«¡Serás mamá!» Hace 22 años esa noticia cambió mi mundo. No sabía qué pensar o cómo sentirme. Puedes deducir que fue una noticia inesperada; sin embargo, en la mente de mi Buen y Soberano Dios, fue totalmente pensada desde antes de la fundación del mundo.  

Desde ese día y en medio de todas las situaciones adversas que la maternidad conlleva, creer que Dios está en nosotras, es la mejor noticia que nos sostiene todas. 

Quizás así se sentía el Pueblo de Israel cuando estaba cercano a entrar a la Tierra Prometida según la narración de Deuteronomio. Mientras recuerdan las promesas de Dios en Horeb, Moisés nombra jueces, instruye la misión a los espías y van de victoria en victoria sobre pueblos y reyes.  

Llegó el tiempo en el que Moisés llamó al Pueblo a oír y obedecer los estatutos y decretos dados por Dios, para guardarlos en su corazón y enseñarlas a sus hijos (Dt. 4:9). Moisés les instruyó sobre los Diez Mandamientos y les advierte contra la idolatría (Dt. 14)Los israelitas estaban empaquetados con toda la Verdad que necesitaban para seguir a Dios.  

Nota cómo lo dijo«Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón.Las enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. Las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas» (Dt. 6:4-9). 

Me sorprende que unos versículos antes de éstos, Dios nos deja ver Sus anhelos para con Su Pueblo:«¡Oh, si ellos tuvieran tal corazón que me temieran, y guardaran siempre todos Mis mandamientos, para que les fuera bien a ellos y a sus hijos para siempre!» (Dt 5:29) 

Moisés como un buen mediador les dice: «Anden en todo el camino que Nuestro Dios les ha mandado, para que vivan y les vaya bien, tu y tu hijo y el hijo de tu hijo todos los días, cuida de ponerlos por obra porque Dios uno es. Por tanto, ama a Dios con todo tu corazón, toda tu alma, y con todas tus fuerzas» (Parafr. Dt 5:33-6:1-5). 

Más adelante, Dios vuelve a repetirles: «Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy. No sea que te enorgullezca tu corazón y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre» (Dt 8:11,14) 

Sin embargo, unos cuántos años después, olvidaron a Dios, idolatraron, desearon lo que las naciones paganas tenían, se hicieron a los dioses y no a Su Dios. Dios es un Buen Padre que nos equipa para vivir para Su Gloria. 

Quita los ídolos 

Recuerdo aquellas veces cuando mis hijos venían llorando porque un amiguito o amiguita los había lastimado, o cuando se peleaban entre ellos y se decían palabras de enojo. Después de muchos intentos para tratar con su comportamiento, Dios me enseñó a través de estos pasajes que una estrategia moral no podría dar esperanza alguna a sus corazones y mucho menos al mío.  

No da esperanza porque su pecado les causa angustia, aunque ellos aún no lo entiendan. Ellos necesitan las instrucciones del Buen Padre, así como nosotras. Su misión, y la nuestra, es rescatar los corazones de nuestros hijos a las Palabras de Dios para que no sólo escuchen sino le obedezcan.  

Nosotras sabemos que vivimos en un mundo corrompido por el pecado, y aun luchamos con nuestro pecado, así como nuestros hijos. Es más fácil decir a tus hijos cuando estás cansada: «porque yo lo digo»que decirte a ti misma: “Repíteselo, lo necesita, así como tú”.  

El lenguaje que usa Dios a través de Moisés, no es hiperbólico, es de urgencia. Repítelo en todo momento, porque rápido lo olvidamos y somos apresadas por lo que nuestro corazón engaña. 

El propósito de Moisés al dar esta instrucción al Pueblo de Israel, era dirigirles a la Verdad que les sostendría toda su vida y por la cual serían severamente juzgados porque el pueblo idolatró una y otra vez. Olvidó que debían amar al Único Dios, contar y repetir la Historia de Dios a la siguiente generación. La manera que Dios escogió para instruir a Su Pueblo de generación en generación, fue a través de la familia. 

Así como Israel, nuestros hijos desean lo que no tienen. Lo que tienen no lo valoran. Buscan sus razones, su manera, sus deseos. Mienten, desobedecen, manipulan, pues todos los corazones humanos son así. Los ídolos de nuestros hijos no son diferentes a los nuestros, y por ello la urgencia de repetirles una y otra vez: «ama a Dios, porque Dios Uno es para que tus días sean de bendición al encontrarte con Cristo». 

