[dropcap]E[/dropcap]stoy seguro de que no hay otro libro que me hayan pedido más veces que reseñe que La cabaña, de William P. Young, un libro que alcanzó a estar muy arriba entre los 100 más vendidos de Amazon. El libro se volvió todo un éxito, especialmente entre estudiantes y aquellos que forman parte de la iglesia emergente. En el último tiempo, muchos lectores preocupados me han escrito para preguntarme si podría leerlo y escribir una reseña. Dado que siempre me interesan los libros que son populares entre los cristianos, con gusto accedí.

Las reseñas para La cabaña de los lectores de Amazon son notables. Con 102 reseñas publicadas hasta ahora, mantiene una evaluación de cinco estrellas, con noventa y tres lectores que le conceden las cinco estrellas. Solo dos han ofrecido una estrella. Una búsqueda por blogs y sitios web arroja elogios entusiastas (y casi descontrolados) prácticamente unánimes para el libro. «Este libro cambia la vida, la transforma». «[La cabaña] se ha vuelto el libro favorito DE TODOS LOS TIEMPOS». «He sido cambiado. Espero que permanentemente. ¡Increíble!». Este libro, que fue lanzado en inglés en mayo de 2007 pero que ya en 2008 llevaba su cuarta impresión, causó un gran impacto. Obviamente ha tocado un punto sensible en los cristianos.

Advierto por adelantado que esta reseña va a ser larga. Mi principal enfoque será el contenido del libro, aunque me detendré fugazmente a mirar el estilo también. Dado que he recibido tantas preguntas y dado que el autor abarca mucho terreno en este libro (y a veces de formas poco claras) voy a proceder con cuidado y con muchas citas.

Hay dos cosas que me gustaría señalar acerca de este tipo de libro de ficción teológica. Primero, debido a las limitaciones del género, a veces cuesta saber qué quiere decir realmente el autor con lo que dice. A menudo existe cierta duda sobre qué viene del autor y qué viene de los personajes. El autor no siempre puede hacerse entender adecuadamente; ni puede proveer notas a pie de página o referencias a la Escritura. Por tanto, puede ser complicado acudir a la Biblia para asegurarse de que lo que enseña es verdad. Esto vuelve doblemente difícil la tarea del discernimiento, porque uno debe interpretar la ficción para entender lo que se dice y luego tratar de compararlo con la Biblia. Será bueno que tengamos esto en cuenta mientras procedemos.

Segundo, debemos tener presente que, debido al impacto emocional de la lectura de buena ficción, puede ser fácil permitirle que se vuelva manipuladora y dejar que la emoción de un momento evada nuestra capacidad de discernir lo verdadero de lo que no lo es. Este es otro punto que el lector debe tener en cuenta. No podemos confiar en nuestra risa o nuestras lágrimas, sino que debemos permitir que nuestra facultad de discernimiento sea entrenada para distinguir lo bueno de lo malo (ver Hebreos 5:14). El discernimiento es primordialmente una disciplina de la mente potenciada por el Espíritu y no una respuesta emocional.

Así que miremos este libro, haciendo la tarea que Dios requiere de nosotros cuando nos dice que seamos hombres y mujeres de discernimiento: cristianos que atienden a la amonestación de Dios: «Sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno, eviten toda clase de mal». Simplemente compararemos lo que enseña Young con la Biblia.

 

El libro en cuanto libro

Primero, algunas palabras acerca de la manera en que está escrito el libro. William Young se muestra como un escritor capaz, aunque yo no lo habría creído al leer los primeros capítulos. El libro comienza con demasiadas oraciones y construcciones extrañas (p. ej.: «Casi puede oírse un unificado suspiro emerger de la ciudad cercana y el campo circundante, donde la Naturaleza ha intervenido para dar respiro a los fatigados seres humanos que se afanan dentro de sus confines»). Pero al avanzar y a medida que la historia se desarrolla, la lectura se vuelve más fácil. El relato en sí mismo es interesante, aunque sin duda le falta originalidad. El último capítulo debió haber quedado en el piso de la sala de edición, y el último párrafo (antes del «Epílogo») fue un intento ridículamente escueto de cerrar líneas pendientes de la trama. Pero en general, el libro es legible y disfrutable. Nunca se vuelve aburrido, aun después de largas páginas donde no hay más que diálogo.

