Nota editorial: Este artículo pertenece a una serie titulada Proyecto Reforma, 31 publicaciones de personajes que fueron instrumentos de Dios durante la Reforma Protestante. Puedes leer todos los artículos aquí


En una época en la que el celibato sacerdotal, con los limpios rostros afeitados de los sacerdotes, apartaba a las personas de los laicos, los Reformadores Protestantes dejaron crecer sus barbas para probar un punto. Ellos estaban restaurando tanto la masculinidad y la humanidad del liderazgo de la iglesia, a la vez que no temían tenerlo escrito en sus rostros.

Se dice que Heinrich Bullinger, el líder de los ministros en la ciudad suiza de Zúrich, tenía la mejor barba de todas. Un historiador describe a Bullinger como «majestuosamente tupido»—y no estaba completamente desconectado con la teología que con mucho cuidado formó y cuidó al inicio de la primera pérdida impactante de la Reforma.

Protestante y predicador

Bullinger, hijo de un sacerdote católico, nació en la ciudad suiza de Bremgarten en 1504. Asistió a la Universidad de Colonia en Alemania en 1519 donde estudió humanidades, no teología medieval. Durante su tiempo allí, presenció una quema de los libros de Lutero, lo cual despertó su interés. Decidió leer al Reformador por sí mismo, y así lo hizo, lo cual puso su mundo patas arriba. Ahora tenía dieciocho años y se había convertido al Protestantismo.

En 1523, un año después de su conversión, Bullinger conoció a Ulrico Zuinglio (1484–1531),  quien se había convertido en 1519, al mismo tiempo que Lutero, y que rápidamente se convirtió en el líder de la Reforma Suiza. Zuinglio era veinte años mayor que Bullinger, no obstante, ambos se convirtieron en aliados y ocho años después sus vidas quedaron conectadas para siempre cuando el desastre llegó al naciente movimiento reformador.

El sucesor de Zúrich

Zuinglio no solamente fue pastor en Zúrich sino también capellán del ejército. El 11 de octubre de 1531, el gran reformador se unió a la Batalla de Kappel para defender la ciudad de las fuerzas católicas. Fue herido, luego hallado por el ejército invasor y ejecutado.

Después de la pérdida de los Protestantes, la ciudad natal de Bullinger, donde ahora pastoreaba una iglesia protestante, se vio amenazada. Él huyó de Zúrich. Allí recibió en su propio hogar a la esposa y los hijos sobrevivientes de su amigo muerto, y unas semanas después fue escogido como su sucesor, siendo nombrado ministro principal de Zúrich, un puesto en el que Bullinger permanecería por 44 años, desde la edad de 27 años hasta su muerte a los 71 en 1575.

Una primitiva teología del pacto

¡Cuán a menudo la historia empareja las fortalezas de grandes hombres con acompañantes debilidades! Una de las contribuciones características de Bullinger fue su primitiva forma de «teología del pacto». Aquí siguió los pasos de Zuinglio, quien organizó su teología por el tema del pacto, en lugar de hacerlo siguiendo las categorías medievales.

Zuinglio ubicó el centro de su teología en el pacto de Dios con Adán en la creación. Bullinger maduró y modificó esa teología para enfocarse en Abraham, un paso en la dirección correcta; no obstante, como señala el historiador David Steinmetz, ambos colocaron el centro gravitacional de su teología en el Antiguo Testamento en lugar de en el Nuevo. Las fortalezas incluyeron leer toda la Biblia como una sola historia; las debilidades incluyeron una inclinación por minimizar (o rechazar) discontinuidades reveladas en el Nuevo.

En resumen, Zuinglio y Bullinger leyeron toda la Biblia pero aún permanecía como una Biblia plana. Lo que aún no está claro es qué tanto esa primitiva teología del pacto llevó al maltrato de los mal llamados anabaptistas de Zúrich («re-bautistas») y qué tanto se desarrolló como una respuesta a estos «radicales». En 1525, Zuinglio y Bullinger defendieron el bautismo infantil en una disputa pública en contra de los anabaptistas, lo cual llevó al ahogamiento eventual de algunos de ellos.

Bullinger también siguió los pasos de Zuinglio al oponerse a la música congregacional, por el peligro de que se convirtiera en un ídolo y que estorbara la verdadera adoración. Bullinger pulió ese instinto de Zuinglio y lo convirtió en un principio, por lo que la música congregacional no fue restaurada en Zúrich sino hasta casi 25 años tras la muerte de Bullinger.

El pacificador

No obstante, su vida y su legado permanente no serían como un divisor, sino como un unificador. Detrás de su majestuosa barba se encontraba uno de los más grandes corazones de la era de la Reforma, y uno de sus más incansables pacificadores. Aunque en raras ocasiones salió de Zúrich, entabló una voluminosa correspondencia personal (unas doce mil de sus cartas se conservan al día de hoy) para aconsejar y construir una alianza con líderes Reformadores a lo largo de toda Europa.

Más allá de su don de predicación, fue conocido por su paciencia, su sabiduría y su espíritu generoso. Estabilizó la joven e influyente iglesia en Zúrich, no únicamente después de la impactante tragedia, sino durante más de cuarenta años. Cuidó y expandió lo que Zuinglio inició. Según Steinmetz: «Sin Zuinglio no hubiera existido Reforma en Zúrich; sin Bullinger esta no habría permanecido».