Primer y segundo mandamiento 

Jesús dijo: «Ama a Dios con todo tu corazón, mente, fuerzas y alma y a tu prójimo como a ti mismo» (Mt. 22:36-40). Esto muestra que el amor es el corazón de la ley porque nos lleva a Dios. Nosotras meditamos en la ley de Dios de día y de noche y oramos sin cesar como un ejercicio creciente de que Dios es lo más importante. La devoción a Dios está basada en lo que Dios es: el único Dios verdadero y en lo que Dios ha hecho: redimir a Su pueblo (Dt. 6:12) 

Por esta razón les enseñamos a nuestros hijos la importancia de amar a Dios. Su salvación depende de conocer a Dios en Cristo. No podrán amar a causa de su pecado, pero en Cristo serán libres para hacerlo.  

El mundo no tiene nada bueno que ofrecer a la crianza de nuestros hijos. El mundo no necesita entronarse en los corazones de nuestros hijos para ganar sus afectos. Ellos necesitan conocer y amar a Dios, para amar y servir a otros. Empezando con su familia.  

Hoy más que nunca la Verdad de Su Palabra necesita ser un estandarte de día y de noche hasta que sus corazones rebosen de la fuente de Agua Viva. Su rebelión apunta a la necesidad de redención. 

Persevera y prioriza 

Instruir a nuestros hijos en la Verdad, significa que nosotras la conocemos. No podemos enseñar lo que no hemos aprendido y conocemos. Nuestros hijos sabrán si es convicción o apariencia, porque podemos caer en la tentación de llenarnos de información en cómo criarlos con un buen comportamiento, educación, reglas, e incluso leerles la Biblia todos los días.  

Sin embargo, no hay nada más convincente para sus corazones, que ver modelado lo que se les enseña. ¿Cómo tu hijo ve que amas a Dios con todo su ser? La Palabra nos llena de Sus Verdades, pero esas Verdades puestas en acción les llena de realidades bíblicas para moldear su fe, una que oramos Dios les conceda. 

Mostramos amor a nuestros hijos cuando aprovechamos cada rabieta, cada descontento, cada millonésima vez que vuelven a gritar o jalar, o lidiar con lo mismo, para instruirles en la Palabra. Y la Palabra nos llevará al evangelio, al Mejor Mediador que Moisés: Cristo 

Nuestra prioridad, como fue la de Dios con Israel y sigue siendo hoy para nosotras, es oír y obedecer la Palabra para amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y fuerzasentonces amar a nuestros hijos se ve en repetirles y hablarles la Verdad en cada momento.  

Sean nuestros hogares llenos de Su Verdad. Su Verdad cuando hay dolor, Su Verdad cuando hay alegría, Su Verdad cuando hay injusticia, Su Verdad cuando hay pérdidas. Sean nuestros hogares llenos de Su Palabra porque nos sabemos extranjeras, peregrinas que van rumbo a la Tierra Prometida, Eterna.  

Que las reglas, condiciones, formas para corregir y educar estén empapados del evangelio, esto te ayudará a depender de Dios completamente cuando instruyas a tus hijos en la Verdad. 

Si Dios es tu prioridad, tu tesoro, tu esperanza y anhelo, todo lo que hagas, pienses y hables estará permeado de Cristo. Antes de enseñarles que deben verse de tal forma o hacer tales cosas, enséñales a ser como Cristo al amar a Dios por sobre todas las cosas. Al temer a Dios por sobre el temor a los hombres. A desechar los ídolos para adorar al Único Dios. Al creer en Cristo como al único que ellos y tú, necesitan oír y obedecer para una verdadera relación con Dios. Ellos lo necesitan y nosotras, como mamás, también.  

22 años desde mi primera hija. Dios me ha concedido tres hijos, y oro que hasta en sus últimos alientos de vida, les repita y recuerde Quien es Dios y lo que ha hecho en Cristo, porque yo lo sé, lo creo y lo vivo a pesar de las vicisitudes de esta vida que siempre estarán 

Que recuerde que amar a Dios por sobre todo, según Su Verdad, es la que me instruye cada día de mi vida. Instruir a nuestros hijos en la Verdad, es amarlos.