Pero Young no escribió este libro por la historia. Este libro se trata totalmente del contenido y de la enseñanza que encierra. Las reseñas del libro no se enfocan en la calidad del relato sino en su impacto espiritual o emocional. Eugene Peterson lo entiende, y dice lo siguiente en su reluciente respaldo: «Cuando la imaginación de un escritor y la pasión de un teólogo se fecundan entre sí, el resultado es una novela del orden de La cabaña. Este libro puede ser para nuestra generación lo que El peregrino fue para la de John Bunyan, su autor. ¡Así de bueno es!». ¿Podría ser así de bueno realmente? ¿Es lo bastante bueno para justificar una comparación positiva con el libro de lengua inglesa más leído aparte de la Biblia? Vayamos al contenido del libro y veamos.

 

¿Qué es La cabaña?

La cabaña gira en torno a Mack (Mackenzie) Philips. Cuatro años antes que comenzara esta historia, la hija menor de Mack, Missy, fue secuestrada durante unas vacaciones familiares. Aunque su cuerpo nunca apareció, la policía sí encontró evidencia en una cabaña abandonada para demostrar que había sido brutalmente asesinada por un conocido asesino en serie que atacaba a niñas pequeñas. Cuando comienza la historia, Mack, quien ha estado viviendo en la sombra de su Gran Tristeza, recibe una extraña nota que aparentemente proviene de Dios. Dios invita a Mack a regresar a esta cabaña para una reunión. Aunque inseguro, Mack visita la escena del crimen y allí tiene un encuentro de un fin de semana con Dios, o más exactamente, con la Divinidad.

¿Qué debe hacerse al llegar a la puerta de una casa, o cabaña en este caso, donde podría estar Dios? ¿Tocar? Supuestamente, Dios ya sabía que él estaba ahí. Tal vez solo debía entrar y presentarse, aunque esto parecía igual de absurdo. ¿Y cómo debía dirigirse a él? ¿Debía llamarlo Padre, o Todopoderoso, o quizá señor Dios, o sería mejor postrarse y adorarlo, aunque en realidad no estuviera de ánimo para eso?

Mientras intentaba establecer cierto equilibrio mental, el enojo que recién creía muerto en él comenzó a emerger de nuevo. Ya sin preocupación ni interés en cómo llamar a Dios, y energizado por su ira, se acercó a la puerta. Decidió tocar fuerte para ver qué pasaba; pero justo cuando levantaba el puño para hacerlo, la puerta se abrió de golpe y Mack se vio frente al rostro de una enorme y radiante mujer afro-estadounidense.

Esta enorme y muy típica señora afroamericana es Dios (o al menos un antropomorfismo de Dios que ella decide asumir para comunicarse con Mack). A través de la historia se la conoce como Papá. Hacia el final, dado que Mack requiere una figura paterna, ella se convierte en un hombre de cabello gris y cola de caballo, pero por lo demás Dios es esta mujer. Jesús es un hombre joven adulto de ascendencia de Medio Oriente (es decir, judío) con una enorme nariz y aspecto más bien simple, mientras que el Espíritu Santo es representado por Sarayu, una pequeña mujer delicada y ecléctica de ascendencia asiática. En este punto, mucha gente decidirá cerrar el libro y olvidarse de él. Pero para efectos de esta reseña, supongamos que eres capaz de superar el ver a Dios y el Espíritu Santo retratados de esta forma y continuemos.

