El pragmatismo se ha convertido en una fuerza dominante en el ámbito cristiano. Quiero echar un breve vistazo a la historia del pragmatismo y luego, mostrar cómo ha influenciado a la iglesia. En los próximos días voy a escribir sobre las áreas del cristianismo donde ha tenido un impacto significativo.

El pragmatismo tiene sus raíces en la filosofía de hombres como John Stuart Mill, quién influenció formativamente a filósofos como John Dewey, quien aplicó el pragmatismo a la educación y William James, a la religión. Estos hombres enseñaron que la única manera de determinar la verdad era mediante resultados prácticos. El pragmatismo, fundado por los filósofos, se consolidó en la mentalidad occidental con la Revolución Industrial. El pragmatismo en la industria ha cambiado nuestra forma de vivir. James Boice dice: «El objetivo es encontrar la manera más rápida y menos costosa de fabricar productos y de hacer las cosas. El pragmatismo ha mejorado el nivel de vida de millones de personas que ahora disfrutan de las ventajas de tener una vivienda propia, ropa adecuada, agua corriente… y comida abundante». (Whatever Happened To The Gospel of Grace [Lo que pasó con el evangelio de la gracia] p.50) Esto se ha logrado, por supuesto, en detrimento de la calidad y la destreza.

El diccionario Webster define el pragmatismo como «la doctrina que afirma que las consecuencias prácticas son los parámetros para medir el conocimiento, el significado y el valor». En resumen, la verdad está determinada por las consecuencias. Que algo sea correcto o incorrecto, bueno o malo, depende de los resultados. Desde la época de la Reforma, los protestantes han afirmado la doctrina de la Sola Scriptura, que enseña que sólo la Biblia debe ser nuestra norma de moralidad y verdad. Esta norma tiene sus raíces en la iglesia primitiva y por supuesto, en la Biblia. Esto siempre ha sido una enseñanza fundamental del protestantismo. Sola Scriptura fue la doctrina fundamental de la Reforma, la doctrina de la que dependía todo lo demás.

El pragmatismo y la sola Scriptura son necesariamente opuestos, ya que cada uno pretende ser la clave para determinar la verdad. Como cristianos, necesitamos decidir si vamos a depender de la Escritura como la norma absoluta de la verdad o si vamos a determinar la verdad por las consecuencias. Aunque sería difícil encontrar un cristiano que diga «creo en el pragmatismo», esta filosofía se manifiesta en el ámbito cristiano de muchas maneras diferentes. Aunque la gente afirma la Sola Scriptura con su boca (o declaraciones doctrinales), la niega con sus acciones.

El pragmatismo ha asomado su fea cabeza en todo el mundo cristiano. Se encuentra en declaraciones sobre técnicas de evangelización, tales como «si sólo alcanza a una persona, vale la pena». Se encuentra en el libro de Rick Warren, Una vida con proposito, un libro de texto para el crecimiento de la iglesia, donde escribe: «Nunca critiques ningún método que Dios esté bendiciendo». También, dice: «Debemos estar dispuestos a ajustar nuestras prácticas de adoración cuando los incrédulos están presentes. Dios nos dice que seamos sensibles a las limitaciones de los incrédulos en nuestros servicios». Estas ideas no son bíblicas; están arraigadas en la percepción de los resultados. El pragmatismo se encuentra dondequiera que los cristianos están prestos a unirse a programas y se apresuran a cambiar sus servicios de adoración debido a lo que esperan que suceda por los cambios que hacen. En resumen, se encuentra en cualquier lugar donde se quita el énfasis de lo que dice la Escritura y donde se pone el énfasis en los resultados esperados.

Dios no siempre proporciona los resultados que nos gustaría ver. Hay misioneros que han pasado muchos años trabajando en el campo misionero y han visto muy pocos corazones y muy pocas vidas transformadas. ¿Significa esto necesariamente que su técnica es defectuosa? ¿Significa necesariamente que no están haciendo la voluntad de Dios? De ninguna manera. A veces, Dios decide producir resultados y otras veces, no. Aun Jesús experimentó resultados diversos cuando ministraba. En algunas ciudades, la gente lo escuchó y confió en Él mientras que otras lo rechazaron. Nuevamente, esto no significa que la técnica de Jesús fuera defectuosa o que estuviera siendo desobediente. Más que nada, Dios desea y espera la obediencia de Sus hijos. El pragmatismo no tiene respuesta a la pregunta de cómo determinamos la obediencia, ya que la obediencia sólo puede determinarse a través de las Escrituras.

El peligro obvio del pragmatismo en la iglesia es que perdemos nuestro enfoque en la norma absoluta que Dios nos ha dado en Su palabra. Cuando perdemos ese enfoque, la iglesia se encuentra en el terreno resbaladizo de asemejarse al mundo. Cuando desechamos las normas de Dios, debemos depender de nuestras propias normas, las cuales son profundamente defectuosas. Comenzamos a confiar en nosotros mismos y perdemos nuestra confianza en Dios. Próximamente estaré hablando de un área específica en la que el pragmatismo ha opacado a las Escrituras.

Este artículo se publicó originalmente en Challies.

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Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.