos genéticamente estériles, o infertilidad inexplicada, sin embargo, tienes el mensaje más fructífero, aquél que es poder de Dios para engendrar hijos de la fe para salvación: el evangelio.

El no tener hijos biológicos nos da diferentes oportunidades para mirar hacia fuera, amar y servir a nuestro prójimo. Esto podría darte más oportunidad de considerar la adopción, el acogimiento, de entregarte a cuidar de tus padres ancianos, visitar a la viuda y a los enfermos, de enseñar la Palabra de Dios a tus sobrinos, etc.

Amadas nuestra vida no está en pausa, el tiempo corre y podemos usarlo para ser fructíferas para la gloria de Dios. No estamos perdiendo tiempo ni estamos estancadas si invertimos nuestras vidas en la siembra de la semilla del evangelio en nuestro alrededor. Tú y yo podemos ser dadoras de vida al compartir el evangelio a nuestro alrededor. Dios tiene hijos por engendrarse de todos los pueblos, y tu y yo podemos participar en esta hermosa obra que trasciende por la eternidad.

¡En Jesús no somos estériles, somos fructíferas para la gloria de Dios!

El evangelio es nuestra misión y destino

Puede ser que en un futuro Dios nos de hijos o puede ser que no. Es verdad que esta incertidumbre puede ser abrumadora, pero podemos descansar en la esperanza segura que tenemos, que, por gracia, nos espera la más grande bendición; disfrutar de nuestro Cristo para siempre.

No fuimos creadas con el fin último de tener hijos, fuimos creadas para glorificar a Dios y disfrutar de Él para siempre. En esta vida cristiana algunas glorificarán a Dios mediante el matrimonio y otras mediante la soltería, algunas mediante la maternidad y otras mediante la infertilidad, pero todas participaremos de la gloria y disfrute que se encuentran sólo en Él. Esto debería llenar nuestro corazón de felicidad, pues tenemos la certeza de que este leve y pasajero sufrimiento no se comparará con la gloria que ha de revelarse (2 Corintios 4:17-18).

¡Piénsalo, el evangelio nos dice que, gracias a la obra de Jesús, finalmente nos encontraremos delante de Dios, sin más dolor, sino en plenitud, junto con toda nuestra familia de fe!

En ese momento no nos lamentaremos por lo que no tuvimos en la tierra, ni anhelaremos la maternidad, tampoco estaremos en desventaja de las que tuvieron hijos, sino que nuestra atención estará completamente en Aquél de quien fluyen todas las bendiciones y la sabiduría. Y nos uniremos eternamente al canto celestial declarando Su dignidad y misericordia al habernos sido dado el Hijo para siempre.

Como dije al principio, la infertilidad es dolorosa y real. Tengo que ser honesta contigo, estas verdades no eliminarán la realidad de nuestra aflicción ni tampoco quitarán el dolor, sin embargo, el evangelio iluminará cada una de las sombras de mentira que la infertilidad puede crear en nuestros corazones, guardándolo en gozo y en esperanza.

Si tememos la soledad, el evangelio nos recuerda que la sangre de Cristo ha comprado un pueblo para sí, es decir, una familia para nosotras con quien caminar hasta nuestro Hogar. Si tememos la incertidumbre, tenemos la certeza del indudable amor y sabiduría de Dios revelada en la cruz. Si tememos el sentimiento de vacío, el evangelio nos recuerda que nuestra copa desborda de gracia y plenitud en Cristo… Si hay otros temores o dolores causados por la infertilidad no mencionados en este articulo el evangelio tiene una respuesta.

Sin duda el evangelio no nos librará del sufrimiento, pero si nos ayudará a sufrir con esperanza, no quitará el dolor, pero lo madurará en nosotras y será usado para nuestra santificación. Por eso te invito a continuar meditando en él y sus implicaciones para tu infertilidad, y a orar para que Su luz ilumine tu entendimiento, y el gozo del Señor cubra toda tristeza en la esperanza firme que tenemos en Cristo.

No lo olvides, en medio de tus dudas y aflicciones ¡Recuérdate el evangelio! Pues es fuente de esperanza, contentamiento y consuelo para nuestra alma.

Termino con esta oración por ti:

Damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando siempre por ustedes, pues hemos oído de su fe en Cristo Jesús y del amor que tienen por todos los santos, a causa de la esperanza reservada para ustedes en los cielos. De esta esperanza ustedes oyeron antes en la palabra de verdad, el evangelio que ha llegado hasta ustedes. Así como en todo el mundo está dando fruto constantemente y creciendo, así lo ha estado haciendo también en ustedes, desde el día que oyeron y comprendieron la gracia de Dios en verdad. Así ustedes lo aprendieron de Epafras, nuestro amado consiervo, quien es fiel servidor de Cristo de parte nuestra,  el cual también nos informó acerca del amor de ustedes en el Espíritu. Por esta razón, también nosotros, desde el día que lo supimos, no hemos cesado de orar por ustedes, pidiendo que sean llenos del conocimiento de Su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual, para que anden como es digno del Señor, haciendo en todo, lo que le agrada, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios. Rogamos que ustedes sean fortalecidos con todo poder según la potencia de Su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia, con gozo dando gracias al Padre que nos ha capacitado para compartir la herencia de los santos en la Luz(Colosenses 1:3-12).

Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren(2 Corintios 1:3-4).

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Karen Garza
Karen Garza está casada con el pastor David González, juntos sirven en Iglesia Pasión en Monterrey, Nuevo León. Su amor por Cristo y su evangelio permea su vida, enseñanzas y canciones. Puedes encontrar más recursos en su página Genuino Mujeres. instagram: @genuino.mujeres www.genuinomujeres.com