La cabaña tiene muy poca acción, y el grueso del libro es diálogo, principalmente en tanto que los miembros de la Trinidad se comunican con Mack, aunque ocasionalmente vemos atisbos de la relación entre ellos. La charla entre los miembros de la Trinidad, cuya mayor parte pretende ayudarnos a entender el amor que existe entre ellos, ocasiona algunos diálogos más bien extravagantes. Este se puede tomar como un típico ejemplo:

La escena frente a él lo impactó. Al parecer, Jesús había tirado al suelo un enorme tazón con una especie de pasta o salsa, que se regó por todas partes. Seguramente había caído cerca de Papá, porque la parte interior de su falda y sus pies descalzos estaban cubiertos de ese revoltijo. Reían tan fuerte que Mack creyó que habían dejado de respirar. Sarayu dijo algo sobre los torpes seres humanos y los tres empezaron a carcajearse de nuevo. Por último, Jesús pasó de prisa junto a Mack y volvió un minuto después con una enorme palangana con agua y toallas. Sarayu ya había empezado a quitar esa sustancia viscosa del piso y los aparadores, pero Jesús llegó directo hasta Papá y, postrándose ante él, se puso a limpiar el frente de sus ropas. Luego se agachó hasta sus pies y tomó suavemente uno por uno, metiéndolos en la palangana donde los limpió y masajeó.

¡Aaaah, qué rico! —exclamó Papá, mientras proseguía con sus tareas en la cocina.

Young abarca una amplia variedad de temas teológicos en este libro, cada uno de los cuales es relevante para el problema del sufrimiento de Mack y su incapacidad de confiar en un Dios que pudo permitir que su hija fuera tratada de una manera tan horrible. El autor no teme afrontar asuntos de profunda trascendencia teológica, un paso audaz para un género tan difícil como la ficción. El lector se encontrará nadando en aguas profundas al leer este libro.

Gran parte de lo que Young escribe es bueno e incluso provechoso (una vez más, suponiendo que el lector puede ver más allá de las personificaciones humanas de Dios). Él afirma la absoluta naturaleza de lo que es bueno y enseña que el mal solo existe en relación con lo bueno; desafía al lector a entender que Dios es inherentemente bueno y que solo podemos confiar verdaderamente en él si creemos que él es bueno. Reconoce la tendencia humana a crearnos una imagen de Dios mirando las cualidades humanas y suponiendo que Dios es simplemente lo mismo pero más; intenta describir la amorosa relación al interior de la Trinidad; etc. Estoy agradecido por estos asuntos pues proporcionan útiles correctivos a muchas comprensiones falsas de Dios.

Pero el libro también genera varias inquietudes. Young abarca muchos temas, y me faltaría el tiempo para analizarlos uno por uno. Más bien voy a mirar las inquietudes respecto a los temas más amplios y lo haré en varios apartados teológicos.

 

La Trinidad

Young enseña que la Trinidad existe sin ninguna jerarquía y que cualquier tipo de jerarquía es consecuencia del pecado. La Trinidad, dice él, está «en un círculo de relación, una cadena de mando o “gran cadena del ser”… La jerarquía no tendría ningún sentido entre nosotros». Ahora bien, es posible que se refiera a un tipo de estructura de dominación o grado o mando que bien puede ser ajena a la divinidad. Pero una lectura de la Biblia demostrará que la jerarquía efectivamente existe aun donde no hay pecado. Después de todo, los ángeles existen en una jerarquía, y lo han hecho desde antes de la Caída. Además, en el cielo habrá grados de recompensa y habrá algunos que están designados para posiciones especiales (tales como los apóstoles). Y la Biblia deja claro que, al menos en ciertos puntos, existe una especie de jerarquía incluso dentro de la Trinidad. En el acto de redención, el Espíritu y el Hijo se han sometido al Padre. La tarea del Espíritu es conducir a las personas al Hijo, quien a su vez le da gloria al Padre. Nunca encontramos al Padre sometiéndose al Espíritu o al Hijo. Su jerarquía es perfecta: sin ira, malicia o envidia, pero es una jerarquía de todos modos.

