Crecí en un hogar cristiano y recuerdo que mis padres constantemente nos decían: — lean la biblia, el domingo vamos a la iglesia, los miércoles tienen que estar en el grupo, pórtense bien con los hermanos, si quieren algo oren a Dios que Él se los dará. —

No deseo que me mal entiendan, todas estas actividades son importantes para un cristiano, pero el punto que quiero enfatizar es que prácticamente esa era la vida cristiana que conocí: activismo. No había interés en el corazón y crecimiento espiritual verdadero del prójimo, empezando por el de la familia.

A medida que el cristianismo se expandió en mi país, se escucharon de los grupos en casa a los que les llamaban células. Estas consistían en un líder que dirigía la oración, compartía el mensaje, pedía la ofrenda, y oraba para despedirnos. Pero toda la semana vivíamos nuestra vida como queríamos, nadie responsable por cuidarnos unos a otros. Más bien éramos el proyecto de alguien más, o un número que engrandecía al líder. Al final, vivíamos vidas solitarias haciendo actividades cristianas.

He comprendido con los años a través de la Palabra y experiencia en mi iglesia local, lo necesario y bíblico que es vivir en comunidad con los hermanos de la fe.

Una Comunidad

De acuerdo con el libro Comunidades en Misión, publicado por Iglesia Reforma, una comunidad es definida como un grupo de personas que viven juntas en misión, unidas por Jesús, para ser como Jesús, obedecer a Jesús y hacer discípulos de Jesús.

Los redimidos viven en misión proclamando el evangelio de Cristo, (Mt 28:18-2), para hacer discípulos de Cristo que se parecen a Él, (Jn 13:34-35), de manera que el reino de Dios avance en esta tierra.

Hasta aquí todo bien; pero, ¿cómo se vive eso en la práctica?

Vivir en Comunidad

Hace cuatro años mi esposa y yo tuvimos la oportunidad de Dios junto con otra pareja por parte de nuestra iglesia local, de guiar y ser parte de una comunidad o grupo en casa. Iniciamos emocionados de compartir con nuestros hermanos y hermanas alrededor de la Palabra. Pero lejos estaba de saber lo que Dios me iba a enseñar y confrontar sobre la importancia de vivir en comunidad. Recuerdo que tenia muchas dudas e incertidumbre de como sería. Tenía los lineamientos de la iglesia, sin embargo, por la fidelidad de Dios nos fue mostrando el camino para otros, y en mi corazón.

Una comunidad bíblica es una familia; cuando las familias se reúnen no hay un líder específicamente, sino que todos opinan, preguntan. En una comunidad, se comparten alimentos, oraciones y vidas. No sólo es un grupo de estudio, o una actividad, es una forma de vivir. Todos somos pecadores necesitados de Cristo siendo transformados por su evangelio, guiados por Su Palabra y respaldados por Su Espíritu. Personas de diferente lengua, nación, raza, estatus social, todas estamos unidos en la persona de Cristo para la Gloria de Dios.

Proveer un lugar para llevar a cabo la reunión nos hace responsables de la estructura, pero el evangelio nos hace responsables del corazón de otros y esto es lo más importante. ¿Cómo se ve una comunidad de creyentes viviendo juntos sus vidas? Bueno, hay problemas, alegrías, circunstancias difíciles, estudio de la Palabra, puede ser diferente de acuerdo al contexto. Lo que no es negociable es la razón de estar juntos: Cristo y Su obra, el evangelio.

Al caminar juntos, habrá malos entendidos, dificultades por opiniones, como en una familia, pero si el evangelio está en el centro, no hay nada que ese bendito mensaje no pueda reconciliar, resolver y enseñarnos. El crecimiento del cristiano es práctico. Ninguno de nosotros desea ser proyecto del otro, o debe verse como superior al otro, sino conociéndonos en el Señor, con nuestros pecados, luchas, fortalezas, dones y habilidades, es así como hacemos hermoso el evangelio a otros.

La comunidad es un medio de gracia muy importante en nuestra vida cristiana ya que cuando estamos aislados o caminando solos es mas fácil ser presa del enemigo, de nuestros pecados,  o escondernos detrás de ellos para terminar aparentando que todo está bien y que somos buenos cristianos.

Necesitamos vivir en comunidad porque estamos en un mundo caído, donde todos sufriremos de diferentes maneras. Puede ser una enfermedad, la muerte de un familiar, perder un trabajo, tener un accidente, en fin tantas pruebas que Dios en Su soberana voluntad permite en nuestra vida. Ya no atravesamos estas situaciones solos. Es de bendición tener hermanos que no solo apoyan en oración sino que también actúan sobre las diferentes necesidades que hay.

Necesitamos vivir en comunidad porque estamos siendo santificados. Es en medio de los hermanos que el amor de Cristo se manifiesta, así como la necesidad del evangelio en nuestros corazones pecadores. Todos nos ayudamos a parecernos más a Cristo. Amándonos, exhortándonos, animándonos y confrontándonos.

Cristo es el centro de la comunidad

Toda la comunidad le pertenece a Cristo, puesto que hemos sido comprados a precio de sangre, reconciliados con Dios y unidos en Él. El mensaje que enseñamos es el evangelio, porque Cristo es el centro. Todo es de Él y para Él, y para Su gloria (Col 1:16).

Cuando Cristo es el centro nos guardamos de plataformas, ideas, nuevas enseñanzas, protagonismo y exclusividad. Cuando Cristo es el centro todos nos postramos ante la cruz y el trono de gracia. Cuando Cristo es el centro, Su Palabra es exaltada y necesitada. Cuando Cristo es el centro, el fruto es unidad en vez de división, porque todos están viendo a Cristo, o al menos todos nos empujamos a ver a Cristo más que al hombre. Cuando Cristo es el centro, Dios se lleva la gloria.

Comunidad en tiempo de cuarentena

En este tiempo de pandemia, que Dios ha permitido. Tenemos la dicha de la tecnología para vivir en comunidad. Mensajes de Texto, reuniones de zoom, llamadas entre hermanos, porque los extrañamos, porque nos interesa saber como están sus corazones y familias. Yo le llamo “comunidades virtuales” que nos permiten vernos, orar, reír y perseverar en la Palabra. Además de continuar con la gran comisión que todos tenemos que es predicar su evangelio.

Ahora comprendo que cristianismo no es activismo, sino ser familia, y esto abarca todo lo que somos en Cristo, y luego lo que hacemos por Él con nuestros hermanos y obras que testifican de su salvación y restauración.

El Señor nos anime en este tiempo a no dejen de caminar, crecer y ser enseñados por Su Palabra junto a otros, aaprovechar las herramientas que tenemos, buscar a Jesucristo y exaltar Su Nombre en todo tiempo por medio de nuestras relaciones con la familia de la fe. Esto es un reflejo de como viviremos en la eternidad, así que empecemos aquí y hoy.

¡Gloria a Dios que podemos caminar juntos como hermanos en Cristo!