Como trabajo en una oficina en la iglesia, muchas veces debo remplazar el papel de la copiadora. En una ocasión que lo hice, había un par de personas en la habitación, así que miré hacia atrás antes de comenzar. Cuando vi que estaba todo libre, me incliné hacia adelante. Mientras colocaba el paquete de papeles, escuché la voz de una mujer detrás de mí preguntando: “¿Son nuevos esos pantalones?”.

Estoy seguro de que lo dijo en un tono monótono, pero yo lo escuché en una voz halagadora y sensual: ¡¿Son nuevos esos pantalones?! Y, ¿sabes lo primero que vino a mi mente cuando escuché esas palabras? No me veo mal, ¿eh?

Lo sé, soy un ridículo. Tú eres mucho menos vanidoso y más humilde que yo.

Cuando entré en razón, me levanté y le dije: “Ah, sí, de hecho sí son pantalones nuevos”.

A lo que ella me dijo: “Bueno, entonces deberías quitarles la etiqueta”. Pues, ahora dijo esto en un tono 100% monótono. Y tenía razón; había dejado pegada la etiqueta con la talla en la parte de atrás de la pierna. Muy bonito, ¿no?

Este es el punto. Los halagos son poderosos y los deseamos tanto que los encontramos hasta en los lugares incorrectos, aun nos imaginamos que estamos siendo halagados cuando no es así. Es por esta razón que un padre sabio advirtió en una ocasión a su hijo: “Los labios de la extraña destilan miel, y su lengua es más suave que el aceite” (Pr 5:3). Observa cómo la tentación viene no solo del cuerpo prohibido de la mujer, sino también de sus palabras halagadoras. En Proverbios 7, el padre continúa describiendo al hombre que es conducido a la muerte por la tentación sexual. Al hacerlo, él presta especial atención a las palabras de la mujer desconocida. De acuerdo, ella lo agarra y lo besa, pero son sus palabras las que lo hacen bajar la guardia para poder matarlo.

Así que ella lo agarra y lo besa,
Y descarada le dice:
“Tenía que ofrecer ofrendas de paz,
Y hoy he cumplido mis votos;
Por eso he salido a encontrarte,
Buscando tu rostro con ansiedad, y te he hallado.
He tendido mi lecho con colchas,
Con linos de Egipto en colores.
He rociado mi cama
Con mirra, áloes y canela.
Ven, embriaguémonos de amor hasta la mañana,
Deleitémonos con caricias.
Porque mi marido no está en casa,
Se ha ido a un largo viaje;
Se ha llevado en la mano la bolsa del dinero,
Volverá a casa para la luna llena” (vv. 13–20).

Es agradable cuando alguien habla bien de ti. “Por eso he salido a encontrarte, buscando tu rostro con ansiedad, y te he hallado” (v. 15, énfasis añadido). Es agradable ser querido y apreciado, ser notado y necesitado. Es como miel en una garganta irritada.

Pero si quieres luchar contra el pecado sexual, necesitas huir y volverte indiferente ante los halagos, en especial de parte de las mujeres. No estoy hablando de simples cumplidos, sino de la adulación manipulativa. Si una mujer te dice: “Trabajas tan duro; eres un excelente proveedor. ¿Cómo te da tiempo de mantenerte en tan buena forma?”, ¡huye! Esas palabras son poderosas. Saben delicadas y dulces, pero te matarán. Muchos son los besos del enemigo (Pr 27:6).

Preguntas de diagnóstico

  1. ¿Hay mujeres en tu vida que te hablan de maneras inapropiadas y halagadoras? ¿Qué estás haciendo para evitar a estas mujeres?
  2. ¿Le hablas tú a una mujer de maneras inapropiadas, por ejemplo, admirando excesivamente un peinado o un vestido?
  3. Observa en el pasaje de Proverbios 7 que la mujer dice: “Tenía que ofrecer ofrendas de paz, y hoy he cumplido mis votos” (v. 14). ¿Te sorprende que este amorío ocurre con una mujer “religiosa”? ¿Por qué puede ser más posible un amorío en la iglesia?
  4. Ahora mismo, ¿hay inseguridades en tu vida que te hacen ser más susceptible a los halagos? Si es así, ¿cuáles son y cómo puedes trabajar en ellos?
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Benjamin Vrbicek
Benjamin Vrbicek y su esposa Brooke tienen seis hijos. Posee una licenciatura en ingeniería mecánica y aeroespacial por la Universidad de Missouri y una maestría en divinidad del seminario Covenant Theological Seminary en St. Louis, Missouri. Es pastor de enseñanza en la iglesia Community Evangelical Free Church en Harrisburg, Pennsylvania. Es autor y coautor de varios libros y blogs.