Hay otras enseñanzas acerca de la Trinidad que me preocuparon. Por ejemplo, Papá dice: «Soy verdaderamente humano en Jesús». Esto simplemente no puede ser cierto. Dios [el Padre, un término que el autor evita] no es plenamente humano en Jesús. Esto funde a las dos personas de Dios de una forma que no es bíblica. Parte de lo que Young enseña es novedoso e incluso posible, pero no tiene respaldo en la Escritura. Por ejemplo, él enseña que la naturaleza trinitaria de Dios era una necesidad absoluta pues sin ella Dios sería incapaz de amar. Su razonamiento no es perfectamente claro, pero parece ser que si Dios no tuviera tal relación «dentro de sí mismo» sería incapaz de amar. Pero esto no se enseña en la Biblia.

En general, tuve que concluir que Young tiene una comprensión inadecuada de la Trinidad que a menudo no es bíblica. Si bien es cierto que la Trinidad es un tema muy difícil de entender y uno que no podemos conocer plenamente, hay varias indicaciones de que el autor suele nublar la distinción entre las personas de la Trinidad junto con sus roles y atributos únicos. Combinado con sus conjeturas novedosas pero sin respaldo, esta es una preocupación seria.

 

Sumisión

Young usa la discusión acerca de la Trinidad como puente hacia el tema de la sumisión. Aquí él enseña que cada miembro de la Trinidad se somete al otro. Jesús dice: «Esa es la belleza que ves en mi relación con Abba y Sarayu. Efectivamente estamos sometidos el uno al otro y siempre lo hemos estado y lo estaremos. Papá está tan sometido a mí como yo a él, o Sarayu a mí, o Papá a ella. La sumisión no se trata de autoridad y no es obediencia; todo se trata de relaciones de amor y respeto. De hecho, estamos sometidos a ti de la misma forma». ¿Por qué el Dios del universo querría estar sometido a meros humanos? «Porque queremos unirnos en nuestro círculo de relación». Las relaciones genuinas, según este autor, deben caracterizarse por la sumisión mutua. «Como la gloria cumbre de la creación, fuiste hecho a nuestra imagen, sin el estorbo de la estructura y libre para simplemente “estar” en relación conmigo y con los demás. Si realmente hubieras aprendido a considerar las preocupaciones de los demás como tan significativas como las tuyas, no habría necesidad de jerarquía». Según este libro, la sumisión debe ser mutua, de modo que los esposos se sometan a las esposas mientras las esposas se someten a los esposos, y los padres se sometan a los hijos y los hijos a los padres. Si bien la Biblia efectivamente enseña que debemos someternos unos a otros, también enseña que Dios ha ordenado algunos tipos de jerarquía. Si bien el esposo debe someter sus deseos a su esposa, aun al punto de sacrificar su vida por ella, nunca se lo llama a someterse a ella en un sentido de autoridad. No obstante, a las esposas se les ordena someterse a sus esposos, reconociendo que el esposo es la cabeza de la familia. Asimismo, todas las personas deben someterse a las autoridades dadas por Dios y cada persona es responsable de someterse a Dios.

Esta comprensión de absoluta igualdad no solo en valor (cosa que la Biblia afirma) sino también en rol y función (cosa que la Biblia no afirma), conduce a una extraña idea sobre por qué Dios creó a Eva de Adán. Él enseña que era crucial que el hombre fuera creado antes que la mujer, pero con la mujer escondida dentro del hombre. Si esto no hubiera ocurrido, no podría haber habido un círculo apropiado de relación, porque de lo contrario el hombre siempre provendría de la mujer (en el parto), lo que le permitiría a ella reclamar una posición dominante. Ella salió de él y ahora todos los hombres salen de ella. Esto permite total y absoluta igualdad, afirma Young. No se me ocurre absolutamente ninguna prueba bíblica para esto y el autor tampoco ofrece ninguna.

Por lo tanto, vemos que Young usa La cabaña para enseñar una comprensión no bíblica de la sumisión. Y él usa este tema como puente hacia otro.

