Al recordar mi antigua vida como católico romano en New England, casi puedo oler el barniz y los desgatados cojines del confesionario. Entraría en la caja de madera derribado por la culpa; minutos más tarde, saldría con la frente en alto. En mi mente, había descargado mi culpa ante Dios a los pies del cura. Él escuchaba mi confesión a través de la rejilla en la delgada pared. Luego de algunas declaraciones repetitivas y una prescripción de oraciones, creía que mi estado pecaminoso había quedado completamente limpio. Mi esperanza en aquellos días podía resumirse en solo dos palabras: Enjuagar. Repetir.

Sin embargo, la rendición de cuentas no debería funcionar de esta manera. No es una transacción mecánica que lava nuestra culpa. El principal objetivo de toda rendición de cuentas debería ser llevarnos a la presencia del Único que otorga gracia.

En otras palabras, gran parte de nuestra rendición de cuentas, aunque sincera, es demasiado horizontal. Necesita más de Dios. Es fácil enfocarnos tanto en supervisar el pecado de otros que Dios pasa a un segundo plano. También es fácil «mantener las cosas calmadas» y evitar en gran medida hablar acerca de nuestro pecado y la santidad de Dios. Ambos errores son problemáticos. Si actuamos como la policía del pecado, eventualmente nos convertiremos en legalistas. Si fallamos en abordar el pecado, nos convertiremos en antinómicos.

Necesitamos fomentar una mejor y más vertical rendición de cuentas en nuestras iglesias. ¿Cómo lo hacemos?

  1. La buena rendición de cuentas toma muy en serio el pecado

Juan escribe que Dios es luz, y una buena rendición de cuentas toma en serio el hecho de irradiar luz en las esquinas del pecado. Podemos definir la rendición de cuentas como unirnos para andar en la luz (1 Jn. 1:5-7).

Dios es santo. Sus advertencias contra el pecado y la pornografía son severas. Para el oído no entrenado, pueden parecer duras, como el estruendo de una alarma de fuego a las 2 de la madrugada. No obstante, las advertencias de Dios provienen de Su amor del pacto.

Puede parecer extraño reunirnos en la cafetería local o en las salas de nuestra casa para meditar sobre el absoluto odio y juicio de Dios hacia el pecado. Lo último que queremos hacer es meditar con otro creyente sobre la primera mitad de Romanos 6:23 («Porque la paga del pecado es muerte…»), o sobre los pasajes de advertencia en Hebreos. Pero el amor exige que nos advirtamos mutuamente de las fatales consecuencias del pecado.

Vale la pena considerar los ritmos o estructuras de la rendición de cuentas en tu vida. Por ejemplo, ¿alguna vez te has sentado con un hermano o hermana que lucha con la pornografía y le has amado lo suficiente como para hacer sonar la alarma de 1 Corintios 6:9-10?

¿No sabéis que los injustos no heredarán el renio de Dios? No erréis, ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores heredarán el reino de Dios.

Si fallamos en meditar sobre la santidad de Dios y sus advertencias, y ayudar a otros a hacer lo mismo, fracasamos en reflejar al Dios que toma tan en serio el pecado al punto de aplastar a Su único hijo para liberarnos de Su castigo y poder. La buena rendición de cuentas, al igual que Dios, toma extremadamente en serio el pecado.

  1. La buena rendición de cuentas medita en las promesas de las misericordias de Dios

Nuestra rendición de cuentas también pierde su enfoque cuando fallamos en ayudarnos mutuamente a recodar las promesas de Dios para Su pueblo amado.

Pedro nos dice que al meditar en las promesas de Dios debemos «huir de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia». Por tanto, ayudémonos los unos a los otros a huir. A menudo hablamos acerca de los peligros de tener una actitud pasiva hacia el pecado. Pero, ¿qué sucede con los peligros de tener una actitud pasiva hacia las promesas de Dios? La rendición de cuentas que no magnifica la misericordia de Dios conduce solo a la desesperación.

