Nota editorial: Este artículo pertenece a una serie titulada Proyecto Reforma, 31 publicaciones de personajes que fueron instrumentos de Dios durante la Reforma Protestante. Puedes leer todos los artículos aquí


Lemuel Haynes enfatizó en un sermón de 1791 “Nada es más evidente que el que los hombres tengan prejuicios contra el evangelio. Es desde esta fuente que aquellos que lo defienden se enfrentan con tanto desprecio” (The Faithful Preacher, 25). Guillaume Farel, el reformador francés, experimentó su parte de desprecio. 

Un ferviente ministro del evangelio, Farel pasó sus días defendiendo la causa protestante frecuentemente desde la oposición. Algunas veces, la oposición surgía del prejuicio del verdadero evangelio. Sin embargo, en otras ocasiones, las propias imprudencias de Farel fueron la causa de la oposición recibida. Juan Calvino notó que de vez en cuando, Farel “se dejaba llevar por la vehemencia de su celo” (Calvino, 152). Al mezclarse su obstinado temperamento con la profunda preocupación por la devoción bíblica, Farel contendía resueltamente por la fe y fue un instrumento en la causa de la temprana reforma francesa.  

“El papado salió de mi corazón” 

Farel nació en 1489 en Gap, Francia y creció en una devota familia católica. Al cumplir veinte años, incursionó en la Universidad de París para estudiar teología. Mientras tanto, Farel encontró al erudito humanista Jacques Lefevre d’Étaples, un hombre cuya devoción por Cristo lo inspiró.  

Después de graduarse en 1517, Farel comenzó a enseñar en el Collège du Cardinal Lemoine. Los reportes de los esfuerzos reformadores en Alemania lo alcanzaron allá, fortaleciendo su propia convicción de que la adoración y enseñanzas del catolicismo se habían desviado de sus raíces bíblicas. Mientras estudiaba la Escritura durante varios años, Farel descubrió que “poco a poco el papado salió de mi corazón” (William Farel, 26) 

Farel renunció a su puesto como profesor y en 1521 empezó a promover el mensaje de la reforma a dondequiera que fuera. Predicó en Francia y en las regiones francoparlantes de Suiza al cruzarse con Johannes Oecolampadius en Basilea y Wolfang Capito y Martin Bucer en Estrasburgo. Farel fue conocido por su estilo controvertido que lo llevó a escuchar esta advertencia de Oecolampadius: “cuanto más propenso seas a la violencia, más debes trabajar en ser suave, y atenuar tus estallidos de león por el del espíritu de una paloma” (William Farel, 38) 

El colaborador de Calvino 

En 1533, después de una visita sin éxito el año anterior, Farel se instaló en Ginebra con la intención de que la ciudad adoptara la Reforma. Sus expectativas se hicieron realidad en 1536 cuando el Concilio General de Ginebra se alió oficialmente con el protestantismo.  

Fue en ese mismo año que famosamente Farel persuadió a Calvino a unirse a su trabajo. Calvino iba por Ginebra camino a Estrasburgo, en la búsqueda de una tranquila vida de becario. Farel supo de la presencia de Calvino en la ciudad y lo convenció de que se quedara. Cuando las apelaciones más suaves resultaron infructuosas, Farel amenazó a Calvino con el juicio de Dios. Las palabras de Farel lo marcaron. Más adelante, Calvino escribió “Por esta imprecación estuve tan lleno de terror, que desistí del camino que estaba llevando” (William Farel, 69) 

La decisión de quedarse en Ginebra fue crucial para Calvino, que aunque él y Farel fueron expulsados de la ciudad en 1538, ambos se habían enfrentado con los magistrados por asuntos eclesiásticos. Calvino regresó a Ginebra en 1541 y ministró ahí por el resto de su vida. Farel se reubicó en Neuchatel, una ciudad donde él y Antoine Froment habían introducido la enseñanza de la Reforma en 1530. Al igual que Calvino en Ginebra, Farel se estableció en Neuchatel hasta su muerte en 1565.  

Calvino y Farel mantuvieron una relación cercana después de su tiempo juntos en Ginebra, manteniéndose en contacto al menos una vez al mes durante veinte años. Ambos junto con Pierre Viret en Lausana formaron una unión crucial que ayudó al avance de la causa de la Reforma en Francia. Tristemente, la relación de Calvino y Farel se rompió cuando en 1558, Farel anunció su compromiso con Marie Thorel, una adolescente cincuenta años menor que él. Aunque parecía que no había indecencia sexual de por medio, este matrimonio causó un escándalo dada la gran diferencia de edades entre los cónyuges. La amistad de Calvino con Farel nunca recobró su esplendor anterior.  

Un amante y un guerrero 

Por muy controvertido que fuera Farel, estaba comprometido a la vitalidad espiritual del pueblo francoparlante. Él produjo algunas de las primeras obras de la Reforma disponibles en Francés, al escribir un comentario sobre el Credo de los Apóstoles y el Padrenuestro en 1524 y un resumen de la enseñanza de la Reforma en 1529.  

En sus escritos, Farel mostró un interés particular en el tema de la oración. En un artículo titulado “Guillaume Farel’s Spirituality”, Theodore Van Raalte argumenta que el énfasis de Farel sobre la oración nos muestra una parte de él que es comúnmente ignorado y comúnmente marcado por “profunda devoción y amor pastoral”. Farel fue tanto un amante como un guerrero, un pastor y un pugilista. Cualesquiera que hayan sido sus faltas, este revoltoso francés amó el evangelio y dedicó su vida a compartir sus riquezas.