 

Libre albedrío

La comprensión de Young acerca del libre albedrío al parecer se sigue de la sumisión. «No quiero esclavos que hagan mi voluntad», dice Jesús. «Quiero hermanos y hermanas que compartan la vida conmigo». Hablando en términos velados acerca de la conversión o algo similar, Jesús dice: «Vendremos y viviremos nuestra vida dentro de ti, para que comiences a ver con nuestros ojos, y escuches con nuestros oídos, y toques con nuestras manos, y pienses como nosotros. Pero jamás forzaremos esa unión contigo. Si quieres hacer lo tuyo, hazlo. El tiempo está de nuestro lado». Al parecer Dios ya ha perdonado a todos los seres humanos por su pecado y se ha sometido voluntariamente a ellos, aunque solo algunos escogerán una relación. Él está plenamente reconciliado con todos los seres humanos y simplemente espera que hagan su parte. Young nunca discute claramente las consecuencias que enfrentarán aquellos que rechazan este ofrecimiento de unión.

En general, Young presenta a un Dios incapaz o reacio a irrumpir en la historia de una forma que traiga consecuencias. A veces es soberano, pero ciertamente no lo es en la conversión (un tema que solo recibe escasa atención) y está limitado por las decisiones del libre albedrío de los seres humanos. Se presta escasa atención a la preordenación de Dios, la comprensión de que nada acontece sin que de alguna forma sea parte de su decreto (aun cuando Dios no puede ser el autor del mal). Papá le explica a Mack: «No había forma de crear libertad sin un costo». Pero en ningún lugar de la Biblia encontramos que Dios de alguna forma quede cautivo del libre albedrío humano y que deba permitir que las cosas procedan para mantener su propia integridad como Creador. Dios es siempre soberano, incluso sobre las decisiones libres del ser humano. Nuestra incapacidad de entender cómo puede ser esto no nos exime de la responsabilidad de creerlo.

 

El perdón

Gran parte de la historia se enfoca en el perdón. Mack tiene que aprender primero a perdonar a Dios (o al menos llegar a una comprensión intelectual de por qué Dios fue incapaz de intervenir para salvar a Missy) y luego, al cierre del libro, perdonar al asesino. Me opongo rotundamente a la idea de que alguna vez necesitemos perdonar a Dios por algo. Sin embargo, dado que esta enseñanza solo se aprecia vagamente en la novela, la pasaré por alto por ahora y me volveré a otra área del perdón: la del perdón incondicional.

En ningún lugar de la Escritura hallaremos la idea de que podemos o debemos perdonar a una persona no arrepentida por este tipo de crimen. Más bien, la Escritura deja claro que el arrepentimiento debe preceder al perdón. Sin arrepentimiento no puede haber perdón. Esto es cierto en cuanto al ofrecimiento de perdón por parte de Dios a nosotros y, como nosotros debemos ejemplificar esto en nuestras relaciones humanas, debe ser cierto respecto a cómo ofrecemos perdón a los demás. Así que cuando, en el clímax del libro, Mack le grita «te perdono» al asesino (quien no está presente y no ha buscado el perdón) no puede ofrecer verdadero perdón. Tampoco puede haber verdadero perdón allí donde Mack no puede buscar la reconciliación con este hombre. El perdón no tiene sentido y no significa nada si lo requerimos de esta forma. Puede que esto haga que la persona se sienta bien consigo misma, pero no puede llevar a cabo un verdadero perdón y verdadera reconciliación. Así que Young enseña una comprensión terapéutica, inadecuada y no bíblica del perdón.

 

Escritura y revelación

Hay pocas doctrinas más importantes para la vida cristiana que esta: comprender la manera que Dios ha escogido para comunicarse con los seres humanos. Aunque la Biblia enseña que la Escritura es la «norma normativa», muchos cristianos les otorgan precedencia a otras supuestas formas de revelación, y particularmente impulsos, orientaciones y «voces suaves y serenas». Sin duda, este énfasis se aprecia claramente en La cabaña. ¿Cómo vamos a escuchar a Dios en la vida cotidiana (lejos de la cabaña milagrosa)? «Aprenderás a escuchar mis pensamientos en los tuyos», dice Sarayu. «Por supuesto que cometerás errores; todo el mundo comete errores, pero comenzarás a reconocer mejor mi voz a medida que seguimos creciendo en nuestra relación». ¿Y dónde encontraremos al Espíritu? «Podrías verme en una obra de arte, o en la música, o el silencio, o a través de la gente, o en la Creación, o en tu alegría y tu tristeza. Mi capacidad de comunicar es ilimitada, viva y transformadora, y siempre estará afinada según la bondad y el amor de Papá. Y me escucharás y me verás en la Biblia de formas nuevas. Solo no busques reglas y principios; busca la relación, una forma de estar con nosotros».