De nuevo, saca cuentas: ¿Qué tan paciente eres con amigos que confiesan ver pornografía por décima vez en un mes? ¿Guías gentilmente a tus hermanos o hermanas a la reconfortante promesa de Miqueas 7:19? «Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados». Al escudriñar estos textos con amigos, también seremos humillados y recordaremos las tiernas misericordias de Dios para con nosotros.

La postura de Dios hacia sus hijos errantes comienza con una advertencia, pero también florece con una esperanza. Como escribió Santiago: «La misericordia triunfa sobre el juicio». La buena rendición de cuentas, en sentido vertical, advierte apasionadamente, pero también medita en las promesas de las misericordias de Dios hacia nosotros, a pesar de nuestros fracasos e imperfecciones.

  1. La buena rendición de cuentas nos acerca a la presencia de Dios en oración

La buena rendición de cuentas primero nos lleva a Dios en Su Palabra, y finalmente a Él de rodillas. Considera Santiago 5:16, el pasaje más claro en la Biblia sobre la rendición de cuentas entre hermanos cristianos: «Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados».

El mandamiento de Santiago de confesar unos a otros nuestros pecados se fusiona con el mandamiento de acercarnos juntos al trono de la gracia en oración. ¿Es nuestra rendición de cuentas solo una conversación entre pecadores, o se parece más a una conversación juntos con Dios?

La buena rendición de cuentas nos acerca a la presencia de Dios en oración. ¿Por qué? Porque únicamente ante el trono de la gracia de nuestro misericordioso Padre podemos encontrar la ayuda para escapar de la tentación, y suplicar por santidad y restauración.

Estímulos prácticos

Se puede ganar la guerra contra la pornografía, pero el deseo sexual pecaminoso, mientras vivamos, es un dragón que no será exterminado. Incluso aquellos de nosotros que hemos estado libres de pornografía durante años debemos permanecer alertas. He aquí varios estímulos para ayudarnos a profundizar nuestra rendición de cuentas cuando se trata del pecado sexual en general y de la pornografía en particular:

  1. Haz preguntas directas. No basta solo con hablar vagamente acerca del pecado. Los cristianos deberían exponerlo con toda claridad, incluso con el riesgo de ser avergonzados. Así que vale la pena hacerse preguntas concretas. Cuando describamos nuestro pecado a detalle, podremos procesar mejor lo que hemos hecho.
  2. Considera los detonantes. Debemos evaluar junto a quienes rendimos cuentas cuándo somos particularmente vulnerables a ver pornografía. Para muchos, la tentación llega después de un largo día en el trabajo. Podría ser que somos tentados cuando nuestro cónyuge está fuera de casa, o cuando viajamos a un nuevo lugar. Conoce tus propios detonantes y los de tu amigo o amiga a quien rindes cuentas y procura estar disponible en esos momentos, ya sea en persona o por teléfono.
  3. Siempre di la verdad. Si negamos haber sido tentados o haber cometido pecado, omitimos partes de la verdad o distorsionamos los hechos, nos privamos a nosotros mismos de la santidad y el gozo. La rendición de cuentas es buena siempre y cuando sea honesta. Si no somos honestos, entonces deberíamos preguntarnos por qué nos estamos reuniendo.
  4. Cuídate del fariseísmo. Hay ocasiones en que podemos encontrar una extraña satisfacción al escuchar acerca de la lucha de alguien más. Podemos considerarnos como más firmes, más devotos a Dios. Sin embargo, toda persona en la faz de la tierra lucha con el pecado sexual. Disfrutar de la pornografía es algo atroz. Dios lo odia. Pero si no fuera por la gracia de Dios, todos seríamos poseídos y destruidos por el pecado sexual. Debemos orar por corazones humildes, para ser capaces de recordar nuestros propios fracasos y debilidades al responsabilizar a nuestros hermanos y hermanas.
  1. Piensa a largo plazo. Como cristianos, algunos pecados se desvanecen casi de la noche a la mañana, mientras que otros se aferrarán a nosotros hasta que veamos a Jesús. Debemos recordar que la pornografía y todo pecado sexual es complejo, profundamente arraigado y difícil de destruir. A algunos de nosotros puede llevarnos meses o incluso años reconocer algo de progreso substancial. Por esta razón, debemos comprometernos mutuamente a largo plazo. Debemos mantener el rumbo. El apóstol Pablo compara la vida cristiana con un maratón, no con una carrera de 100 metros. Puedes sentirte desanimado en tu progreso si miras el lapso de un año. Pero espera cinco o diez años más. La gracia de Dios se revela más a menudo en nuestra perseverancia.
  2. Celebra las victorias. La buena rendición de cuentas no consiste solamente en confesar nuestros pecados. También consiste en celebrar nuestro crecimiento en la gracia. Dile a tus amigos lo animado que estás con su progreso y señala evidencias específicas de la gracia de Dios en su batalla por la pureza. Al considerar que estas relaciones no deben ser forzadas, sino edificadas sobre una base de amor y cuidado mutuo, la rendición de cuentas se convertirá en un medio gozoso de gracia en nuestras vidas.

