¿No es curioso que una frase como esta la encontremos en la Biblia? Sí la encontramos en el libro del sabio Salomón, quien en sus últimos días de vida escribe el libro de Eclesiastés a manera de exhortarnos a vivir a la luz de la eternidad, proveernos una enseñanza o perspectiva bíblica sobre temer a Dios y obedecerle para traer un verdadero contentamiento en esta vida fútil y pasajera.

Salomón dice a los jóvenes, hoy: “Alégrate, joven, en tu juventud, Y tome placer tu corazón en los días de tu juventud. Sigue los impulsos de tu corazón y el gusto de tus ojos; Pero debes saber que por todas estas cosas, Dios te traerá a juicio. Por tanto, aparta de tu corazón la congoja Y aleja el sufrimiento de tu cuerpo, Porque la juventud y la primavera de la vida son vanidad” (Ecl 11:9-10).

Alégrate en tu juventud

Parafraseando lo que Salomón está diciendo a los jóvenes: vivan la vida que Dios les ha dado al máximo, pero lo que hagas tendrá consecuencia ante los ojos de Dios. Salomón exhorta a que no seas moral: los que condenan que escuches tal música para ser santa; ni liberal: los que olvidan completamente la ley de Dios para pecar; que nada traiga congoja o sufrimiento porque todo pasará.

Salomón inicia desde el versículo 7 del capítulo 11 hablando a los jóvenes, bajo el contexto de que, si no aprovechan su vida en su juventud, pronto la vejez se asomará, y lo que quisieron hacer por la facilidad mental y física, no podrán.

El versículo 9 dice que sigas “los impulsos de tu corazón y el gusto de tus ojos”, ¿es así como debemos proceder? Mira, la Biblia enseña que el corazón es el centro del ser humano -voluntad, emociones y pensamientos-, el corazón enraizado en la Palabra de Dios puede ser confiable incluso para una joven. Además, “si tu ojo está sano, todo tu cuerpo está lleno de luz” (Mt 6:22) refiriéndose a quienes son salvos.

Si el fundamento para vivir tu vida al máximo no es seguir tus deseos pecaminosos sino la Palabra de Dios, entonces esta frase tiene sentido y es bíblica. Esto no implica que no tendremos conflictos entre los deseos de la carne y los deseos del Espíritu porque sabemos que estamos en santificación. Más bien, implica recordar que necesitamos colocar nuestros ojos, nuestros afectos y nuestras acciones en lo que dice la Palabra de Dios para vivir en el Espíritu, un día a la vez, porque Él nos ve, nos juzga, pero nos redime en medio de un mundo lleno de vanidades.

Dios ve, Dios juzga, Dios redime

Salomón insiste en que, si sigues los deseos de la carne, Dios tratará con eso, ya que vives delante de Dios. Así que, mejor vive tu vida al máximo de manera piadosa porque es temporal (v.8) y tu corazón está siendo santificado día con día. No lo vivas independiente de Dios y Su Palabra, sino en la libertad de que puedes obedecerle aun cuando seas tentada. El vigor, las fuerzas y las habilidades de los jóvenes no deben ser usados para pecar.

Tú decides temer al Señor, o temer al hombre si tu corazón te dirigirá a vivir de cara a Dios, o de cara a lo terrenal; si tu corazón vivirá como redimido, o como excluido. “Por tanto” dice Salomón, si ustedes saben que sus corazones pueden seguir sus deseos o pueden perseguir los del Señor, ¿cuáles escogerán? Porque vivir piadosamente no es algo que se pueda postergar hasta que llegue la vejez, la juventud se va rápido. Pero no lo desperdicies en la impiedad, no lo desperdicies en el pecado, sino alégrate en tus días de joven para la gloria de Dios con la mirada en la eternidad.

Tanto la vejez como la juventud son una etapa y ambas necesitan ser disfrutadas para que vivamos conscientemente delante de Dios de forma piadosa, con contentamiento y alegría. Regocijarse con responsabilidad, disfrutar, pero no pecar.

Celebren la juventud, más no se autocompadezcan, ni se autocomplazcan solo porque pueden. Como Pablo le dijo a su joven pastor e hijo espiritual, Timoteo, “Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que invocan al Señor con un corazón puro”, (2 Ti 2:22).

Que esta sea tu filosofía de vida. Por eso Salomón, el rey sabio y más adinerado del mundo, nos advierte: “ya probé todo”, y mi conclusión es que todo es vanidad y aflicción de espíritu, es como una cortina de humo que se disipa. Pero lo único que permanece es Dios, a Él temamos.

Acuérdate de Dios

“Acuérdate, pues, de tu Creador en los días de tu juventud, Antes que vengan los días malos, Y se acerquen los años en que digas: «No tengo en ellos placer»” (Ecl 12:1). La palabra clave es: “acuérdate”. No te acuerdes de tu pasado con dolor, no te acuerdes de lo que no tuviste, o no tienes, o de lo que no puedes tener o crees que puedes tener. Acuérdate de Dios hoy. Acuérdate de tu Creador y Redentor porque los días difíciles, tanto físicamente como en habilidad y oportunidades, son pasajeros. ¿Cómo te estás preparando hoy espiritualmente?

No esperes que venga la vejez para estudiar la Biblia, no esperes cierta edad adulta para revisar tu corazón, tener discipulado, practicar las disciplinas espirituales; el llamado de Salomón es que hoy te determines a buscar conscientemente y voluntariamente a Dios. Este necesita ser el hábito más importante de tu vida para que crezcas en madurez. Busca consejo en los ancianos que tienen experiencias para ayudar a otros, pues los jóvenes están creando esas experiencias y por eso necesitan los consejos de los ancianos.

Necesitas tener un equilibrio entre todo lo que Dios te ha dado a administrar para Su gloria, y el afirmarte en el fundamento de Su Palabra. No vivas de forma irreflexiva, sino reflexionando todos los días en porqué haces lo que haces, cómo lo haces y para quién lo haces. Son preguntas importantes para reflexionar acerca de la manera en que estás viviendo al máximo la vida que tu Creador te ha dado, porque el mayor placer que tienes es el poder disfrutar a Dios, confiar en Cristo como tu Redentor, y obedecerle para caminar en santidad en el tiempo de tu juventud.

¿Te imaginas lo que sembrarás en tu vejez? Claro, aun temiendo a Dios y guardando Sus mandamientos sufrirás, pero las perlas de sabiduría que cosecharás traerán regocijo a Dios y placer a ti, porque Cristo, quién es nuestra sabiduría, será el testimonio en tu vejez. La vida vivida al máximo no es desenfreno, es gozo de estar viviendo para la gloria de Dios.