Más allá de buscar nueva revelación, La cabaña dice poco acerca de la manera en que Dios se ha comunicado o seguirá comunicándose con nosotros en la Escritura. Se menciona la Biblia un par de veces, pero nunca se apunta a la Escritura como una real autoridad o como una suficiente Palabra de Dios. «En el seminario, le habían enseñado [a Mack] que Dios había cancelado por completo toda comunicación con los modernos, prefiriendo que solo escucharan y siguieran la sagrada Escritura, apropiadamente interpretada, desde luego. La vos de Dios había quedado reducida al papel, y aun ese papel tenía que ser moderado y descifrado por las autoridades e intelectos adecuados… Nadie quería a Dios en un arca, solo en un libro. Especialmente uno caro encuadernado en piel y con filos dorados, ¿o eran filos morados?». Aquí vemos a Young apuntando a un sitio distinto a la Escritura. A través de Mack se mofa de la idea de que Dios ha hablado con autoridad y suficiencia a través de la Biblia. Y si apunta a un sitio distinto de la Escritura, apunta hacia impulsos y orientaciones subjetivas.

Aunque es común, tal enseñanza es peligrosa y menoscaba directamente la suficiencia de la Escritura. Cuando admitimos que Dios no ha dicho en la Biblia todo lo que necesita decirnos, abrimos las puertas a todo tipo de nueva revelación, de la cual una gran parte contradice la Biblia. ¿Qué autoridad hay si no es la Biblia? A fin de cuentas, el asunto de la revelación es un asunto de autoridad y demasiados cristianos están dispuestos a confiar en su propia autoridad antes que la de la Biblia. ¿En qué autoridad se apoya Young al presentar su enseñanza aquí en La cabaña? ¿Recurre a una autoridad superior, o recurre básicamente a sí mismo? El lector no puede tener confianza de que Young ame y respete la Palabra de Dios que él decidió darnos en la Escritura.

 

La salvación

El libro contiene sorprendentemente poca enseñanza acerca de la salvación. Cuando Young efectivamente analiza la conversión, la sitúa firmemente en el campo de la relación pero también usa frases típicas como «esto no es una religión» y «Jesús no es cristiano». Aparentemente Jesús ama a todas las personas exactamente de la misma manera, habiéndolas juzgado dignas de su amor. Young además navega peligrosamente cerca del universalismo, diciendo que a Jesús no le interesa hacer cristianas a las personas. Más bien, sin importar de qué religión provengan, él desea «incluirlas en su transformación para que sean hijos e hijas de Papá». Él niega que todos los caminos conduzcan a él (dado que la mayoría de los caminos no llegan a ningún lado) pero más bien dice: «Recorreré cualquier camino para encontrarte». Si Young adhiere al universalismo o no, y cree que todas las religiones pueden llevar a una persona a Dios, el libro no lo afirma ni lo refuta.

 

Conclusión

Muchos otros temas reciben menos atención, pero también causan inquietud. Por ejemplo, Jesús comenta sobre religión, política y economía diciendo: «Esa es la trinidad, de factura humana, de terrores que devastan la Tierra y engañan a quienes quiero». Pero Young no ofrece respaldo bíblico de que esto sea algo que Jesús enseñaría. En otros lugares Dios parece comentar el pecado, y juzga algunos de ellos como casi insignificantes. Y así continúa.