Breve comentario para los pastores

Recuerdo haberme sentado una vez con un grupo de pastores, y todos comenzaron a hablar acerca de sus «entrenadores» de rendición de cuentas. Me sorprendió darme cuenta de que cada uno de ellos pagaba a alguien, en muchos casos a cientos de millas de distancia, para ser sus compañeros de rendición de cuentas. Un pastor compartió con satisfacción lo absolutamente trasparente que era con su entrenador. Lo que más me asombró fue la implicación de que estos pastores sentían que podían encontrar algo en estos entrenadores remunerados que no podían encontrar en sus propias iglesias.

Pero esta es mi pregunta para estos pastores: ¿Acaso no ha provisto Dios en la iglesia local todos los medios para nuestra santificación? ¿Podría ser que nos sentimos renuentes a rendir cuentas a otros ancianos y miembros porque sabemos que no estamos viviendo vidas intachables? ¿Es la externalización de nuestra rendición de cuentas en realidad una forma de evitar ser trasparentes con las personas con las que Dios nos ha llamado a vivir y servir? Pastor, si eres tentado por la pornografía, necesitas a un hermano que camine contigo todos los días, alguien que te sirva y te exija rendición de cuentas porque te ama.

Considera las palabras de Pablo al joven Timoteo: «Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina». Pero también deberíamos prestar atención a las palabras que siguen: «Persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren».

Es cierto que Pablo llama a los pastores a examinarse. Pero ningún pastor, de hecho, ningún cristiano en la faz de la tierra, llegará al cielo por su cuenta. La triste realidad es que la rendición de cuentas para los pastores es más crítica de lo que podemos imaginar. Las almas bajo nuestro cuidado, como expresa Pablo, son eternamente influenciadas por nuestra piedad o falta de ella. Alabado sea Dios porque ha provisto en cada iglesia local los medios a través de los cuales sus miembros, incluidos los pastores, llegarán al cielo.

Conclusión

La rendición de cuentas no puede salvarnos. Pero es útil para el cristiano porque nos señala a Cristo, el mismo, que por su misericordia, ya nos ha salvado. Al final del día, la buena rendición de cuentas es solo una herramienta en el cinto del creyente que nos ayuda en Su santa y misericordiosa presencia. Al contemplar Sus advertencias, Sus promesas y al acercarnos a Él en oración, el pecado pierde el control sobre nuestros corazones, y recibimos una nueva gracia para amar y servirle a Él y a S amado pueblo, la iglesia.

Escrito por Jaime Owens es pastor principal de Tremont Temple Baptist Church en Boston, Massachusetts, Estados Unidos.


Publicado originalmente en la Revista 9Marcas #9 | El Cristiano, La Iglesia Local y la Pornografía | Puedes descargarla gratis aquí