[dropcap]L[/dropcap]os años de adolescencia y de los veinte y tantos son años a los que se les puede dar buen uso, o pueden ser desperdiciados. Son los años que pueden formar el firme fundamento de una vida bien vivida, o el inestable fundamento de una vida trágicamente malgastada. En este breve artículo me gustaría hablar a los adolescentes y jóvenes adultos para ofrecerles una palabra de consejo acerca de sacarle todo el provecho a esta etapa de la vida.

Te queda muchísimo por vivir y una de las responsabilidades que recaen en ti en esta etapa es construir un fundamento para los muchos años que quedan. Para ese propósito, este es un principio que quisiera que consideraras: dale al Señor mucho con qué trabajar. A medida que creces para ser adulto, Dios hará uso de los talentos que has desarrollado, las experiencias que has tenido, los desafíos que has aceptado, las habilidades que has adquirido, las pasiones que has seguido, y las oportunidades que has tomado. Esto es lo que él hace, así es como trabaja, en esto se deleita. No obstante, no todos los talentos, experiencias, desafíos, habilidades, pasiones y oportunidades son creados iguales, lo que significa que algunos deberían ocupar un lugar privilegiado sobre otros.

No es muy probable que el Señor haga un gran uso de las habilidades para los videojuegos que has adquirido a través de muchos miles de horas pasadas en tu computador, consola o teléfono móvil. No tiene nada de malo jugar, pero no es el tipo de actividad con posibilidades de contribuir mucho al futuro éxito. Disfrútalo si te interesa, pero disfrútalo moderadamente y con un mayor énfasis en habilidades más importantes.

No es muy probable que el Señor haga un gran uso del conocimiento que has adquirido o el entretenimiento que has disfrutado al ver películas en Netflix o programas de YouTube. Ambos pueden ser formas muy buenas de relajarse, pero ninguno tiene posibilidades de abrir un camino al éxito en la vida o el ministerio futuros. Lo mismo es cierto para un compromiso con navegar obsesivamente o incluso dominar las redes sociales.

No es muy probable que el Señor haga un gran uso de cualquier cosa que creas que has ganado a través de cientos o miles de visitas a sitios pornográficos o de todas esas horas leyendo material erótico. Por el contrario, estas cosas solo añaden conocimiento y deseos de los que más tarde hay que arrepentirse y darles muerte por el bien de la salud espiritual y relacional.

Es muy poco probable que alguna vez mires hacia atrás en la vida, recuerdes estas actividades, y lamentes no haberles dedicado más tiempo o haberte entregado a ellas con mayor entusiasmo. Es muy poco probable que alguna vez concluyas que Dios usó estas cosas de formas grandiosas para moldearte como un hombre o una mujer que vive para su gloria haciendo un gran bien a los demás. No cuando las comparamos con algunas de las cosas que podrían haber ocupado tu tiempo. Entonces, ¿qué podrías haber estado haciendo en vez de aquello?

Es muy probable que el Señor haga un gran uso del conocimiento que adquieras y la piedad que observes al pasar tiempo con creyentes de mayor edad. Los jóvenes cristianos deberían buscar sin descanso formas de involucrarse en la vida, el hogar, y las oraciones de los santos mayores para que puedan ver cómo se vive la vida cristiana, para que puedan hacer preguntas honestas, para que puedan aprender por observación. Dios usa este tipo de tutoría de formas poderosas.

Es probable que el Señor haga un gran uso de una dedicación a la iglesia local, de un compromiso lo más grande y duradero posible con una sola iglesia, y con la determinación de estar allí con la mayor frecuencia posible. Ve allí para disfrutar de la adoración con otros creyentes y para aprender de estudios y clases. Pero no vayas como un mero consumidor. Más bien ve en busca de oportunidades de servir y de encontrar amigos y mentores cristianos.

Es probable que el Señor haga un gran uso de tu compromiso con las disciplinas espirituales de lectura de la Escritura, la oración, y la adoración con el pueblo de Dios. A menudo cuesta ver el beneficio diario de estas prácticas, pero con el tiempo, la repetición, y el compromiso, se constituyen en algo que forma y dirige una vida entera.

Es probable que el Señor haga un gran uso de la educación que adquieras a través de la diligencia en estudiar, escribir y hacer pruebas. Es probable que él haga un gran uso de los trabajos que haces a medida que te abres camino desde el salario mínimo a tu carrera. Es probable que él haga un gran uso de los buenos libros que lees y las habilidades del mundo real que adquieres diligentemente. Es probable que haga un gran uso del tiempo que pasas sirviendo a niños, o sirviendo a los ancianos, o a personas con necesidades especiales. Es probable que haga un gran uso de esos primeros intentos titubeantes de evangelizar o esa mirada de los países en desarrollo que llega con un viaje misionero. Es probable que él haga un gran uso del segundo o tercer idioma que aprendas.

Ahora, esta es la cuestión: a menos que seas cuidadoso e intencional, descubrirás que las cosas que es menos probable que Dios use desplazan rápida y fácilmente las cosas que es mucho más probable que Dios use. Aquellas cosas fáciles y atractivas que son divertidas, que no exigen esfuerzo, que te mantienen totalmente en tu zona de comodidad, y que estimulan todos los centros de placer del cerebro; esas cosas pueden impedirte hacer aquello que en última instancia es mucho más significativo. No es que no haya cabida para los juegos, el placer y la diversión en la vida cristiana, sino que la vida cristiana no pretende ser solo juegos, placer y diversión. Tenemos mucho que lograr para eso, tenemos una misión demasiado seria, y demasiado poco tiempo.

Construir un firme fundamento en vez de uno tambaleante requiere un serio deseo y la voluntad de hacer realidad ese deseo intencionalmente. Requiere reflexividad, planificación, esfuerzo y abnegación. Pero valdrá la pena cuando coseche una gran abundancia de hacer el bien a otros y darle gloria a Dios.