Así que, ¿adónde nos lleva todo esto? Me queda claro que La cabaña es una mezcla de cosas buenas y malas. Young enseña mucho que es valioso y lo enseña de manera hábil y efectiva. Pero lamentablemente, hay muchas cosas malas mezcladas con las buenas. Cuando sondeamos sus principales ideas teológicas, vemos que muchas de ellas se desvían, en diversos grados, de lo que Dios nos dice en la Escritura.

A pesar de la gran cantidad de mala teología, probablemente mi mayor preocupación sea esta: el libro tiene un tono silenciosamente subversivo. Young parece determinado a debilitar el cristianismo ortodoxo. Por ejemplo, en un punto Mack afirma que, a pesar de los años en el seminario y años siendo cristiano, la mayoría de las cosas que se le enseñaron en la cabaña nunca se le ocurrieron antes. Más adelante dice: «Entiendo lo que estás diciendo. Yo hice eso durante años después del seminario. Tenía las respuestas correctas, a veces, pero no te conocía a ti. Este fin de semana compartiendo la vida contigo ha sido mucho más iluminador que cualquiera de esas respuestas».

A lo largo del libro se aprecia este tipo de empeño subversivo que enseña que la revelación nueva y fresca es mucho más relevante e importante que el tipo de conocimiento que adquirimos en sermones o seminarios o la Escritura. Al parecer los lectores de Young se están dando cuenta de esto. Lee este breve comentario en Amazon a modo de ejemplo: «¡Ojalá pudiera devolver todos los años en el seminario! ¿Los años que devoraron las langostas? Teología sistemática nunca fue así de buena. Leeré La cabaña una y otra vez. Con gusto. La compartiré con amigos, familia, y extraños. ¡Puedo volar! Es un regalo. El “discipulado” nunca más serán lecciones». Otro comentarista advierte que a muchos cristianos el libro les resultará difícil de leer debido a su mentalidad «moderna». «Si uno proviene de una fuerte perspectiva proposicional y quizá fundamentalista, este libro sin duda será amenazador». Otro dice: «Este libro fue tan impactante para mi cristianismo “formal” pero me abrió los ojos a mis propias ideas acerca de como yo pienso que Dios es». En varios puntos me pareció que el autor estaba alentando al lector a dudar de lo que sabía del cristianismo —a deconstruir lo que saben de la teología cristiana— y a adoptar algo nuevo. Pero la fe que Young reconstruye simplemente no es la fe de la Biblia.

Eugene Peterson dice que este libro es tan bueno e importante como El peregrino. Bueno, en realidad no lo es. Es una historia ni tan buena ni tan original y carece de la precisión teológica de la obra de Bunyan. Pero en realidad esta es en cierta medida una comparación fácil. Después de todo, El peregrino es una alegoría, una historia que tiene un segundo significado distinto que está parcialmente oculto detrás de su significado literal. La cabaña no pretende ser una alegoría. Tampoco puede La cabaña compararse con una historia como El león, la bruja y el ropero, donde C. S. Lewis simplemente preguntó (y respondió) este tipo de pregunta: «Cómo sería Cristo si realmente hubiera un mundo como Narnia, y él decidiera encarnarse y morir y volver a vivir en ese mundo como realmente ha hecho en el nuestro?». La cabaña entra en una categoría distinta a la de estas más notables obras cristianas. Intenta representar a los miembros de la Trinidad tal como son (o como podrían ser) y sugerir a través de ellos lo que podrían enseñar si se nos aparecieran en una situación similar. Hay una sensación de realidad pretendida o percibida en esta historia que falta en las otras. Esta historia se propone enseñar teología que Young realmente cree que es cierta. La historia es un envoltorio de la teología. En teoría, esto está bien; en la práctica, el libro solo es tan bueno como su teología. Y en este caso, la teología simplemente no es lo bastante buena.

Debido a la gran magnitud de error y debido a la importancia de las doctrinas reinventadas por el autor, yo animaría a los cristianos, y especialmente a los cristianos jóvenes, a declinar esta invitación a encontrarse con Dios en La cabaña. No vale la pena leerla por su relato y ciertamente no vale la pena leerla por su teología.